MGF  


El viernes pasado, Amnistía Internacional (AI) compartía una fotografía donde se apreciaba una rosa blanca con parte de sus pétalos cosidos para cerrar la abertura de su corola, dejando libre sólo una minúscula porción en uno de sus extremos. La leyenda bajo la imagen decía: “Hoy 6 de febrero es el Día Internacional de Tolerancia Cero a la Mutilación Genital Femenina”.
La foto compartida por AI, sin embargo, apenas nos puede dar una idea del horror que significó la MGF (como se le abrevia) para 135 millones de mujeres y niñas, más las aproximadamente 2 millones a las que se les practica cada año. La realidad dista de ser tan romántica, tan sutil y tan estética como unos pétalos unidos por un hilo; representarlo así es, como leí en alguna ocasión en un blog, “menospreciar la capacidad humana para la barbarie”,1 cuando las imágenes originales son tan grotescas, tan hirientes, que se vuelve morboso mirar.

Si fuéramos leales a la realidad, la fotografía sería muy distinta. Mostraría la vulva de una mujer, a la cual se le han retirado, por medio de una escisión, los labios menores y el clítoris, dividida por una cicatriz unos tonos más oscuros de su color original, con una pequeña abertura posterior que tiene la finalidad de permitirle excretar fluidos, como la orina o la sangre menstrual. Como mencioné supralíneas, la imagen es mucho menos estética.

Este es uno de los procedimientos que, por razones culturales, se les realiza a las mujeres, sobre todo en países de África y Medio Oriente, aunque también hay reportes de prácticas similares en Naciones asiáticas, algunas tribus latinoamericanas y hasta en países “occidentales”, como Canadá, Estados Unidos, Inglaterra y otros de Europa. En todos, el motivo último es el de controlar la sexualidad femenina, lo que constituye un acto de discriminación que viola los Derechos Humanos de las mujeres, así como de las niñas, pues la mayoría de estos procedimientos se efectúa antes de los 15 años de edad. Es importante señalar que en la mayoría de estos países la MGF está prohibida, pero sus gobiernos invierten muy pocos recursos por detenerla de facto.

Equivocadamente, se ha creído que esta práctica está relacionada con la religión islámica, lo cual ha contribuido más al rechazo a esta fe que al entendimiento y posterior erradicación de esta abominación. Las razones por las cuales se lleva a cabo varían de acuerdo a la denominación geográfica. En algunos lugares, se hace por higiene, ya que se considera que el clítoris es capaz de envenenar a los hombres mediante el contacto, así como a los bebés a la hora de parir. En otros sitios, constituye un pasaje de la niñez a la edad adulta, y es un requisito para contraer matrimonio y formar parte de la sociedad, ya que se piensa que este procedimiento reduce la libido femenina, lo que las previene de cometer actos de adulterio, pues al reducirse tanto la abertura vaginal, el coito resulta extremadamente doloroso.

Un amigo mío de Sudán compartió en una clase de género la experiencia de un amigo suyo en su noche de bodas. A la mujer con la que se casó, como a la mayoría de las mujeres de su tribu, se le había practicado la infibulación, que es el más extremo de estos procedimientos, y el cual describo en párrafos anteriores;2 la abertura vaginal había resultado ser tan estrecha, que su amigo tuvo que hacer un gran esfuerzo para abrirla, lo que significó momentos de tortura para su esposa. Tiempo después, al parir a su primer hijo, los facilitadores médicos volvieron a coser la abertura vaginal, para permanecer fieles a la costumbre, sin que el dolor que ella pudiera sufrir, en actos sexuales posteriores, fuera relevante.

Se puede decir que estas usanzas son parte de la cultura de esas regiones, y que deben de respetarse por lo mismo, no obstante, estas mujeres están siendo víctimas de una forma de pensar que las considera meras posesiones masculinas, que llegan al extremo para asegurarse de que no buscarán estar con otro hombre, por lo que habría que preguntarse: ¿Qué tan libres son para elegir ser mutiladas de esta manera?, ¿qué tanta presión social reciben las madres y los padres de las mujeres de estos lugares para realizarles la MGF a sus hijas?, ¿qué tanta información acerca de su propia biología o de sus derechos tienen estas niñas?, ¿ha de respetarse una costumbre como esta sólo porque se considere algo cultural?

Si a la última pregunta hubo quien haya pensado en responder “sí”, tome en cuenta entonces la práctica de algunas tribus africanas de comerse a las personas albinas por creer que tienen propiedades mágicas; la masacre de focas bebés por varios países nórdicos, e incluso la tortura y posterior asesinato de los toros en diversas regiones de España y Latinoamérica. Sí, así como muchos no pueden ver la barbarie que esta última costumbre representa, muchas personas de las zonas donde la MGF es parte de su tradición tampoco son capaces de observarla.

En México, la práctica de la MGF no es común, pero esto no indica que las mujeres no sean sujetas de discriminación o de actos que pongan en peligro sus vidas. Una gran cantidad de mujeres, niñas y jovencitas sufren violencia física y sexual por parte de sus parejas o de sus progenitores, que en una cantidad alarmante de ocasiones dañan permanentemente su integridad física o matarlas. Detrás de esta agresión está la sensación de pertenencia de parte de los hombres sobre “su” o “sus” mujeres, la cual es perpetuada por la misma sociedad, así como por el sistema en el que vivimos, que no puede implementar políticas adecuadas para asegurar a las mujeres una vida libre de violencia, quizás por miedo a que se ofenda la masculinidad de los gobernantes, al señalarles que no son capaces de proteger a las mujeres de su estado. Antes que nada, hay que defender la hombría (es sarcasmo).

También está la violencia sutil que intenta controlar nuestros cuerpos, aquella que nos obliga a matarnos de hambre para ajustarnos a la talla correcta, en la cual podamos ser deseadas. La que nos lleva a pintarnos el cabello para evitar que se nos note la edad, ya que las mujeres no tenemos derecho a envejecer, a diferencia de los hombres, cuya belleza se acentúa en las canas. Aquella que persuade a muchas de mutilar su cuerpo para tener la cintura perfecta, la cantidad de grasa justa, la talla de busto admirable o el trasero envidiable. Esto, por supuesto, no es comparable con el grado de tortura que supone la Mutilación Genital Femenina, pero parte del mismo principio: el control de los hombres sobre el cuerpo de las mujeres.

1 http://mexicointacto.blogspot.mx/2010/05/odiosas-comparaciones-mutilacion.html.

2 Hay otros menos extremos, pero igualmente violentos, que son la clitoridectomía: resección parcial o total del clítoris; y la escisión: resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores. La infibulación consiste en el estrechamiento de la abertura vaginal para crear un sello mediante el corte y la recolocación de los labios menores o mayores, con o sin resección del clítoris.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 9 de febrero de 2015.

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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