A un año


ERA fácil imaginar que Enrique Peña Nieto no iba a encontrar un panorama halagüeño cuando tomara el cargo como presidente de México, pero aun quienes no estábamos convencidas de sus promesas en campaña, esperábamos que se rodeara de un equipo que complementara sus deficiencias y lograra hacer lo mejor posible para sacar al país adelante. A final de cuentas, independientemente de las preferencias políticas de cada quien, también vivimos en esta tierra.

Enrique Peña recibió un país dividido políticamente, asolado por la delincuencia, con la milicia en las calles y golpeado por la crisis económica de 2008. Pero a pesar del horizonte grisáceo, había altas expectativas tras su arribo, dada su popularidad en el sector que lo apoyaba. Tuvo algunos éxitos iniciales, como el Pacto por México y las expectativas surgidas de la Cruzada Nacional contra el Hambre, así como la reforma de telecomunicaciones, pero en términos generales, el primer año de Peña Nieto ha resultado claramente decepcionante.

A pesar de las críticas realizadas a la política de seguridad del ex presidente Felipe Calderón, la estrategia de Enrique Peña ha variado poco. Todavía no tenemos el Mando Único, y el Ejército sigue en las calles. El único cambio que hemos visto ha sido mediático, pues ahora no se visibiliza tanto la violencia como en el sexenio pasado, pero en la realidad, los tiroteos, los secuestros, las ejecuciones, los desaparecidos, los feminicidios, los ataques a periodistas, etcétera, siguen existiendo en un México amordazado en los medios electrónicos.

Aunado a lo anterior, Human Rights Watch, así como Amnistía Internacional, han calificado al primer año de Peña como “decepcionante” en materia de derechos humanos, destacando que la Ley General de Víctimas y la creación de la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos, aun cuando son medidas positivas, no han tenido un impacto real.
En materia económica, México ha estado viviendo una desaceleración que el Mandatario no ha logrado frenar. Si bien es cierto que la crisis es global, de acuerdo a algunos expertos, esto no explica completamente la situación del país, puesto que otras economías latinoamericanas, así como China, Estados Unidos y la Unión Europea, han logrado un crecimiento del PIB, mientras el de la nacional es más bien negativo. A principios de este año, el pronóstico de crecimiento mexicano era del 3.5 por ciento, el cual se ha ido reduciendo dada la desaceleración económica, estimando que terminaremos este periodo con un déficit público del 0.4 por ciento del PIB, con un pronóstico del 1.5 por ciento para 2014 (http://noticias.univision.com/mexico/noticias/article/2013-11-30/pena-nieto-cumple-un-ano-en-el-poder-y-no-hay-resultados-afirman-analistas#ixzz2mHXKQFav).

Las reformas estructurales que ha planteado tampoco han sido bien recibidas por la población. La enmienda hacendaria, a pesar de no presentarse con el tan temido IVA a alimentos y medicinas, fue duramente criticada por ser meramente recaudatoria y no atacar directamente el mercado informal. El resultado fue una miscelánea fiscal que no promueve la reactivación de la economía y sangra a la clase media cautiva.
La reforma educativa tampoco tuvo el éxito esperado, sino por el contrario, pues provocó una reacción adversa del magisterio afiliado a la CNTE, cuyas manifestaciones y protestas están dejando consecuencias negativas, tanto en los comercios aledaños a sus plantones, como en los estudiantes que no reciben clases. Si bien esta enmienda pasó en el Congreso, así como sus leyes secundarias, el Ejecutivo federal se observa incapaz de solucionar un conflicto que continúa escalando y que se suma a la atmósfera de violencia que permea en todo el territorio nacional. Los intentos de negociación no han podido concretarse y, por el contrario, han dejado muy mal parado al Gobierno, que cada día que transcurre parece tener menor control sobre la situación.

También la reforma energética se encuentra haciendo agua. El Pacto por México, logro indiscutible del inicio de esta Administración, terminó por desgastarse y desintegrarse, con lo que se ve inviable que la propuesta de Peña pueda pasar ante el Congreso. En el caso de esta enmienda, el problema principal es la falta de confianza que tenemos las y los mexicanos hacia nuestras autoridades, pues aunque se ha comunicado que en ningún momento se está considerando la privatización del energético, la gente teme que exista en ella alguna triquiñuela que le dé el control del petróleo a intereses extranjeros, por lo que gran parte prefiere que la situación de Pemex permanezca como está, antes de arriesgarse a una posible privatización.

El error de Enrique Peña ha sido, entre otras cosas, el de no acompañar medidas de transparencia y control en el manejo de los recursos del Sindicato de Trabajadores Petroleros, así como el de no iniciar una investigación respecto al enriquecimiento inexplicable de su dirigente, el senador priista por la vía plurinominal, Carlos Romero Deschamps. Tal vez esto no le hubiera garantizado la simpatía necesaria para que se acepte su reforma, pero definitivamente se habría ganado un poco la confianza de la población.
El saldo del primer año de Enrique Peña Nieto ha sido, en términos generales, negativo. No logró un cambio significativo de la gestión de su predecesor, ni ha podido avanzar en las enmiendas estructurales sobre las cuales basa su Administración. A un año de Gobierno, Peña contempla a un país dividido, en conflicto, con municipios que optan por la autodefensa ante la incapacidad de las autoridades de brindarles seguridad, amordazado, en recesión y reprobado en derechos humanos. Lo bueno es que sí vamos al Mundial.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 2 de diciembre de 2013

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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