Ley chaleco


HACE algunos años, cuando vivía en Costa Rica, me tocó la implementación, por parte del Ministerio de Vialidad, de ciertas medidas de seguridad para los motociclistas. Mediante un decreto, a los conductores de motos se les requería la utilización de unas bandas reflejantes en la espalda, que bien podían usarse en un chaleco, o bien, cruzadas sobre la espalda. Dicha medida no les cayó bien a los ticos, quienes la acataron a regañadientes porque el Ministerio, al imponerla, argumentaba su propia seguridad, ya que esto los hacía más visibles para los conductores de automotores, sobre todo por la noche.

En Colima, sin embargo, como en otros lugares de México, se está intentando implementar una ley que obligue a motociclistas a adquirir un chaleco y un casco con el número de placa impreso en él, alegando que en los últimos años se han estado cometiendo delitos empleando estos vehículos.

La diferencia entre ambas disposiciones es que la primera está hecha pensando en la seguridad del conductor, mientras que la segunda se toma por una carencia de parte de las autoridades, quienes no han sido capaces de garantizar la seguridad a la ciudadanía, y optan por criminalizar a las y los conductores de motocicletas.

Esta medida levantó polémica desde el momento en que fue anunciada, no sólo porque a ningún motociclista le agradó la idea de llevar el número de la placa pegada en su espalda, como si de un reo se tratara, sino porque la disposición da lugar a muchas preguntas, cuyas respuestas se vuelven preocupantes.

Como por ejemplo, ¿qué va a pasar con los motociclistas que no sean originarios del lugar, pero visiten o pasen por nuestro estado?, ¿se les va a obligar a ellos a adquirir un chaleco antes de venir?, ¿se les va a decomisar la unidad si no lo portan o se les va a disculpar por no ser originarios de la entidad? Si se les exonerara, ¿no sería esto discriminatorio para los ciudadanos y las ciudadanas de Colima?

En caso de que se apruebe, ¿cómo se va a implementar? Supongamos que un conductor de motos no trae impresa la placa en su chaleco, el o la policía que se dé cuenta, lo hará cuando el motociclista pase y le muestre su espalda ¿qué va a ocurrir ahí?, ¿se le va a perseguir hasta detenerlo?, ¿se le va a disparar si no lo hace? Deberían de pensar si esta ley no estaría provocando más tragedias de las que pretende evitar.

Las autoridades colimenses deberían considerar que, lejos de disminuir la delincuencia, esta medida podría aumentarla, ya que los criminales que quieran hacerse de una motocicleta para cometer un delito, tendrían que buscar también robar el chaleco, lo que podría provocar que éste o ésta sea atacada. Por otro lado, en caso de que, efectivamente, se trate de sicarios, ¿que les impediría clonar una prenda para cometer el delito?

Considero que se debería de pensar en formas de disminuir este tipo de criminalidad sin atentar contra las garantías de la ciudadanía. Es cierto, vivimos momentos de mucha violencia, pero no estamos en un Estado de excepción, no hay toque de queda. Si en Colima la única forma de combatir la inseguridad es eliminando los derechos humanos, entonces nos encontramos en graves problemas, los cuales no se van a resolver con la implementación de una prenda estigmatizante.

Porque si ésta es la única forma de parar la violencia, entonces hagamos las cosas en serio y pintemos el número de la placa de los automóviles en el techo o en el cofre, para que de esta manera sean visibles desde el aire, y que el helicóptero del Gobierno del Estado los lea fácilmente. O podríamos también tatuarnos nuestra CURP en la frente, y obligar a todas las personas que vengan a Colima a pintarse la clave temporalmente con henna; o incluso hacer un sistema con código de barras que podamos imprimir en el brazo, para que sea mucho más sencillo para los elementos de seguridad identificarnos; al fin que esta última figura ya fue implementada alguna vez en la historia, por lo que ni siquiera sería una novedad.

Afortunadamente, la gente no se ha mostrado pasiva ante este claro intento de violación de sus garantías, y ha protestado pacíficamente en contra de la medida, lo cual ha generado que el Gobierno del Estado considere vetar la que se conoce ya como la “ley chaleco”, lo cual sería una acción inteligente y justa de parte del Gobernador. Esperemos que así suceda.

POST SCRIPTUM

Ayer se terminó el sueño mexicano y fuimos eliminados del Mundial. La afición mexicana se quedó con un mal sabor de boca debido a que el gol del desempate se dio gracias a un penal, por una falta cometida hacia el veterano goleador holandés Arjen Robben, quien al final del partido confesó que, efectivamente, se echó un “clavado”, disculpándose por ello.

La frustración que ayer se sintió no fue por haber perdido, pues sabíamos que la Selección Mexicana se enfrentaría ante un gran equipo, y por lo tanto iba a ser un encuentro difícil, sino porque la derrota se derivó de un mal arbitraje. Quizás México iba a perder de cualquier forma en los minutos que quedaban. Probablemente en el tiempo extra o en los penales, Holanda nos hubiera adelantado, pues la “Naranja Mecánica” apretó mientras los mexicanos se descuidaron y permitieron que el juego se desarrollara cada vez más en la portería mexicana. Pero en el futbol, el partido y el marcador pueden cambiar en cualquier momento, por lo que también se abría la posibilidad de un segundo gol de México. Nunca lo sabremos.

El hubiera no existe e independientemente de lo que haya pasado o no, la Selección Mexicana viene ya de regreso a casa después de un muy buen desempeño en Brasil, pero la confesión de Robben despierta las críticas contra la FIFA y su negativa a utilizar la tecnología actual para evitar que se cometan injusticias durante los partidos. Sus directivos han alegado que de implementarse ésta (como se hace en el tenis y en el tae kwon do) se iría contra el espíritu deportivo del futbol, sobre lo que difiero, pues en las repeticiones, las y los televidentes podemos ver claramente las trampas que cometen los jugadores y las malas decisiones de los árbitros, quienes son engañados –quiero creer– por el dramatismo de los jugadores, por lo que, al usar las tecnologías que ya existen, podrían obligar a que, ahora sí, se dé el fair play.

Esta columna fue publicada el 30 de junio de 2014 en Diario de Colima.

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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