Problema-reacción-solución


Después de la reforma educativa, el siguiente paso en el proyecto de Enrique Peña Nieto es el de la reforma energética, sin embargo, éste no es un hueso tan fácil de roer. Si bien el uso de todo el peso del poder del Estado en contra de la ex dirigente sindical, Elba Esther Gordillo Morales, sirvió también como un mensaje para el líder petrolero, Carlos Romero Deschamps, sobre cómo debería de comportarse cuando llegara el momento de discutir el tema de la enmienda energética, las cosas no son tan sencillas para el nuevo equipo presidencial, pues tratándose de este asunto, primero debe de convencer a la ciudadanía mexicana.

Pemex, para los y las ciudadanas, representa mucho más que la empresa colapsada bajo el peso de la corrupción que en realidad es. Representa el reclamo de la soberanía de un pueblo contra la explotación de un imperio; eso es lo que nos enseñan en las escuelas sobre la expropiación petrolera, y es parte de la construcción romántica del orgullo nacional mexicano, que hoy representa un problema. Tenemos tan metida la idea de que la paraestatal nos pertenece, que somos capaces de retenerla aun a costa de su propia sobrevivencia.

Pero en realidad esta empresa nacional nunca ha sido nuestra. Como pueblo, jamás hemos tenido que ver con su desarrollo ni tenido injerencia alguna en su manejo. Hasta el momento, Petróleos Mexicanos sólo ha servido para enriquecer a algunos y para que las políticas del Estado descuiden el desarrollo de otros aspectos económicos importantes del país, como la agricultura, la ganadería y la pesca. El único beneficio que recibíamos era el del subsidio a los combustibles, lo cual ahora también está desapareciendo.

La corrupción en Pemex y la mala administración que ha tenido han impedido su crecimiento, al grado de que, a pesar de que somos importantes productores de crudo a nivel mundial, no somos capaces de producir nuestra propia gasolina, estando obligados a comprarla a otros países, que la procesan con nuestro mismo oro negro. Un muy mal negocio desde donde quiera que se le vea.

Por otro lado, los niveles de las reservas continúan cayendo, y la capacidad económica de la empresa petrolera no permite la inversión en tecnología para la investigación en aguas profundas, estando limitada a las aguas someras y en territorio nacional, en donde dichas exploraciones han resultado infructuosas. No se necesita ser economista para darse cuenta de que una empresa que tan sólo vende sus productos sin producir más eventualmente se va a ir a la quiebra.

Pero estos argumentos no son suficientes para vencer el nacionalismo romántico de México, que se opone fuertemente a la intervención extranjera en su producto más sagrado, mucho más cuando van acompañados de la desconfianza (justificada, además) de que la reforma implique mucho más de lo que nos dicen, junto con el recuerdo de la misma negativa que tuvo el PRI al proyecto de privatización, cuando el PAN la propuso.

Quizás sea por eso que el partido que antes se opuso al incremento gradual en el precio de la gasolina impuesto por Felipe Calderón, hoy continúe con ellos, haciéndolos incluso más continuos. Están obligando a que sea la misma gente la que urja al gobierno federal a hacer la enmienda.

Esta estrategia fue planteada por el filósofo moderno, Noam Chomsky, como una de las estrategias de manipulación mediática conocida como problema-reacción-solución, en donde es el mismo sistema el que se encarga de producir un problema, esperando una determinada reacción del pueblo, para después ofrecerle la solución. Una estrategia muy a lo Poncio Pilatos.

El sondeo realizado por Diario de Colima, con motivo de la última alza de este energético, revela que están teniendo éxito. La gente cada vez está más molesta por estos incrementos, y exige que se determine ya, de una vez por todas, un precio fijo. Como respuesta, el diputado priista Martín Flores Castañeda, quien en el sexenio pasado fuera uno de los más férreos críticos de los gasolinazos, declaró que estos aumentos sólo terminarían si se aprueba la reforma.

Muy probablemente tenga razón, que la única salvación de la industria petrolera sea la de permitir la inversión privada, pero el hecho de que el PRI se haya opuesto a ella cuando fue planteada por el PAN, que los estatutos tricolores hayan tenido que modificarse para poder apoyar esta iniciativa, y el que utilicen las alzas impuestas por el sexenio anterior como una forma de presión para evitar la oposición a la reforma, sólo alientan la desconfianza y el malestar de una ciudadanía que todavía los tiene a prueba.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 15 de abril de 2013

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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