Desactivar la violencia


LAS imágenes difundidas la semana pasada en el Estadio Jalisco, donde la barra de porras de las Chivas se enfrentó a golpes contra la policía, son lamentables. En los videos que se mostraron por televisión, así como en los que circularon por las redes sociales, es posible constatar el alto nivel de agresividad que se desató cuando los uniformados intentaron detener a los barristas que se encontraban encendiendo bengalas y arrojándolas hacia las butacas inferiores.

Muchos errores se cometieron para que se diera esa situación, comenzando por una deplorable organización que no puso énfasis en la vigilancia sobre quién y con qué ingresaba. Más adelante, el alcohol, la pasión desmesurada y la cultura de la violencia en la que vivimos obraron como un caldo de cultivo para que un pequeño grupo de policías se viera rebasado por la turba y terminara poniendo en riesgo su vida.

Sin embargo, además de que se deben tomar todas las medidas necesarias para que un hecho similar no vuelva a repetirse, también han de ponerse en práctica políticas públicas destinadas a frenar una ola de violencia que parece incrementar cada día, pues lo ocurrido en el Estadio Jalisco es tan sólo un síntoma de una realidad que afecta a todo el país.
Lo anterior debiera de estudiarse tanto de forma global como local, cuestionándonos como comunidad qué es lo que estamos haciendo para producir y reproducir una sociedad cada vez más agresiva y con una mayor saña a la hora de atacarse entre sí. Básicamente, analizar qué es lo que estamos realizando mal.

También creo que debemos entender que la violencia no es algo que surge espontáneamente, sino que es producto de un continuum tolerado y condonado por una comunidad que tiende a normalizarla; que está presente en el día a día, de una forma o de otra, destinada a polarizar y en ocasiones a deshumanizar a los demás, a todas aquellas personas que no consideramos como nosotras, a quienes etiquetamos como “los otros y las otras”.

Existe en diferentes versiones, algunas de las cuales ni siquiera logramos identificar, como los chistes sobre las mujeres o los homosexuales que tanta gracia causan a mucha gente. Hacer una broma sobre la poca inteligencia de las mujeres en comparación a los hombres, o la falta de masculinidad de un gay, es violencia, y no debiera de integrarse a nuestra cultura al costo de una carcajada.

Los estereotipos de los que se valen estos chistes son una manifestación de una mentalidad misógina y homófoba que debemos de evitar para prevenir que se siga perpetuando en las sociedades, ya que al hacerlo reproducimos una agresividad sistemática que priva o limita los derechos a una gran cantidad de habitantes del país, que año con año infla los números de casos en las procuradurías de los estados por violencia intrafamiliar, y que pueden llegar a escalar a crímenes de odio. ¿Cuál es la relación entre la violencia intrafamiliar y lo que se vivió en el Estadio Jalisco? Es muy probable que quien observe repetidamente una conducta agresiva, sin ninguna consecuencia para la parte que ataca, tienda a replicar estas acciones en su vida diaria.

Otra cosa que debiéramos hacer es vigilar cómo educamos a nuestros niños y niñas. Sé que suena como un cliché, pero a lo que me refiero es a implementar medidas que, desde el Estado, cuiden que en su desarrollo no se naturalicen las conductas violentas. Para esto debe incrementarse la atención en las escuelas, identificando claramente qué acciones constituyen acoso escolar, o bullying, y sancionar a los maestros y maestras que sean negligentes al momento de enfrentarse a uno de estos casos.

De la misma forma, tendría que limitarse el acceso de las y los niños a los espectáculos sangrientos, desde el box o la lucha libre, hasta las corridas de toros. Se podrá estar a favor o en contra de la tauromaquia, pero enseñar a una personita en formación que el torturar a un toro hasta la muerte es correcto, sólo porque es parte de una tradición que, por la razón que gusten, hay que continuar, es igual a condonar el maltrato animal y, por lo tanto, a naturalizar en ella el sufrimiento del otro o la otra, por cuestiones culturales.

Lo mismo sucede con el box o la lucha libre. Si bien en los deportes en general de lo que se trata es de que una o varias personas demuestren una superioridad física sobre sus contrincantes, las disciplinas en donde la intencionalidad es directamente la de vencer a sus rivales por medio de golpes o de llaves para inmovilizarles, puede provocar que los niños y las niñas observen estas acciones como usuales, y deseen reproducirlas en algún momento de su vida como una forma de empoderarse, más cuando las estrellas de estas prácticas ganan millones de dólares y viven rodeadas de lujos. Su acceso debería estar limitado a mayores de edad, igual como se restringe en las películas y obras de entretenimiento que muestran escenas sexuales explícitas o lenguaje procaz. Tendríamos que comenzar a ser individuos más prácticos y menos moralistas.

Existen muchas otras maneras en que la violencia se replica en las sociedades, en donde se pueden enumerar un sinfín de factores que se reducen a las filias y las fobias con las que vivimos diariamente, entre las que se encuentran la afición a algún equipo, nuestro partido político e incluso hasta las mismas religiones, las cuales han logrado convertirse en un medio para polarizar a la gente en lugar de enseñarle a convivir en paz y en tolerancia con otros credos y formas de pensar distintas.

No obstante, para lograr unificar nuestras diferencias es que existen las leyes, y es en su correcta y oportuna aplicación como enviamos el mensaje del respeto y de la manera adecuada para resolver los conflictos, por lo que son la impunidad y la corrupción los principales factores que nos impiden, independientemente de nuestra particular visión del mundo, vivir en un país en paz. Es por tanto que considero que las autoridades debieran empezar por aplicar la ley sin temor a llegar a las últimas consecuencias, acompañándolas con políticas públicas destinadas a disminuir la reproducción de la violencia en los sitios en donde se tenga identificada esta problemática.

Una muy buena forma era como el Gobierno del Estado de Colima lo había venido haciendo por medio de la actividad física, la cual consistía en llevar diversas maneras de recreación a determinadas colonias. ¿Qué habrá pasado con dicho proyecto? Espero que siga vigente.

Esta columna fue publicada el 31 de marzo de 2014 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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