Reflexiones de un Domingo de Resurrección


Además de las vacaciones, estas 2 semanas sirven también como una oportunidad para reflexionar en la vida de Jesús, cuya pasión, gloria y resurrección son la razón de estos días de guardar –al menos en el calendario oficial ajustado a la religión católica–, por lo que incluso quienes no somos muy cercanos a la Iglesia nos detenemos unos momentos a pensar en este importante personaje de la historia antigua.

Jesús es, para mí, un gran incomprendido, lo fue en ese entonces y lo sigue siendo aún ahora. Fue quizás uno de los primeros promotores de la cultura de la no violencia, siendo su compromiso tan profundo que incluso estuvo dispuesto a llegar a las últimas consecuencias para probar su punto, es decir, a permitir que lo ejecutaran para así hacer que los judíos se dieran cuenta de la injusticia a la que estaban sujetos, cuyo puño férreo estaba compuesto por las autoridades romanas y por las locales. Me parece que no se han logrado entender a cabalidad las acciones de este hombre, porque su divinidad opacó su humanidad, lo cual es entendible, ya que pocos hombres y mujeres son tan congruentes, o están dispuestos a llegar tan lejos por un ideal.

Sin embargo, ¿qué pasaría si Jesús hubiera nacido en nuestra época?, ¿si no hubiese sido catalogado como “hijo de Dios” por el concilio de Nicea? ¿Qué tal si tan sólo hubiera sido un hombre común, hijo de un sencillo carpintero, que llegó a cimbrar a un imperio únicamente con la voz de la razón y acciones no violentas? Pero sobre todo, ¿qué tan adecuadamente lo representan las enormes instituciones que al día de hoy se amparan tras su nombre?
Yeshua ben Yosef fue un rebelde político que representaba un riesgo para las autoridades locales y romanas de su tiempo, quien fue ejecutado porque llegó a acumular una fuerza tal que bien habría podido llamar al pueblo al que representaba a un levantamiento si hubiera querido, y que podía forzar al sumo sacerdote a efectuar cambios para legitimarse ante la gente de Jerusalén, ya que Jesús predicaba que no se necesitaba de los templos para encontrar a Dios, sino que podían hallarlo dentro de ellos mismos. De esa forma desafió al poder máximo de los judíos, y puso en peligro la misma continuidad del régimen establecido hasta ese momento. Si los judíos ya no requerían de los sacerdotes para llegar a Dios, ¿cómo éstos iban a justificar su puesto y su posición ante la sociedad?

Además de todo, Jesús cambió el concepto mismo de Dios, creando una divinidad más comprensiva, construyendo a un padre amoroso y misericordioso, en lugar de uno vengativo y celoso, como el que se desdibuja en el Viejo Testamento, que incluso llega a describirse a sí mismo como tal en Éxodo 20:5. En lugar de esto, él habla de un Dios de amor, y exhorta a las personas a tratarse como iguales, sin castas, ni jerarquías, e incluso más allá de los credos. Con esto, Jesús les arrebataba a Dios a los sacerdotes, como posesión, para regresárselo a la gente.

Como profeta, habló de la igualdad, de la no discriminación, e incluso salvó la vida de una mujer que estaba a punto de ser lapidada –la forma de ejecución utilizada en el Israel de ese entonces. Aun cuando en esos tiempos las mujeres tenían muy poco valor, Jesús las contaba entre sus seguidores, entre las que destacó María Magdalena, quien fue también la primera persona a la que se le apareció después de la resurrección.

Definitivamente, estamos hablando de un hombre que se atrevió a desafiar las creencias y las leyes de los tiempos en los que le tocó vivir; hay que recordar que al curar a un paralítico, “trabajó” en un sábado, lo que estaba prohibido. En nuestros días, al hecho de “trabajar” en un sábado, a sabiendas de que era una prohibición, podría considerársele como una desobediencia civil, una de las acciones utilizadas por algunos seguidores de la teoría de la no violencia, como una forma de protesta ante una norma injusta. Este tipo de prácticas han probado ser detonadoras de grandes cambios, como lo fue la acción de Rosa Parks de quedarse sentada en un camión urbano en Alabama, o la de Gandhi, cuando hirvió agua de mar para extraer sal, ante la imposición del gravamen británico a este mineral.

Jesús rompió paradigmas dentro de su propia religión; acusó a los fariseos, quienes se ostentaban como la autoridad oficial del judaísmo, de no entender la verdad aun cuando la tenían frente a ella; impulsó la igualdad entre las personas; dio ejemplos de misericordia y humildad; fue tolerante entre los géneros y jamás promovió el odio hacia ninguna persona, sino por el contrario, fomentó el amor y la comprensión.

El movimiento que él propició fue tan fuerte, que provocó un cisma en la religión hebraica, que se fue consolidando hasta formar un nuevo credo basado en su vida. La ironía es que, a pesar de que su ejemplo fue la humildad, la comprensión, la tolerancia, la no violencia, el amor al prójimo y la congruencia, éste generalmente no es seguido por quienes se dicen sus discípulos.

Y no estoy hablando de quienes militan en la fe, sino de los que hicieron votos de humildad, obediencia, etc., y se dicen predicadores de su palabra, pero que viven en palacios forrados de oro, se mueven en autos de lujo, impulsan el odio hacia las minorías sexuales, propician la inequidad hacia las mujeres y son intolerantes ante el cambio, pese a que el mismo Jesús fue claro al hablar de la humildad, de darlo todo a los pobres y desprotegidos, del amor al prójimo; también fue tolerante e incluyente y promovió la transformación.

Por lo anterior, considero que Jesús fue un gran incomprendido, tanto de su tiempo como del actual, pues a pesar de que hay quienes se escudan en la cruz para difundir mensajes moralistas, sus acciones distan de asemejarse a las del Nazareno, e incluso me atrevería a afirmar que si Jesús viviera en esta época, sería igualmente condenado, quizás no a muerte, pero sí moralmente, por las mismas instituciones religiosas que aseguran adorarlo.

Esta columna fue publicada el 1 de abril del 2013 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s