Dos Temas Distintos  


Hay algunas afirmaciones que no pueden ir seguidas de la palabra “pero” sin perder completamente su valor, probando exactamente lo contrario a lo que se pretende aseverar. De esta forma, no es posible hacer comentarios como “yo no soy racista, pero…”, “yo no soy machista, pero…”, ya que es muy probable que la condición que se le ponga a la afirmación acabe por demostrar exactamente lo contrario de la misma. En ese contexto, no se puede decir: “Yo defiendo la libertad de expresión, pero los de Charlie Hebdo provocaron el ataque”, o “condeno lo sucedido con la revista, pero la libertad de expresión no tiene que usarse para ofender las creencias de los demás”.

Existe toda una discusión sobre si la libertad de expresión debería ser absoluta, o tener límites, pero lo que muchas personas no han terminado (o comenzado) de entender es que este debate no cabe cuando se habla del ataque al semanario satírico que acabó con la vida de 12 personas, ya que al hacerlo estamos justificando el atentado, el cual es terminantemente injustificable.

Los argumentos varían mucho, pero básicamente se centran en si las publicaciones de la revista estaban provocando la rabia de los musulmanes, al ser irrespetuosas. La realidad es que esta pregunta resulta una trampa, porque si la conclusión es que sí, que incitaban su furia, entonces estamos aceptando que es entendible que cualquier grupo que se sienta ofendido con una caricatura, columna, nota o reportaje, de cualquier medio, o incluso de alguna persona determinada, pueda responder de la manera en que lo hicieron los yihadistas que atacaron Charlie, lo cual no tiene cabida en el mundo actual, que se dice ser civilizado. No es aceptable en un país en donde existe el Estado de Derecho.

Las leyes que nos rigen, y bajo las que consentimos vivir, cediendo algunas de nuestras libertades, son aquellas que establecen cómo hemos de actuar si nos sentimos agraviados. En países con legislaciones avanzadas, como Francia, no existe el derecho a la venganza por cuenta propia. Si una persona ofende a otra, y ésta busca una satisfacción, debe hacerlo a través del sistema judicial, quien decidirá si hay elementos o no para una reparación del daño, y quien definirá la forma en la que se hará.

El que se realice de esta manera podrá no satisfacer el impulso inicial de usar la violencia para limpiar el agravio, pero garantiza que el castigo, de existir éste, sea legal. Para eso hay un tipo penal que determina los elementos que deben existir para que se constituya un delito, un periodo de presentación de pruebas, donde su valoración se hará de acuerdo a la calidad de las mismas, por una persona ajena al conflicto, que no se deje llevar por un favoritismo, o por sus pasiones. De esta forma no se dejan las cosas al azar y se termina castigando a una persona de manera errónea.

Lo que sucedió en París fue que un reducido grupo de extremistas religiosos concluyeron que les ofendía lo publicado en Charlie Hebdo y optaron por buscar venganza por propia mano, determinando que ellos estaban por encima de la legislación francesa y que tenían derecho a castigar a sus ofensores. Así, decidieron irrumpir en las instalaciones del semanario, y asesinar a sangre fría a 12 personas. Eso no es justificable ni entendible.

Personalmente, me preocupa que a raíz de este suceso muchas personas se hayan vuelto contra las víctimas, culpándolas por lo que pasó. Me causa particular consternación la declaración del Papa Francisco, quien posee una influencia importante entre quienes profesan la religión católica, pues afirmó que la libertad de expresión tiene sus límites, ya que cada creencia tiene su dignidad, que “uno no puede provocar, uno no puede insultar la fe de los demás, uno no puede hacer burla de la fe”. Para ejemplificar su dicho, añadió, refiriéndose a su organizador, Alberto Gasparri: “Si mi buen amigo, el doctor Gasparri, dice una ofensa contra mi madre, puede esperar un puñetazo. Es normal. Es normal. No puedes provocar. No puedes insultar la fe de los demás. No puedes burlarte de la fe de los demás”.

La realidad es que, con estas palabras, el Pontífice está normalizando la violencia y justificando el asesinato en el nombre de la fe. Si alguien injuria a la madre de alguien más, no se debe responder con un golpe, sino que hemos de tener la civilidad suficiente para no entrar en conflictos innecesarios. Si alguien ofende la religión de otro, no se debe recurrir a la violencia para limpiar el agravio. Si la ofensa cometida es tan grave, que atenta contra la dignidad de la persona y causa daño físico o moral, existen instrumentos legales a los cuales recurrir.

Que quede claro que en esta columna no estoy discutiendo si la libertad de expresión debiera o no tener límites, ese tema lo dejaré para otro momento, por ahora, insisto, no es posible mezclar los dos asuntos, ya que no se puede justificar de ninguna manera que se asesine a las personas por sus ideas.

Esta columna se publicó en Diario de Colima el 19 de enero de 2015

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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