La Esperanza Interrumpida


Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático.
Luis Donaldo Colosio, 6 de marzo de 1994.

EL 23 de marzo de 1994, ayer hace 20 años, México vivió uno de los momentos más impactantes de su historia moderna cuando se difundió la noticia de que el carismático candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, había sido herido por un disparo en la cabeza. En ese momento un hombre moría y una leyenda estaba por nacer.

Tan pronto como se confirmó su asesinato, se comenzó a utilizar el término de magnicidio para calificar el acto, pues hasta ese momento todos los presidentes de México, desde Plutarco Elías Calles, habían pertenecido al PRI, a su padre, el PRM  o a su abuelo, el PNR, por lo que se había convertido en algo natural que los candidatos postulados por el partido oficial llegaran al poder. Es así como se puede dimensionar el impacto que tuvo para la ciudadanía ese hecho.

Sin embargo, a pesar de que Luis Donaldo Colosio pertenecía a la hegemonía priista, era visto en el país como una persona que podía hacer una diferencia si lograba llegar a la Presidencia, lo cual era casi seguro. Tal idea partió de que en un principio se contemplaba a Manuel Camacho Solís como el favorito de Carlos Salinas de Gortari para sucederle, y así se le siguió observando por algunos, lo que dio origen al famoso “no se hagan bolas” que el mandatario tuvo que formular para aclarar que el postulante del PRI era Colosio y no Camacho.

Asimismo, el discurso que Luis Donaldo pronunciara por el 65º aniversario del PRI, el 6 de marzo de ese año, parecía marcar un distanciamiento con los gobiernos que hasta ese momento se habían venido sucediendo, que lo colocaba más como un representante de oposición que oficialista. “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia”, dijo, palabras que quedaron grabadas en la memoria de los mexicanos y las mexicanas, pero que también parecían un reclamo al régimen de Carlos Salinas de Gortari, lo cual molestó al Presidente, según versiones que se manejaron.

Lo anterior fue desmentido por Javier Treviño Cantú, colaborador de Colosio, quien afirmó que Carlos Salinas estaba enterado del contenido del discurso, toda vez que el mismo abanderado le pidió llevar el texto a Los Pinos para mostrárselo. Explicó que dicho mensaje tenía la intención de hacer una crítica sin que esto implicara un rompimiento con el Ejecutivo, lo cual, asegura Treviño, no molestó a Salinas, quien sólo dijo haberle sugerido “no rechazar facultades que después iba a necesitar”.

A pesar de esto, Colosio Murrieta no era visto como el favorito del Presidente, e incluso hubo rumores durante la campaña de que se le había pedido renunciar, mismas que fueron recogidas por la PGR durante la investigación del homicidio, existiendo una versión de que el jefe de la Oficina de la Presidencia, José Córdoba Montoya, le había llamado el mismo 23 de marzo, por la mañana, para pedirle que dimitiera. Lo anterior fue desestimado por la procuraduría por carecer de sustento.1

Posterior a su muerte, las dudas que se generaron en la investigación llevaron a muchas personas a especular que se había tratado de un asesinato de Estado, la forma en que Salinas se desembarazaba de alguien que se vislumbraba como un problema para la continuidad del régimen. Fuera cierto o falso que Colosio se había convertido en una piedrita en el zapato para el entonces mandatario, su muerte no lo beneficiaba en lo absoluto, al grado de que hasta el día de hoy debe cargar con el peso del rechazo de quienes aún creen en este supuesto.

Las interrogantes referentes a la investigación oscilan entre las más inverosímiles hasta las más viables. Desde los dos, o hasta tres Aburto que se manejaron; los otros presuntos implicados, cómo el clavadista; el segundo disparo que Mario Aburto asegura no haber hecho; las teorías de conspiración y hasta la misma sede escogida para realizar el acto son cuestiones que siguen causando ruido sobre lo que en realidad sucedió aquel día.

De todo lo anterior, es la última circunstancia la que personalmente me molesta más. En el video que se grabó aquel fatídico 23 de marzo, donde se puede observar a Mario Aburto acercarse hasta disparar en la cabeza de Luis Donaldo, se ve a este último tratando de abrirse camino entre un hervidero de gente que se arremolinaba a su lado. Siendo un personaje tan importante, parece incongruente que su equipo de seguridad se hubiera relajado al grado de exponerlo de esa manera. No sólo Lomas Taurinas no era el lugar ideal para hacer un evento de ese tipo debido a sus mismas circunstancias orográficas, sino que hacerlo cruzar entre la muchedumbre al terminar su discurso era absurdo. ¡Cualquier cosa podía salir mal!

Tampoco convencieron las declaraciones de Aburto Martínez, una vez que se determinó que había sido él el único asesino. Cuando le preguntaron por qué lo hizo, respondió que nunca buscó matarlo, sino que solamente pretendía llamar la atención para difundir sus ideas pacifistas, pero que la cantidad de gente que había y un golpe que recibió en la pierna hizo que se le fuera el tiro. Dicha explicación no sólo suena ilógica, sino irónica. No es de extrañar que nadie la crea.

Es quizás por la idea que existía de que era Colosio el candidato incómodo para el régimen y por las circunstancias de su muerte, por lo que, de acuerdo a Consulta Mitofsky, el 66.1 por ciento del país considera que de no haber sido ultimado, hubiera sido un buen Presidente.

La realidad es que nunca lo sabremos, no tuvo la oportunidad de cometer errores ni de encarar las barreras económicas, sociales y políticas a las que se enfrentan las y los grandes líderes. Es difícil que un solo hombre o una sola mujer puedan determinar el destino absoluto de una Nación, sobre todo de una del tamaño y con las complejidades de México, pero lo que pudiera haber sido un buen comienzo, se convirtió en un trágico final.

1 http://m.cnnmexico.com/nacional/2014/03/23/luis-donaldo-colosio-20-preguntas-a-20-anos-del-crimen

Esta columna fue publicada el 24 de marzo de 2014 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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