Propósito de Año Nuevo


Entre las cosas que ha inventado el ser humano en su intento por organizarse para crear una sociedad más civilizada es el tiempo, y éste, de acuerdo a la observación que se ha hecho de las estrellas, es cíclico, al igual que el recorrido de nuestro planeta alrededor del sol.

Pero el que sea cíclico no indica que exista un fin o un principio cada que retornamos a la fecha que marcamos como el inicio del recorrido de la Tierra. Para bien o para mal, cada primero de enero es casi exactamente igual al día anterior, con diferencias muy ligeras. Si acaso lo único distinto es la cruda, ya sea física o moral, con la que enfrentamos el nuevo año.

Las fiestas decembrinas les sirven a muchas personas para desconectarse de la realidad diaria, tanto personal como global. Este diciembre, particularmente, la realidad estuvo mucho más adherida a la gente que los años pasados, por la situación que atraviesa el país, el cual está gravemente herido por el fantasma de la corrupción, de la impunidad y de la frivolidad e indiferencia de una buena parte de la clase gobernante. Pero ahora que el espíritu navideño se disipa, el contexto nacional volverá a acaparar la atención irremediablemente, quizás con más fuerza.

A la crisis de la desaparición de los 43 estudiantes y el pésimo manejo que el Estado ha dado a la misma, se sumarán los problemas económicos que enfrenta México, agravados por la cuesta de enero. Para la ciudadanía en particular, será un año de inicio lento en esta materia, a la cual tendremos que agregar el próximo gasolinazo y la inflación que provocará. Eso, por sí solo, sin contar los otros múltiples conflictos que nos aquejan, será suficiente para que el comienzo de 2015 se prevea muy tenso.

¿Cómo entonces podemos desearnos un feliz Año Nuevo sin que la frase suene a una broma tardía del Día de los Santos Inocentes? ¿Cómo no caer en el pesimismo cuando vemos que la cuesta de enero pinta más como una pared vertical, que como una pendiente? La respuesta puede sonar a cliché, pero dependerá de cada uno de nosotros.

La única forma en que podremos, alguna vez, cambiar la realidad nacional es entendiendo lo que quiere decir nuestra Constitución en el artículo 39, cuando afirma que “todo poder público emana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”. Si comprendiéramos que el poder que ostentan los servidores públicos y representantes populares proviene de la ciudadanía, y su labor es para beneficiar a ésta, no a particulares o a partidos políticos, entonces quizás dejemos de rendirles pleitesía para exigirles resultados.

Lo anterior implica estar encima de ellos, o de ellas, todo el tiempo, de cuestionarles la razón, de demandarles la rendición de cuentas y la transparencia. A todos nos gustaría pensar que los funcionarios están ahí por su vocación por servir, pero la experiencia nos ha enseñado que la única forma en que se puede asegurar la honestidad es por medio de la vigilancia constante. Los falsos sentimientos de congoja de algunos representantes a la hora que se les piden cuentas salen sobrando, pues en materia de administración pública no puede haber corazones rotos, sólo cuentas claras.

Se necesita, por tanto, que la sociedad intervenga más, que no dejemos en las manos de unas cuantas personas el destino del país ni la participación ciudadana ni tampoco la protesta pública. Probablemente, no todos poseeremos las mismas habilidades o alcances, pero el esfuerzo por tomar parte, por exigir, por opinar, bien vale la pena, ya que nunca como hoy el país había estado en una situación tan delicada como ahora. Si hay un propósito que se tiene que hacer en la noche de fin de año, es el de comprometerse con México. Un objetivo que se debe cumplir.

Decía Mafalda, ese exquisito personaje creado por el caricaturista argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, que el año que viene ha de ser muy valiente, pues viene, a pesar de lo mal que se vislumbra todo. Esto, a mi gusto, es definitivamente cierto, pero en lugar de caer en el pesimismo, me parece que nos da la oportunidad de decidir si queremos ejercer la soberanía o no; si nos reapropiamos del poder que tenemos o no; si vamos a alterar o a modificar la forma de nuestro gobierno, como nos faculta el artículo 39, o continuaremos caminando por el mismo sendero, aunque éste nos conduzca al abismo.

A mi parecer, nos acercamos cada vez al punto crítico en el cual las cosas deben cambiar, ya que las mismas circunstancias están orillando a la población a ello. Bien reza el dicho que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que los aguante. Cómo va a suceder esa transformación y cómo vamos a participar en ella será lo que determine nuestro destino como Nación. Yo le apuesto a la democracia, aunque suene a frase del Día de los Inocentes.

Esta columna fue publicada el 29 de diciembre de 2014 en Diario de Colima.

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Tiempo de unidad


La víspera navideña es generalmente un tiempo de gozo y de reflexión, que invita al reencuentro y la convivencia familiar. Mientras muchos de nosotros, de nosotras, departimos con nuestros seres queridos, es justo acordarse de que hay quienes, por más que quisieran, no pueden hacerlo.

Un día después de Navidad, y dos de Nochebuena, se cumplen 3 meses de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, y se vuelve necesario recordar que sus familiares pasarán estas fiestas sin ellos. Que en un día en el que se celebra la llegada del salvador, en la religión católica, lo que ellos sienten no es dicha ni alegría, sino angustia, dolor y el abandono de parte de las autoridades mexicanas.

Considero que es importante tenerlo presente, porque la situación que vive México es muy crítica, y en mucho se debe a la distancia que hemos creado entre nosotros como ciudadanía, en las divisiones ficticias que nos inventamos, donde la raza, la etnia, el color de la piel, el género, la sexualidad, la religión, el estatus social, económico y hasta las preferencias políticas o de equipo de futbol se vuelven razones para separarnos.

Es algo natural el buscar hacer conexiones con personas con las que tenemos más en común, o continuar amistades con las que crecimos y estamos acostumbrados a convivir, pero eso no significa que deba dejar de importarnos lo que sucede en la casa de al lado, en el pueblo vecino, en la comunidad contigua. Es imperativo recordar que, por encima de todo, somos mexicanos y mexicanas, compartimos la misma nacionalidad, y mientras está bien celebrar las diferencias, es un error permitir que éstas nos dividan.

La fuerza que como Nación podemos tener depende de esa unidad, de ese entendimiento del otro, no como un extraño, sino como un individuo con el cual nos podemos comunicar y formar alianzas. Como alguien que al igual que yo también busca su bienestar, quiere lo mejor para su familia y desea un futuro halagüeño. Ese alguien que pudiera ser yo.

Así, cualesquiera de nosotros podría ser uno de esos padres que en esta Nochebuena no convivirá con su hijo. Una de esas madres que no son capaces de superar lo sucedido el 26 de septiembre en Iguala, como se los pide el Presidente, porque ni siquiera tienen la certidumbre de si su vástago vive o muere. Cualquiera podría estar en su lugar, deseando contar con el apoyo de los demás para exigir al Estado todas las explicaciones a las cuales tiene derecho, y las garantías de seguridad para sí mismo y el resto de su familia.

Es quizás la empatía lo único que funcionaría para construir un mejor país, uno que de hecho heredemos a las siguientes generaciones sin sentir vergüenza, sin decir al final: “Lo siento, pude haber hecho más, pero estaba demasiado cómoda. Haz tú lo que puedas”.

En esta Navidad, cuando por la víspera solemos estar más sensibles, entendamos que no se puede estar bien individualmente si no nos encontramos bien como comunidad. Que no es posible encerrarnos en una burbuja de seguridad, cuando todo estalla a nuestro alrededor.

Debemos comprender que si no participamos en nuestro entorno para que éste mejore, en cualquier momento nos puede tocar a nosotros. Que una Navidad en donde tantas familias, de todos los estados de la República, buscan aún entre los vivos y los muertos a sus seres queridos no puede ser una feliz Navidad.

Esta columna fue publicada el 22 de diciembre de 2014 en Diario de Colima.

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Incongruencias


Fue a finales de septiembre, a raíz de la desaparición de 43 estudiantes y el asesinato de seis personas, tras un operativo conducido por la policía municipal de Iguala, Guerrero, y ordenado por el alcalde José Luis Abarca, cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto comenzó a caer en una espiral descendente, que dejó muy atrás los elogios que le brindara la prensa internacional por las llamadas “reformas estructurales”. A partir de ahí, el velo que cubría al Presidente, al que la revista Time veía como el salvador de México, se rasgó y dejó ver la realidad que se escondía detrás.

Ayotzinapa significó la explosión del hartazgo de los mexicanos, la gota de sangre que cayó del vaso derramado, que el Mandatario nacional no supo manejar, por razones que al día de hoy se vuelven sospechosas. Lejos de darle la importancia debida, Peña Nieto se demoró en responder, demostrando así una falta de sensibilidad que fue repitiendo conforme pasó el tiempo.

Si bien se arrestó a Abarca Velázquez y a su esposa, así como a más de 70 personas que supuestamente estuvieron involucradas en el levantamiento de los alumnos, la investigación ha despertado más dudas y sospechas a través de los días, semanas y meses, sobre todo por la obstinación del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, de querer hacer encajar las circunstancias a una sola línea de investigación, por más inverosímiles que resulten, en lugar de considerar distintas opciones y dejar que las mismas evidencias les muestren los resultados.

A principios del mes pasado, el Procurador informó que tres sicarios detenidos confesaron haber matado a algunos de los 43 normalistas, incinerando sus cuerpos en el basurero de Cocula, Guerrero. Para quemarlos, dijo, utilizaron piedras, llantas, dísel y gasolina. Murillo Karam dio como un hecho que en ese sitio fueron asesinadas personas, debido a que ahí había evidentes señales de un incendio, lo único que le quedaba por comprobar era que esas personas cremadas coincidieran con los estudiantes, lo cual advirtió que sería difícil debido a que los restos estaban en muy malas condiciones.

Posteriormente, se confirmó la identidad de uno de los normalistas, Alexander Mora Venancio, cuyos restos se localizaron en una bolsa de plástico en el río San Juan, en Cocula. Los peritos argentinos se manifestaron de acuerdo con el dictamen del laboratorio de la Universidad de Innsbruck, Austria, pero dijeron que no estuvieron presentes en el momento en que se encontraron, por lo que no podían asegurar su procedencia. Los familiares de Mora Venancio aceptaron los resultados de ADN, pero no su origen, aseverando que sus despojos habían sido “sembrados” ahí para sostener la versión inicial. ¿Pero qué tanta veracidad puede tener esto? ¿En realidad se trata de un montaje?

Recientemente, científicos de la UNAM desmintieron lo dicho por la Procuraduría General de la República, refiriendo que era imposible que los alumnos hubieran sido quemados en dicho lugar. Jorge Montemayor, investigador titular del Instituto de Física de la máxima Casa de Estudios del país, dijo que para incinerar 43 cuerpos, se requieren 33 toneladas de troncos de 4 pulgadas de diámetro y 53 toneladas de gas por cada persona. “Si los cuerpos se hubieran quemado con puras llantas para reducirlos a los restos mostrados por la PGR, se hubieran necesitado 995 llantas de autos pasajeros. La hipótesis de que fueron quemados en el basurero de Cocula no tiene ningún sustento en hechos físicos o químicos naturales”. Añadió que además, de haberse empleado las llantas, habría un residuo de 2.5 toneladas de alambre de acero, y una columna de humo que hubiese sido visible a varios kilómetros. Los restos habrían pesado 333 kilogramos, siendo 116 correspondientes a los cuerpos. Todo esto se empacaría en 12 bolsas de 25 kilos cada una.*

Lo anterior sugiere, desde el punto de vista de la física y la química, la imposibilidad de que en ese sitio se hubiera llevado a cabo una cremación como la que la Procuraduría ha dicho, no obstante, dicha dependencia parece empeñarse en continuar con esa línea de investigación, lo cual despierta muchas dudas, entre ellas, ¿por qué sigue con la versión de los tres sicarios? ¿Será que pretende fabricar una escena del crimen? ¿Están protegiendo a alguna persona o institución? ¿Qué ha declarado José Luis Abarca sobre el caso?

Aunado a las interrogantes que genera la averiguación, está la represión con la cual se ha manejado el gobierno, desde la más velada, como las infiltraciones en las marchas para justificar la intervención de la fuerza, hasta las más descaradas, como la que tuvo lugar ayer en Chilpancingo, Guerrero, cuando policías federales, ebrios, se enfrentaron con los organizadores de un concierto en apoyo a los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa.

Es lamentable que el Gobierno Federal no haya sido capaz de entender que la ciudadanía está cansada de este tipo de acciones, y que continúe cometiendo errores en un momento tan sensible como el que atraviesa el país, agrediendo a la misma ciudadanía a la cual está obligado a proteger.

POST SCRIPTUM

Parece casi una burla que justo en el marco en que la Comisión de Derechos Humanos de Colima presentó la solicitud de Alerta de Género, un Diputado local presuntamente haya atacado a una joven mujer a la salida de un bar. Según trascendió, el legislador del Panal, Esteban Meneses Torres, se molestó porque la mujer le pidió que moviera su carro para poder sacar el de ella, agrediéndola con un machete, con el cual rompió la ventana de su auto, a donde ella corrió para refugiarse, cortándole después la mejilla con el arma blanca.

Para que el caso pueda esclarecerse, el Diputado debería solicitar licencia inmediatamente, así como el Congreso local y/o el procurador Marcos Santana Montes pedir su desafuero para realizar la investigación correspondiente. Es momento de que las autoridades de Colima tomen en serio las agresiones contra las mujeres; más allá de las palabras, urgen los resultados. Por cierto, en un par de meses más se cumple un año de la visita que Diario de Colima hizo al Centro de Justicia para las Mujeres, que estaba prácticamente terminado, sin que hasta el día de hoy lo hayan inaugurado; espero que no sea ese el reflejo de la justicia que merecen las mujeres en el Estado.

*Con información de sinembargo.mx, http://www.sinembargo.mx/11-12-2014/1190680

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 15 de diciembre de 2014.

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Respeto En Ambas Vías


Es preocupante que las fuerzas de seguridad pública se sigan equivocando dada la situación que atraviesa el país, pues con sus errores revelan un amplio desconocimiento, no sólo de los Derechos Humanos de las personas a quienes deben proteger, sino también de las leyes en general y del debido proceso, mostrando en su actuación exactamente aquello de lo cual las y los mexicanos hemos manifestado estar tan hartos: la corrupción y la impunidad.

admin-fotos-2014-11-29-General-323020.jpg-700x499El sábado pasado, liberaron por fin a las 11 personas detenidas durante las marchas del 20 de noviembre, lo cual por supuesto que es un logro en pro de la legalidad, pero las grandes deficiencias durante su arresto, los cargos que se les pretendían imputar, así como las razones por las cuales les estaban acusando de delitos como motín, intento de asesinato y asociación delictuosa, siendo una de ellas el que entre sí se llamaban “compas”, muestran un nivel de ignorancia y falta de capacitación de la policía sencillamente insostenible, que en cualquier país con un grado más de desarrollo que el nuestro llamaría a la renuncia del procurador del país (Jesús Murillo Karam) y del secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal (Jesús Rodríguez Almeida), como de hecho lo están pidiendo las organizaciones civiles que trabajan en la defensa de las y los acusados.

Por medio de las mismas asociaciones y los padres de los muchachos y las muchachas arrestadas, se supo que se les había retenido durante varias horas sin que tuvieran acceso a los servicios legales a los que por ley tienen Derecho, que se les amedrentó y que presentaban signos de haber sido maltratados físicamente. Al salir, las y los detenidos acusaron a la Policía Federal de haberles tratado “como escoria”, asegurando haber sufrido tortura física y psicológica durante su estancia en la SEIDO, donde los policías les repetían que “los iban a desaparecer”.

20141129_11_55_JovenesdetenidosAunado a la aprehensión de estas 11 personas el pasado 20 de noviembre, el viernes 28 fue arrestado Sandino Bucio Dovalí, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, por agentes federales vestidos de civiles, cuando se dirigía a una lectura de poesía. A Sandino se le acusaba supuestamente de agresiones a elementos de corporaciones de seguridad y de actividades de corte vandálico. Al salir de la SEIDO, un Bucio Dovalí visiblemente golpeado y afectado emocionalmente relató la forma en que lo arrestaron: en un carro sin logotipo, por personas vestidas de civiles que no se identificaron. Dijo que lo subieron al vehículo a la fuerza y lo arrancaron sin que éste hubiera entrado por completo, por lo que sus piernas se arrastraron durante unos metros por el pavimento. Posteriormente, lo estuvieron “paseando” por el Centro Histórico de la Ciudad de México, mientras le repetían que lo iban a desaparecer como a los 43 de Ayotzinapa, que lo iban a violar y a torturar. Una vez en la SEIDO, asegura que lo obligaron a revelar las claves de sus redes sociales y a darles los nombres de sus compañeros.

Sandino Bucio es supuestamente uno de los anarquistas que participó violentamente el 20Sandino-Bucio de noviembre en las instalaciones del Zócalo, quien supuestamente arrojó bombas molotov a agentes del Estado y proporcionaba material a sus compañeros, instándolos a lanzárselos a los elementos de seguridad. El problema es que, incluso si Bucio Dovalí efectivamente actuó de esta forma, de cualquier manera las leyes mexicanas le aseguran el derecho de un debido proceso, donde tiene que ser detenido de modo adecuado y presentado inmediatamente en las oficinas correspondientes, donde se le proporcionará a un abogado que lo defienda y represente. Al tratarlo como lo hicieron, donde consta el lujo de violencia con la cual se le arrestó, de forma totalmente irregular, siendo los golpes que sufrió visibles en su rostro, Sandino pasó de ser un posible delincuente a una víctima del mismo sistema que lo acusa.

Las prácticas de contrainsurgencia por parte del Estado no son algo nuevo, ni exclusivo del mexicano. Brian Glick, en su libro War at Home: Covert Action Against US Activist and What We Can Do About It, habla del programa COINTELPRO, diseñado para destruir grupos de resistencia civil, del cual se tiene registro desde los años 70 y que ha sido usado contra distintas agrupaciones, como Las Panteras Negras o la Asociación Nacional para el Avance de Personas de Color. Glick identifica cuatro métodos utilizados: Infiltración, que consistía no sólo en agentes o informantes espiando a los activistas, sino también a personas cuyo objetivo era desacreditar al grupo de resistencia en cuestión, o crear conflictos para separar a sus miembros o evitar el apoyo de la demás gente. Otro procedimiento detectado es la Guerrilla Psicológica Externa, que empleaba historias falsas en la prensa, o incluso propaganda en nombre de los grupos activistas, llamando a la violencia o dispersando información equivocada, direcciones erróneas, eventos inexistentes y hasta creaban grupos de movimientos parecidos, dirigidos por agentes gubernamentales, y manipulaban a las personas para generarles conflictos a los activistas.

warat homeBrian Glick identificó asimismo el Acoso Mediante el Sistema Legal, donde el FBI y la policía utilizaban dicho régimen para acosar a los activistas y disidentes, haciéndoles parecer como criminales, llegando incluso a plantarles evidencia y a fabricarles delitos. También se usaban otras formas de presión, abusando del sistema legal en contra de la disidencia. El último método reconocido por Glick corresponde a la Fuerza y Violencia Extralegal, en la que el FBI y la policía amenazaban directamente a las personas activistas, y se involucraban en actos de vandalismo, asaltos y golpizas, con la intención de intimidar a los disidentes para dispersar el movimiento.

Dichos procedimientos han sido empleados de diversos modos por las fuerzas de seguridad e inteligencia de distintos países, y México no ha sido la excepción. La diferencia es que actualmente existen demasiada tecnología y canales de información, con los cuales es posible fotografiar o grabar un incidente y mostrarlo casi en tiempo real, lo que permite que los grupos organizados se manifiesten para evidenciar la verdad, o para exigir el debido cumplimiento de la justicia.

b28vwkvcqaeieb0-largeEl Gobierno de México no puede inclinarse por el doble discurso de expresarse en contra de actos violentos, pero instigarlos por medio de sus mismas fuerzas de seguridad, abierta o veladamente, con la intención de intimidar a la población mexicana. El mensaje que mandan puede ser fácilmente ampliado o desmentido por la cantidad de datos a los que se tiene acceso. El secuestro de Sandino Bucio se hizo viral casi en el momento en el que sucedió, así que cuando él llegó a la SEIDO ya existía toda una movilización en el país, física y a través de las redes sociales, exigiendo su presentación y liberación inmediata. Si Sandino era un delincuente de acuerdo a nuestras leyes, debió haber sido arrestado y procesado conforme a Derecho, pero el uso irresponsable de la fuerza convirtió a quien quizás había cometido actos vandálicos en un mártir.

El Gobierno Federal no puede ya optar por los métodos de contrainsurgencia comunes sin que éstos se vuelvan del conocimiento público; hacerlo en estas circunstancias implica dificultarse más las cosas para sí mismo. La única forma como se puede remediar el mal causado y pacificar al país es dándole certidumbre a la gente, despidiendo a aquellos agentes que incurrieron en ilícitos y que en sus actos se hayan equiparado con la policía que entregó a los 43 estudiantes de Ayotzinapa al narco, diciéndoles a las personas cómo las “van a desaparecer”, ya que es prácticamente una confesión de la corrupción e impunidad con la que se manejan. Sólo es posible devolver la paz a México si se hace respetar el Estado de Derecho, pero en ambos sentidos, ya que de otra manera el Presidente estaría cavando su propia tumba.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 1 de diciembre de 2014.

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Frivolidad de la Pareja Presidencial


LOS últimos escándalos en los que se ha visto envuelta la pareja presidencial, y sus intentos para remediarlos, ponen de manifiesto un desconocimiento terrible, tanto de su entorno como del marco legal al cual está obligada.
Sumándose al descontento popular por la tardía intervención del Ejecutivo en la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, así como su corresponsabilidad en el hecho, está la revelación de la adquisición de la esposa del Presidente, Angélica Rivera Hurtado, de una casa valuada en 7 millones de dólares, de acuerdo a estimaciones no oficiales.

dt.common.streams.StreamServer.clsLa propiedad, ubicada en Sierra Gorda número 150, de Lomas de Chapultepec, conocida públicamente como la “Casa Blanca”, se dio a conocer como resultado de una investigación de Aristegui Noticias, con apoyo de la plataforma de periodismo latinoamericano Connectas y el International Center for Journalists.

El tema de la vivienda comenzó a indagarse luego de una publicación de la revista ¡Hola!, en 2013, de una entrevista de Angélica Rivera, quien posando en dicha residencia afirma que esa es su “verdadera casa”, a donde volverán una vez que termine su estancia en Los Pinos. Sin embargo, a pesar de que el Estado Mayor Presidencial custodia el inmueble, no está a nombre de Rivera Hurtado, ni de Enrique Peña Nieto, sino de Ingeniería Inmobiliaria del Centro, una filial de Grupo Higa, un consorcio que recibió múltiples contratos cuando Peña Nieto era gobernador del Estado de México, y que formaba parte de las empresas que iban a realizar la construcción del tren de alta velocidad entre México y Querétaro, proyecto que fue cancelado poco antes de que salieran a relucir los resultados de esta pesquisa.

hola_1Después del primer revuelo que causó esta noticia, Angélica Rivera salió, en un video editado, a “defender su honorabilidad”, dando una explicación sobre el origen de la propiedad. En ella, argumenta, visiblemente molesta, que tiene los recursos suficientes para comprarse tal mansión, debido al trabajo de su vida, el cual ha sido en su mayoría en Televisa. Pero, independientemente de la sinceridad de Rivera Hurtado en dicha grabación, la esposa del Presidente parece perder el punto principal del problema, que es el conflicto de intereses por el puesto que ocupa su marido, y la constructora que realizó la edificación de la casa.

Más aún, la cantidad de dinero que Televisa le pagó en la terminación de su último contrato ha despertado la indignación de la gente, quien no cree que esta televisora le haya entregado una suma tan grande por sus dotes como actriz. Las viñetas gráficas que han estado circulando por las redes sociales y recogidas por algunas agencias de noticias han expresado claramente que las mexicanas y los mexicanos nos sentimos burlados ante esta exposición, que no creemos la versión de la señora del Mandatario, siendo la burla el vehículo idóneo para mostrarlo, pues no hay mejor forma de explicar algo que llevándolo al ridículo.

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Angélica Rivera dice que hace esas declaraciones aun cuando no está obligada por no ser servidora pública, pero está claro que la intención es para cubrir a su marido, quien sí debe presentar su situación patrimonial, así como la de su cónyuge (o sea, ella) y la de sus dependientes económicos. Por otro lado, considero que quizás la verdadera intención de haber salido en dicho video haya sido la de desviar la atención del público sobre otro hecho derivado de la investigación de su casa, midiendo claramente la indignación que su acción iba a causar.

Algunos días antes de que se develara tal información, el presidente Peña Nieto canceló súbitamente el proyecto de desarrollo del tren de alta velocidad México-Querétaro, que iba a llevar a cabo el consorcio China Railway Construction Corporation Limited (CRCC), de la cual formaba parte Constructora Teya, filial de Grupo Higa, la firma que realizó la edificación (y aún dueña) de la “Casa Blanca” de la esposa del Ejecutivo. Días después, el director de Transporte Ferroviario y Multimodal de la SCT, Pablo Suárez, declaró a Notimex que se tendría que hacer un pago por la revocación del fallo, de conformidad con la Ley de Obras Públicas y Servicios Relacionados con las Mismas (LOPSRM). Dicha cantidad se estima que ascienda a 590 millones de pesos, aproximadamente.

Por la brusca decisión del Presidente, puede interpretarse que éste ya había sido informado de la investigación que estaba teniendo lugar sobre la residencia, y pudo calcular el daño que iba a causar, por lo que tuvo el exabrupto de suspender el proyecto para evitar que se especulara sobre el conflicto de intereses que resultaba de haber otorgado a la compañía que le había levantado su casa la licitación de la construcción del tren de alta velocidad. Al final, los 590 millones de indemnización que habría que cubrir por la cancelación injustificada del contrato no iban a salir de su bolsillo, sino del de los mexicanos y mexicanas.

epn_25_1De ser esto cierto, lo cual hasta el momento no es difícil suponer al observar los hechos, estaríamos comprobando la frivolidad de la pareja Peña Rivera, quien no tiene noción, o pretende no tenerla, de la responsabilidad que adquirió al ocupar dicho puesto y el marco legal al cual está sujeta. Por eso, Angélica Rivera no supo medir las repercusiones al haber mostrado su “Casa Blanca” en una revista del jet set; y por la misma razón, Peña Nieto, con la mano en la cintura, suspende un proyecto, con cargo de la billetera de la ciudadanía mexicana, frivolidad que, no obstante, deberá tener consecuencias.

La siguiente columna fue publicada en Diario de Colima el 24 de noviembre de 2014.

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El Único Camino


De la dictadura a la democraciaALGUNAS personas me han llegado a llamar romántica por considerar que la única manera en que la ciudadanía puede aspirar a construir un país democrático y justo es a través de métodos no violentos y de resistencia civil, y no mediante un levantamiento armado. Insisto, no tenemos las condiciones para iniciar una revolución armada cuando los ciudadanos y ciudadanas que queremos restablecer el contrato social que reivindique al Estado de Derecho estamos desarmadas. Si empezamos un conflicto que tenga que decidirse por las armas, muy fácilmente este se verá secuestrado por grupos del crimen organizado, ya que son ellos quienes tienen el arsenal suficiente como para enfrentar al Estado. ¿Es eso lo que queremos?, ¿qué sea el narco quien se apropie de una causa que puede ser buena si se orienta adecuadamente? ¿O pretendemos mantener esta lucha del lado de la ciudadanía que desea recuperar a nuestro México? Si la respuesta es la segunda, la única forma de hacerlo es mediante estrategias pacíficas.

La idea de la no violencia, o de la resistencia civil pacífica, se relaciona constantemente con la inacción, la cobardía, o la sumisión; o con el romántico heroísmo del prócer que se sacrifica por sus conciudadanos, en el mejor de los casos. Probablemente por eso sea que la gente no considere que se pueda lograr algo tangible utilizando estos métodos, y que en el hartazgo generalizado por la corrupción, la impunidad y la violencia que todos los días parece ganarle territorio al Estado, algunas personas prefieran optar por la lucha armada. Pero aquellos que dudan de su fiabilidad y resultados, seguramente es porque ignoran las situaciones en las que ha tenido éxito. No los culpo por su desconocimiento, no es una información que los gobiernos estén ansiosos por difundir.

La lucha no violenta o acción no violenta se basa en los principios de no cooperación, desobediencia y resistencia civil, y ha sido empleada desde hace siglos. Gene Sharp, uno de los académicos que más se ha enfocado en el estudio de este fenómeno social, los clasifica en: protestas y persuasión no violenta, no cooperación e intervención no violenta. La razón de ser de las protestas y la persuasión no violenta es la de mostrarle al mundo que existe un amplio sector de la población que no está de acuerdo con el régimen actual, o con lo que éste pretende, minando así su legitimación; mientras que la intervención no violenta interrumpe el modelo establecido de forma psicológica, social, económica, física o a través de métodos políticos, que tienen la capacidad de amenazar el control del opositor.

La base del éxito de la lucha no violenta está en que el poder de cualquier jefe de Estado o de cualquier sistema jerárquico depende de la obediencia y cooperación de sus gobernados, de su voluntad para consentir mediante sus acciones o inacciones para apoyar el régimen. Cuando este respaldo es retirado, el poder legítimo de quien lo ocupe se desmorona y se ve imposibilitado de mantenerlo por medios pacíficos, por lo que recurre a la represión y al uso de la fuerza, mostrando de esta forma que ya no cuenta con el apoyo popular.

Por lo anterior, es importante que a los participantes de los movimientos no violentos los vean como ciudadanos y ciudadanas pacíficas, representando una causa auténtica, desprovista de intereses partidistas y con un objetivo claro y asequible que pueda ser justificado con argumentos contundentes. Un gobierno amenazado por su población optaría por calificar a los opositores como “vándalos”, “delincuentes”, “terroristas”, o algún otro mote que lleve la intención de restarle validez a su movimiento, con dos objetivos: el de probar ante el resto de la población y el mundo que observa que los manifestantes en realidad son delincuentes, y para así poder reprimirles.

La lucha no violenta tiene muchas más posibilidades que una armada, puesto que se basa en la fuerza de las masas y, por tanto, del convencimiento de la gente de que el fin que se persigue es justo. Difícilmente se consigue convocar a una masa crítica cuando no se poseen los argumentos suficientes como para convencerla, así que es remoto que una causa ilegítima logre obtener una fuerza importante, aunque sí se daría el caso. También se puede dar que exista una razón justa para escalar un movimiento, pero que no se tenga el conocimiento o las herramientas para manejarlo como uno auténtico, sin que se pierda en el camino, o que sea cooptado por algún grupo fáctico con intereses espurios, como muchas veces ha sucedido en México.

Gene Sharp

Sin embargo, sí ha habido casos de éxito que se han ganado el título de revoluciones no violentas, en donde el poder popular se impuso de manera pacífica para cambiar su forma de gobierno. Casos como el de Mahatma Gandhi, en la India; Martin Luther King, en Estados Unidos, y Nelson Mandela, en Sudáfrica, son los más emblemáticos, pero no son los únicos. También está la Revolución Cantada, con la que se logró la independencia de Estonia de la Unión Soviética. La Revolución Naranja, que obligó al gobierno de Ucrania a establecer un sistema democrático para dejar de tener líderes de Estado impuestos y manipulados por la Unión Soviética. El movimiento que unos estudiantes pertenecientes a la antigua Yugoslavia comenzaron, y que culminó con el derrocamiento de Slobodan Milosevic, uno de los genocidas más importantes del Siglo XX después de Adolfo Hitler. El Movimiento del “No”, que forzó al dictador Augusto Pinochet a convocar a elecciones, terminando así con una dictadura. El Movimiento de Solidaridad, de Lech Walesa, en Polonia, que acabó con el régimen comunista, y muchos otros que en este momento se me escapan.

Estas corrientes tuvieron resultados porque no se hicieron al azar. El de Gandhi y Estonia tal vez surgieron espontáneamente, pero después contaron con una organización y objetivos claros sobre lo que querían conseguir. Rosa Parks, cuando decidió no levantarse para cederle su asiento del autobús a un pasajero de raza blanca, empezó un movimiento para el que ya venían preparándose desde hacía meses jóvenes afroamericanos y eurodescendientes que querían terminar con la segregación que todavía era legal en Alabama. Las y los muchachos de la ex Yugoslavia se documentaron con bibliografía relativa a la no violencia y sustentados en eso armaron su estrategia, bajo el nombre de Otpor, que significa “resistencia”. Srdja Popovic, su iniciador, sostenía que era incongruente luchar por la democracia de forma antidemocrática, por lo que su estrategia se basó en lograr una candidatura de unidad que pudiera derrotar al dictador genocida Milosevic, y motivar a la población para que saliera a votar y vigilara que los comicios fueran legítimos.Milosevic intentó de muchas maneras frustrar la iniciativa de las y los estudiantes, pero al final se vio rebasado por la unidad de la ciudadanía de la ex Yugoslavia, a la que incluso se sumaron las fuerzas de seguridad. El dictador acabó huyendo del país.

La forma en que luchemos determinará aquello que conseguimos, es incomprensible manifestarse en contra de la violencia mediante hechos violentos, es absurdo buscar la democracia a través de actos antidemocráticos. Tenemos la oportunidad de transformar a México, la masacre de Ayotzinapa prendió la chispa que muchos y muchas esperaban para que despertáramos, ¿pero lo vamos a cambiar en qué? ¿Es sólo una muestra de indignación, de coraje y frustración, o existen objetivos concisos? Las y los mexicanos debemos ser responsables en este momento coyuntural que estamos viviendo y no dejarnos llevar por una pasión romántica (esa sí) de convertirnos en mártires de la democracia, que sólo conduzcan a comprobar que en México, para variar, nunca pasa nada.

POST SCRIPTUM

Les comparto algunos vínculos a documentales de revoluciones que se lograron mediante prácticas de la no violencia, así como al PDF en español del libro De la Dictadura a la Democracia, de Gene Sharp, y los 189 métodos de la no violencia, más una página donde también se pueden consultar otros recursos en diferentes idiomas. No todos los videos los pude encontrar en español, pero pueden ser un buen referente para continuar la búsqueda personalmente. Les recomiendo los documentales de Steve York.

La Caída de un Dictador: http://youtu.be/RFUn2w86xfs
La Revolución Cantada: http://vimeo.com/13372343
La Revolución Naranja: https://www.youtube.com/watch?v=fNeFbndb42c&feature=youtu.be
Una Fuerza Más Poderosa: https://www.youtube.com/watch?v=tiSEjWMuD50&feature=youtu.be
De la Dictadura a la Democracia, de Gene Sharp http://www.aeinstein.org/wp-content/uploads/2013/09/DelaDict.pdf
189 Métodos de la Lucha No Violenta: http://www.aforcemorepowerful.org/resources/nonviolent/methods.php
Albert Einstein Institution: www.aeinstein.org

Tiranía se hace ley

Esta columna fue publicada el 10 de noviembre de 2014 en Diario de Colima.

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Necesitamos Un Nuevo Sistema


EL asesinato y desaparición de los normalistas en Ayotzinapa, hace un mes y 8 días, parece haber despertado un descontento social que se ha manifestado en las calles de diversas formas. Algunas de ellas han sido legítimas, como las marchas, los bloqueos y las protestas; pero otras han estado fuera de proporción, generando e incitando a la violencia. Si bien los estudiantes se han desmarcado de lo sucedido en esos actos vandálicos, algunos de los cuales pueden ser obra de infiltrados que intentan deslegitimar el movimiento, también es cierto que no somos una Nación formada en una cultura de paz, por lo cual tal vez nos cueste comprender que ningún cambio que provenga de la violencia puede conducir a uno que valga la pena.

En conversaciones que he sostenido últimamente, la gente me habla de una revolución como la única solución para limpiar a México, para lograr una transformación que nos conduzca a un país democrático, más justo y más igualitario. Me sugieren incluso que quizás un golpe de Estado sería lo mejor que nos podría pasar, y me ponen como ejemplo a otros países que han sido regidos por dictaduras, como Chile o Argentina, los cuales aparentemente mostraron un gran progreso durante ellas.

Esas personas olvidan, quizás, que México ya ha sido gobernado por dictaduras antes, por dos en realidad, y hay quienes aseguran que por tres: la de Antonio López de Santa Anna, la de Porfirio Díaz, y la que el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, bautizó como la “dictadura perfecta”, la del Partido Revolucionario Institucional. Tales personas tal vez no recuerdan que la historia del país ha estado plagada de traiciones, golpes de Estado y luchas por el poder, sin que nada positivo haya salido de ellas.

De las dos dictaduras en donde los Poderes se concentraron en una sola persona, probablemente la de Díaz Mori fue en apariencia la más próspera, pero aun así ese bienestar era sólo para unos cuantos cercanos al poder, mientras el resto de la ciudadanía se empobrecía. Quizás había estabilidad, pero era porque no se le permitía a la gente disentir, porque no se respetaba su voto y se perseguía y encarcelaba a quienes aspiraran a otra forma de gobierno. Tal vez había paz, pero estaba mantenida por la fuerza, mediante las armas.

Esas opciones ya han sido probadas y no funcionaron. Ya pasamos por dictaduras, golpes de Estado, revoluciones y guerrillas, y al día de hoy nos encontramos con una ciudadanía herida, enojada, harta, que no se siente representada por su clase política, pero tampoco tiene idea de qué hacer para que las cosas mejoren. Hay muchas personas que me han confesado que en realidad no creen que la situación pueda cambiar, pues cada representante popular que llega cubre al que se va, manteniendo así la impunidad de un sistema corrupto hasta la médula. Cada candidato o candidata que pretende gobernarnos está sujeto a un partido político manchado al que defiende sin chistar, a costa de la justicia y del Estado de Derecho.

No pretendo tener las respuestas. También yo me he preguntado cómo conseguir que las cosas mejoren en México, incluso he dudado de si es la democracia la forma de gobierno ideal para el país, sin lograr encontrar algún otro sistema de gobierno que pudiera funcionarnos. Aunque ¿cómo saber si la democracia es la adecuada para nuestro país o no, si jamás la hemos experimentado?

La forma de gobierno en México no es la democracia, es la simulación, pues la ciudadanía tiene prácticamente una injerencia nula en la manera como es gobernada. Las decisiones importantes son tomadas por una Cámara de Diputados y otra de Senadores que dice representarnos, pero que no nos toma nuestra opinión a la hora de votar. La única forma de participación que nos dejan son las elecciones, pero esas personas tampoco le responden al pueblo.

El sistema está diseñado para que ciudadanos y ciudadanas comunes no tengan forma de acceder al poder. La manera de llegar a él está secuestrada por los partidos, teniendo la gente que escoger entre uno u otro a la hora de sufragar, sin que sus designaciones garanticen que al arribar al cargo público les responderán a sus votantes, pues en realidad no son con ellos con los que deben quedar bien, sino con los dirigentes de los institutos políticos, que son quienes les darán las siguientes postulaciones para continuar así su carrera política, lo que genera una dependencia a los mismos. Las candidaturas ciudadanas aún están en pañales y debido a su falta de infraestructura natural están en gran desventaja respecto a los abanderamientos, por lo que todavía no son una opción efectiva en nuestra actualidad.

Son, pues, los partidos quienes realmente dominan el juego del poder en México, lo que origina que puedan darse el lujo de tener intereses muy específicos que no siempre van de acuerdo a la ideología que dicen poseer. ¿Cómo entonces confiar en alguno de ellos si descaradamente se han desdicho en múltiples ocasiones para pactar entre sí y lograr sus fines a pesar de la opinión de la gente? ¿Cómo creer que su interés es respetar la voluntad del pueblo si ni siquiera nos toman nuestra opinión? ¿Dónde está la democracia si el poder no está residiendo en el pueblo? ¿Cómo podemos elegir a algún candidato o candidata que en verdad nos represente? Me parece que debemos comenzar por cambiar el sistema.

En efecto, considero que necesitamos una revolución, pero no una que se haga mediante armas de fuego, siendo el crimen organizado quien más arsenal tiene en su poder, además de las fuerzas de seguridad pública; no creo que sea conveniente tomar ese camino. Necesitamos una revolución no violenta y constante que le recuerde a nuestro gobierno que el poder reside en el pueblo, por lo que ha de respetar nuestra voluntad.

Si pretendemos que se nos tome en cuenta, debemos entonces participar, interesarnos por lo que sucede en el país, por cómo están conformadas nuestras leyes y revisar aquellas que alejan la voluntad ciudadana de la toma de decisiones. Verificar el modelo económico y averiguar por qué no funciona. Hacernos preguntas respecto a por qué México no ha conseguido la seguridad alimentaria, cómo es que a partir del libre comercio se comenzó a matar al campo y cómo esto está contribuyendo a la pauperización de ciertas comunidades. Identificar si se está cumpliendo el contrato social y dónde está fallando, si todos y todas las ciudadanas tenemos acceso a los mismos derechos, por qué no y a quién sirve esto. Cuestionarnos todo esto y más, averiguar las respuestas y exigir que se cumpla aquello en lo que se está errando.

Si pretendemos vivir en una democracia, debemos ganarnos ese derecho. Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pero merecer implica una participación constante para interesarnos por lo que sucede en el país, y asegurarnos de que ningún hombre o mujer decida a nuestro nombre sin tomarnos en cuenta. Si realmente hiciéramos valer nuestros derechos, no importaría quién llegara al poder, pues tendría que respondernos a nosotros, quienes jamás debemos de bajar la guardia para evitar que una vez ganada la democracia, esta vuelva a convertirse en tiranía.

Esta columna fue publicada el 3 de noviembre de 2014 en Diario de Colima.

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A Un Mes


AYER se cumplió un mes del asesinato de tres estudiantes y tres civiles, así como de la desaparición forzada de 43 normalistas, sin que las autoridades hayan podido dar razones satisfactorias sobre su paradero. Hasta el momento, lo único que ha quedado claro es la indignación social y el hartazgo de la gente ante los abusos de poder que se cometen desde el Estado, en una crisis que amenaza con escalar si es que no se da una respuesta pronta.

Ha sido conmovedor observar la solidaridad de jóvenes y adultos dentro y fuera de México hacia los familiares de los estudiantes, que han salido a las calles a manifestarse para exigir que se aclare lo sucedido y se procese a quienes resulten responsables, tanto por acción como por omisión. Entre los que han caído hasta el momento está el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, quien se vio forzado a solicitar licencia por la creciente presión social, para tratar de minimizar el costo político para el PRD, aunque quizás la decisión se tomó demasiado tarde.

Entre las lecturas que se le ha dado a este conflicto está precisamente la del desmoronamiento de las izquierdas, específicamente del PRD, debido a que tanto el Gobernador como el Alcalde prófugo vinculado al narco, habían llegado al poder bajo su auspicio. Dicho partido había hecho de uso común el aprovechar el carisma de personajes de otros abanderamientos para postularlos y así lograr ganar puestos públicos, sin preocuparse en demasía si su candidato compartía la ideología partidaria, o por asegurar la probidad de la persona que estaban impulsando.

Las consecuencias de esta actuación se hicieron evidentes en Guerrero, donde el PRD postuló para gobernador a Ángel Aguirre después de que el PRI decidiera impulsar a alguien más. Si bien existen acusaciones y rumores no probadas sobre los vínculos de Aguirre Rivero con el crimen organizado, específicamente con el cártel de los Beltrán Leyva, los hechos han evidenciado que el presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, sí los tenía, siendo el vínculo el parentesco de su esposa, María de los Ángeles Pinedo, quien tiene dos hermanos que supuestamente pertenecen al grupo Guerreros Unidos, involucrado en la desaparición de los estudiantes normalistas.

Aun cuando no se puedan probar los vínculos del defenestrado Mandatario con el narcotráfico, ni éste ni el partido al que pertenece pueden eludir su responsabilidad, el primero porque era su obligación estar enterado de lo que sucedía en su estado, y el segundo, porque fue a través de su abanderamiento que, tanto Aguirre como Abarca, llegaron a ocupar sus puestos. El involucramiento de Ángel Aguirre es, entonces, ineludible, ya que la posición que tenía en Guerrero no le permitía ignorar lo que estaba sucediendo en uno de sus municipios, que claramente estaba tomado por el crimen organizado, por lo que, por acción u omisión, es directamente responsable de lo ocurrido en Ayotzinapa.

Aunque el Gobierno Federal intente descargar toda la responsabilidad tanto en Aguirre como en Abarca, y lucrar políticamente con el daño que esto le produzca al PRD, lo mismo aplica para éste, pues si la posición del ahora ex gobernador no le permitía ignorar lo que ocurría en uno de los municipios de la entidad a su cargo, tampoco el presidente Enrique Peña Nieto puede darse ese lujo, por lo que también la administración federal tiene responsabilidad por ineficiencia, negligencia o complicidad, y así como tuvo un costo político para el PRD lo sucedido en Ayotzinapa, también lo está teniendo para el PRI, como se ha visto con las publicaciones de periódicos internacionales que antes alababan al joven Presidente, y que hoy dicen que el “Mexican moment” quedó sólo en la letra de las reformas estructurales, pero no en los hechos, por lo que el PRI no puede dejar que la indignación de las y los mexicanos, y de las personas de otros países del mundo que se han solidarizado con la gente de México, permanezca durante mucho tiempo para lucrar políticamente.

La situación ya parece estarse escapándosele de las manos, por lo que debe de ofrecer resultados contundentes sobre el paradero de los muchachos, antes de que escale a niveles incontenibles.

Lo sucedido, sin embargo, debe ser tomado en cuenta por todos los partidos políticos que sólo se interesan por postular a un candidato o candidata sólo por su carisma o popularidad, pensando en que les garantice el triunfo en las elecciones, sin considerar si es la mejor persona para ocupar el puesto.

México está en crisis y el sistema electoral nos deja en manos de las y los candidatos que elijan los partidos políticos, como únicas opciones para poder votar. Las candidaturas ciudadanas están en pañales, y el sistema casi garantiza su desventaja ante la estructura de los partidos, por lo que será de entre sus abanderamientos de donde saldrán las y los líderes que habrán de representarnos, por lo que entonces no pueden ser tan cínicos, tan irresponsables, como para apoyar a alguien sólo por su carisma o popularidad.

A estas alturas, ante los hechos que vivimos, se debe pensar en la preparación y la capacidad de quienes van a ocupar las candidaturas para resolver los problemas que enfrentamos. Valorar su experiencia, su trabajo, su probidad y sus relaciones, no en los votos que les puedan asegurar. No se trata de ganar por ganar, sino de mantener en alto una ideología, que es la de servir al país, a los estados. Ya no podemos darnos el lujo de nada más.

POST SCRIPTUM

Siempre he mantenido que la única forma de lograr un gobierno que merezcamos como ciudadanía es a través de un movimiento no violento, por lo que de ninguna manera apruebo el uso de la violencia durante las manifestaciones. Sin embargo, se debe recordar que estos movimientos suelen ser infiltrados con el objetivo de deslegitimarlos, y que la causa que se persigue sigue siendo legítima, a pesar del resultado de estos actos agresivos.

También es importante señalar que los cambios se hacen a través de la presión social que una masa crítica ejerce sobre sus autoridades, lo cual puede involucrar acciones que desestabilicen la rutina de la ciudadanía, lo que en ocasiones es intencional, para así aumentar la presión a nuestros representantes populares de los no participantes, para que éstos honren el pacto social y actúen conforme a derecho.

Definitivamente, es molesto, pues nos altera nuestro día a día, pero hay que recordar que la otra opción en que la gente puede incidir para cambiar el tipo de gobierno una vez que el voto dejó de ser una de ellas, es a través de la violencia, lo que además de dañar en mucha mayor medida el estilo de vida de ciudadanos y ciudadanas, implica la represión de aquellas personas que no compartan la forma de ver las cosas del grupo que la ejerza, por lo que garantiza la llegada al poder del mismo sistema autoritario que se intenta corregir.

Por lo anterior, considero que debemos tener paciencia ante las manifestaciones y ser más críticos ante la información que se nos muestra, para poder discernir entre los hechos y la realidad. No hay atajos para alcanzar la democracia genuina.

Esta columna fue publicada el 27 de octubre de 2014 en Diario de Colima.

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México colapsado


SOBRE la tragedia que aconteció hace 3 semanas en Ayotzinapa, la única posición decorosa es la de la indignación pública, y cualquier lectura sobre los hechos que se han ido revelando debe producirnos una gran preocupación, pues nos está mostrando que el tema va más allá de la violación sistemática de Derechos Humanos, que estamos lidiando con las consecuencias de un Estado fallido.

Si bien los Derechos Humanos están contenidos en la Constitución y en los Tratados Internacionales que México ha firmado, para aplicarlos se necesita que existan instituciones que los reconozcan, los protejan y los garanticen. Dichas instituciones van desde las más elementales, como lo son los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, hasta las específicas, como las procuradurías de los estados y las comisiones relativas a Derechos Humanos.

El pacto social, formulado por Jean Jacques Rousseau, define la creación del Estado, su razón de ser y la relación entre la autoridad y la sociedad. En él, las y los ciudadanos admiten la existencia de una autoridad, a la cual le otorgan el poder para hacer cumplir las normas y leyes. Cuando el gobierno ya no es capaz de hacerlo, o bien, cuando sirve a otro poder fáctico, desatiende su objetivo principal, por lo que falla al garantizarle a la ciudadanía sus derechos. Sucedido esto, el pacto social ha perdido su razón de ser, poniendo a las y los gobernados en una situación de incertidumbre, toda vez que éstos han cedido su libertad en función del pacto, lo que implica que no cuentan con las herramientas adecuadas para defender sus prerrogativas.

Lo que acaeció en Iguala, muy cerca del 46º aniversario del 2 de octubre, además de la indignación y el duelo nacional que provoca, nos debe llevar a la reflexión sobre lo que está pasando en todo México, donde las protestas populares tienen la mala costumbre de terminar en masacres. Porque no es sólo Ayotzinapa, también está el secuestro de estudiantes que colgaban mantas en Monterrey por parte de la policía Fuerza Civil, por citar dos casos recientes. Pero además están Tlatelolco, el Halconazo, Acteal, Aguas Blancas, Atenco y muchas otras matanzas sin nombre que se unen a las que sí lo tienen. Esto sin desmerecer las violaciones a los Derechos Humanos por parte de los militares y los elementos de la seguridad pública, que son constantes.

Lo anterior no sólo nos hace asumir que los Derechos Humanos no son protegidos en México, sino que además no hay instituciones que los hagan valer, pues aun cuando existen algunas creadas específicamente para ello, éstas sólo funcionan en el papel, sin que en los hechos logren investigar lo acontecido y procesar a los responsables, además de implementar medidas para asegurar que lo ocurrido no vuelva a pasar.

En el asunto de Ayotzinapa, el que el ataque a los normalistas y su posterior secuestro se haya llevado a cabo en comparsa entre la policía municipal y la organización delincuencial Guerreros Unidos, nos hace sumar a esa inexistencia factual de las instituciones del Estado un acuerdo entre éste con grupos ajenos a la sociedad, lo que es incongruente al contrato social original debido a que está sirviendo a otro poder, lo que resulta inconsistente con el mismo y da como resultado un Estado que ha perdido su razón de ser, en pocas palabras, un Estado fallido. Esto último es en el caso específico de Ayotzinapa, pero el análisis pudiera aplicarse en cualquier otra entidad federativa, e incluso en el Gobierno Federal.

El 11 de agosto pasado, Amnistía Internacional publicó el llamado de diversas organizaciones de la sociedad civil (OSC) a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para realizar una visita oficial en el país, y atestiguar la brecha entre la retórica y la realidad en México, respecto a las violaciones que aquí suceden contra el discurso oficial. En el exhorto, señalan que México vive una crisis en esta materia que les lleva a hacer un llamado de emergencia a las instancias internacionales de Derechos Humanos. Las OSC indican que la realidad en el país incluye a personas desaparecidas, ejecutadas, torturadas o víctimas de la violencia impune. También ponen de manifiesto su preocupación ante la militarización de la seguridad pública.

En lo que respecta a los derechos económicos, en el documento mencionan que se vive una etapa de retrocesos provocada por las reformas estructurales, “que concentran las riquezas del país en las manos de unos cuantos, precarizan el trabajo e imponen a la población los costos de un despojo de los recursos naturales. Para mencionar un solo ejemplo, el esquema impulsado por el Gobierno Federal en materia de hidrocarburos es hoy la principal amenaza que pesa sobre el derecho de los pueblos y comunidades a su tierra y territorio”.

Bajo esta perspectiva, el objetivo de la administración federal, lejos de ser el conjunto de sus gobernados, lo son sólo aquellos que cuentan con una economía significativa, lo que modificaría el pacto, convirtiendo en ciudadanas y ciudadanos no a toda persona mayor de 18 años de edad, sino únicamente a quienes, además de adquirirla, puedan pagar.

En resumen, las tragedias ocurridas en México son muestra de un Estado que está colapsando, porque dejó de responder a su pueblo, y ha sido tomado por otros poderes que lo limitan y en algunas partes incluso lo suplen. La militarización de la seguridad pública ha provocado una exaltación de la violencia que se vive tanto en los cuerpos de seguridad pública, como en la población y en los grupos de la delincuencia organizada, provocando un círculo vicioso que crea la percepción de que nada más mediante la violencia es posible lograr algún resultado. Es verdad que el gobierno no ha de tolerar que los ciudadanos en sus manifestaciones cometan actos vandálicos, pero tampoco debe criminalizarlos y atacarlos, como sucedió en Puebla, donde un menor de edad perdió la vida por una de las balas de goma lanzadas por elementos del Estado.
Esas expresiones tienen que ser vistas por las autoridades como el reclamo del pueblo organizado, no como el enemigo que ha de ser combatido.

El Estado no debe usar la fuerza pública para atacar a su pueblo, ya que es una total contradicción cuando ésta fue creada para protegerlo; todo gobierno que tiene que recurrir a la fuerza para legitimarse, es porque no habría de estar ahí, en primer lugar. Enrique Peña Nieto puso un gran empeño en sacar las reformas estructurales y nos demostró que es capaz de obtener el consenso suficiente para llevar a cabo lo que desea, por lo que debe entonces, en estos 4 años que le quedan, poner énfasis en recuperar el tejido social y darles una vida real a las instituciones, para así conseguir que dejemos de ser el país de la retórica y la simulación, para construir uno sólido, pues el México de hoy se está desmoronando.

Esta columna fue publicada el 20 de octubre de 2014 en México colapsado

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La Herida Sigue Abierta


EL marco del 2 de octubre nos lleva casi por reflejo al recuerdo de lo ocurrido hace 46 años en la Ciudad de México, donde una cantidad indeterminada de estudiantes y simpatizantes del movimiento estudiantil del 68, que oscilan entre 200 y mil 500, según fuentes confiables, fueron cercados y masacrados en la Plaza de las Tres Culturas, y sus cuerpos desaparecidos, probablemente basados en la creencia de que no existe crimen si no hay un cadáver que lo compruebe.

La cicatriz que este acto de barbarie dejó en la sociedad mexicana no ha podido aún sanar completamente. Se recuerda a través de generaciones, quienes todavía se indignan al leer o ver los documentales que se han elaborado al respecto, o incluso al platicar con personas que vivieron dicho momento, pero que por alguna razón no estuvieron en Tlatelolco ese fatídico día, o que participaron y sobrevivieron. Mi madre fue una de ellas.

Cuando se inicia octubre y resurge el tema sobre la matanza de Tlatelolco, siempre menciona: “A mí me persiguieron los granaderos en el 68″, cómo preámbulo para comenzar a hablar de lo que significó para ella haber vivido esos momentos. Así, nos cuenta que muchos estudiantes, como mi mamá, no entendían bien el origen del movimiento, pero se unían a sus compañeros por una mezcla de solidaridad, rebeldía y la euforia que les provocaba el saber que se estaban transgrediendo las reglas.

Ella estudiaba en la Vocacional #7, ubicada en la Plaza de la Tres Culturas, que era uno de los centros de las reuniones más importantes de los huelguistas. Por su corta edad (tenía alrededor de 15 años), no se interesaba en averiguar los detalles de lo que estaba ocurriendo, pero eso no le impedía percibir la angustia de sus compañeros mayores, y compartir el pavor que sentían dentro de la escuela. Me cuenta que una de las sensaciones más difíciles de asimilar era cuando notaban la ausencia de algún alumno, ya fuera compañero o amigo, y entonces preguntaban: “¿Por qué no vino fulanito?”, o “¿dónde está zutanito?”, y escuchaban la respuesta: “Se lo llevaron y aún no ha aparecido”.
Recuerda que los adultos también simpatizaban con el movimiento, apoyando varias marchas, o incluso aportando víveres. En alguna ocasión, nos platica, la enviaron junto con otros estudiantes a recolectar comida; ella fue a la “Panadería Acapulco”, con la intención de pedir “pan para la causa”.

Al salir del negocio, unos granaderos que iban pasando vieron al grupo de estudiantes, entre los que se contaba mi madre, a quienes identificaron inmediatamente como parte del movimiento de huelga, por las charolas cargadas de pan que llevaban. Mi mamá alcanzó a verlos antes de salir y dejó una de las bandejas para que no la relacionaran con los huelguistas, y se fue caminando junto con sus compañeros. Apenas habían dado unos pasos, cuando notó que los elementos los seguían amenazadoramente, por lo que empezó a correr con sus amigos.
Mientras corría, se percató de que los granaderos iban tras ellos, lo que le recordó las veces que había preguntado por sus compañeros ausentes y la típica respuesta que le daban: “Aún no ha aparecido”. Ella no quería ser una desaparecida más.

El corazón se le salía del pecho por la combinación del miedo y la adrenalina. Decidida a que no la agarraran, dejó de voltear a ver a sus perseguidores y continuó corriendo con todas sus fuerzas. Pasaron algunos minutos y aunque sospechó que ya no la seguían, continuó su carrera hasta llegar a su casa, donde por fin se sintió segura de haber escapado de sus perseguidores.

A pesar de su miedo, no compartió el incidente inmediatamente con sus padres, sino hasta después de varios días. Cuando por fin les platicó, les explicó que su escuela, la Vocacional #7, era uno de los planteles más involucrados en el conflicto.

Pasaron pocos días luego de que mi madre les contara, para que ellos determinaran enviarla a Colima, junto con mi tío, su hermano menor, por miedo a que la situación escalara más y sucediera alguna desgracia. Antes, mi abuelo había ido a buscarlos a “la Voca #7″ y encontró a mi madre pintando camiones con las consignas de “muera Cueto”, “muera Mendiolea”, “abajo Díaz Ordaz”. Se los llevó ese día, enviándolos a Colima para que aquí continuaran sus estudios.

Poco después, cuando mi mamá se enteró de lo acontecido el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, sintió terror y tristeza, pero tuvo la certeza de que sus padres le habían salvado la vida con la decisión de sacarla de la Ciudad de México, pues al haberse convertido la Vocacional #7 en una de escuelas más participativas en el movimiento y junto a la plaza donde ocurrió la masacre, seguramente ella habría estado ahí ese día y hubiese compartido el destino de sus compañeros y compañeras, a quienes jamás volvió a ver, porque nunca más aparecieron.

Historias como éstas abundan, algunas mucho más trágicas y sin un final tan afortunado. La generación que vivió el movimiento del 68 todavía esta aquí para contar sus experiencias de supervivencia, y en espera de justicia para sus compañeros y compañeras desaparecidas.

La masacre del 68 es una herida que sigue abierta porque significa una traición del gobierno a la gente, a la cual se supone que se debe y por la que trabaja. Y no ha podido cerrar porque va acompañada de la peste que es la impunidad, que le impide sanar correctamente. Porque actos como ese continúan sucediendo, aunque de forma más velada, sin que existan consecuencias para los responsables. Ahí está el halconazo (1971); ahí está Atenco; ahí está Acteal; más recientemente, ahí están los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa; ahí está la ejecución de personas desarmadas en Tlatlaya.

Es una herida que no cierra porque aún no deja de sangrar, porque no hemos aprendido de nuestros errores. Quizás la matanza del 2 de octubre de 1968 haya sonado más porque no pudieron ocultarla adecuadamente, porque fueron tantos los asesinados, que se les salió el caso de las manos, o quizás porque no eran indígenas defendiendo sus tierras, porque eran jóvenes pertenecientes a la élite que tiene el privilegio de ir a la escuela, de personas visibles captadas por cámaras, de ciudadanos y ciudadanas de primera. Pero eso no indica que acciones como la del 68 hayan dejado de ocurrir, aunque en menor escala, sólo que no hemos sabido hacia dónde mirar, o hemos preferido no hacerlo.

P.S. Alumnos del Politécnico protestaron por las reformas que se hicieron en su escuela, que consideraron transgredían sus derechos. Las imágenes transmitidas por televisión y las fotografías de las marchas nos abrumaron por la participación ciudadana, recordándonos el movimiento de hace 46 años, a unos días de su aniversario. Afortunadamente, hasta el momento, los estudiantes han sabido comportarse a la altura de las circunstancias, manteniendo las manifestaciones pacíficas. De la misma forma, las autoridades han respondido adecuadamente, abriendo la puerta al diálogo y suspendiendo las enmiendas en cuestión. Esperemos que se encuentren las soluciones correctas entre ambas partes, en un ambiente de cordialidad, respetando los Derechos Humanos de los estudiantes, así como su libertad a manifestarse. México estará observando.

Esta columna fue publicada el 6 de octubre de 2014 en La herida sigue abierta

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