El peso de Cuarón


SEGÚN la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las Constituciones estatales y hasta la Declaración Universal de Derechos Humanos, todas y todos somos iguales ante la ley. Pero por más cierto que sea esto y por más que pueda ser utilizado para corregir injusticias de discriminación, no todas las personas en este país somos iguales en el volumen de nuestra voz.

Esto lo entendió perfectamente Alfonso Cuarón cuando publicó el desplegado en el cual le hacía 10 preguntas al presidente de México, Enrique Peña Nieto. Sabía que en este país (y en muchos otros) la fama incrementa notablemente el volumen de nuestra voz, por lo que si él hablaba, después del éxito que obtuvo su película Gravedad en los premios de la Academia, seguramente iba a ser escuchado. Irónicamente, se descubrió como un mexicano de peso.

Así que cuestionó y se le contestaron puntualmente cada una de sus preguntas, por lo que el cineasta mexicano lanzó una más sobre las leyes secundarias de la reforma energética: ¿Por qué no debatir?

Evidentemente, no está proponiendo un debate entre él y Enrique Peña Nieto. Me parece que es bastante claro que ninguno de los dos son expertos en el tema. Lo que Cuarón planteó fue abrir el asunto para que se conozca más sobre el mismo, que especialistas expliquen cada una de las partes y, mediante una discusión con puntos de vista encontrados, la gente pueda aclarar sus dudas y hacerse de una opinión mejor fundada sobre lo que significará en realidad la reforma energética para México.

El laureado director de cine propuso celebrar al menos tres debates en televisión abierta, en horario “prime” (de alta audiencia) y cobertura amplia, consciente de que no tiene que hacerse forzosamente de esta forma.

Personalmente, creo que lo que Alfonso Cuarón planteó es una buena idea que debería tomarse en cuenta. El tema de la enmienda energética es difícil de comprender para la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de México, debido a que se ha mitificado. Las diferentes posiciones políticas del PAN, PRI, PRD, etcétera, mantienen posturas que no son derivadas de un análisis serio basado en el debate, sino que responden a decisiones cupulares y a acuerdos políticos.

Por otro lado, la reforma energética se enfrenta ante el mito nacionalista creado desde el gobierno de Lázaro Cárdenas, con la expropiación petrolera, y mantenido por los presidentes subsecuentes, que al igual que el slogan de “Sufragio efectivo. No reelección”, convirtieron estos temas casi en un tabú, por lo que las y los mexicanos bien adoctrinados tienden a rechazar cualquier posible cambio referente a estos tópicos.

Pero no todo es mito, también hay motivos reales de preocupación, como los que mencionó Cuarón en sus preguntas, así como muchos otros que no han sido plenamente explicados, como es el caso del “fracking”, el cual se promociona en México como una de las formas que se introducirán para obtener gas “shale” y con eso bajar el precio del energético, pero no se ha hablado sobre las afectaciones que ha producido en el medio ambiente en algunos sitios en donde se ha implementado, ni los daños a la salud que provocaron, al grado de que esta práctica está prohibida o cuenta con alguna moratoria en varios países, e incluso en entidades federativas de Estados Unidos, hasta que se determinen bien las consecuencias que generan los métodos de extracción.

Tampoco se ha discutido bien lo referente al Sindicato de Trabajadores de Petróleos Mexicanos, ni se ha investigado el enriquecimiento “explicable” de su dirigente, Carlos Romero Deschamps, cuyos lujos personales y de su familia han sido ampliamente difundidos, tanto en la prensa como en las redes sociales, sin que esto levante sospechas, justo cuando se habla de que esta reforma es necesaria por la supuesta quiebra de Pemex.

Por supuesto que no creo que Romero Deschamps sea el responsable de esa situación, pero me queda claro que hay mucha evidencia para suponer que contribuye a la misma.
Preguntas como éstas y otras que surjan de la ciudadanía podrían ser tratadas en los debates (o en el debate), de ser éstos organizados, en lugar de obtener sólo propaganda en forma de comerciales, que habla de las maravillas que vendrán con la multicitada enmienda, o palabras airosas en contra, basadas más en una postura política que en razones reales. Las y los mexicanos tenemos derecho a que este tipo de modificaciones fundamentales nos sean detalladas exhaustivamente, no en discusiones bizantinas interminables, pero sí en la medida suficiente para confiar en que se está tomando la mejor decisión para el país.

Por supuesto que se puede decir que la discusión y aprobación de las leyes secundarias es algo que le corresponde a las y los legisladores, que justamente para eso existe el Poder Legislativo, pero la calidad de la democracia de cada país se puede medir por la participación de su gente, y tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores deben saber que sus votantes los escuchan y están al pendiente de lo que hacen.

Esta columna fue publicada el 12 de mayo de 2014 en Diario de Colima.

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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