Mi Tragedia Griega


Generalmente, cuando salimos de vacaciones fuera del país, no se nos ocurre que algo pueda salir mal; nuestro enfoque está en la empresa que vamos a comenzar y la prioridad es trazar la ruta a seguir, o marcar los sitios de visita obligados para turistas. Pero lo que originalmente es un viaje de placer, puede salir muy mal cuando sufrimos algún accidente en un lugar en el cual no se hable nuestro idioma o alguno conocido. Eso lo aprendí de primera mano durante este periodo vacacional, cuando, en un segundo, todo el itinerario se modificó irreparablemente.

Durante una visita a unos amigos en Grecia, sufrí un accidente en un instante en el que todo salió mal. Como es normal, cuando la gente se dio cuenta que me encontraba en problemas, comenzó a acercarse para auxiliarme, pero esas personas, al ser nativas del lugar, hablaban en una lengua que yo no podía comprender.

Me queda claro que nuestro idioma tiene muchas raíces griegas, pero con excepción de ciertas palabras, es completa y absolutamente diferente al español. Cada que hablaban trataba de encontrar algún término que me sonara similar, para intentar darme a entender, pero todo lo que yo oía eran trabalenguas que hacían que el correspondiente al volcán de Parangaricutirimícuaro se escuchara absolutamente risible e infantil.

Había aprendido algunas palabras básicas, como “gracias”, “adiós”, “agua” y “por favor”, pero no se me había ocurrido preguntar cómo se decía “ayuda” o “doctor”. Estando lastimada y con un pie sangrando, nunca me pasó por la mente que “hospital” se decía “nosocomio”, y menos iba a adivinar que “ambulancia” se pronunciaba “astenoforo”. Lo único que mis padres y yo podíamos hacer era esperar que la compasión fuera un lenguaje universal y nos asistieran, a pesar de no entendernos.

Afortunadamente, todo salió bien. Un grupo de jóvenes atenienses que hablaban inglés se detuvieron al ver que necesitaba auxilio y me llevaron a una clínica de trauma, donde comenzó mi odisea, pero eso ya es parte de otra historia. Dos días después, cuando ya iba de regreso a México para ser intervenida quirúrgicamente, leí sobre el ex futbolista del América, Chucho Benítez, quien había muerto en Qatar luego de que se le tratara una peritonitis tardíamente.
Me impresionó saber que el jugador tuvo que esperar 2 horas en el hospital, con un dolor intenso, hasta que lo atendieran, porque se vio en problemas a la hora de comunicar sus síntomas a los especialistas, los cuales no llegaron con la urgencia que el caso requería, lo que le ocasionó una peritonitis y, posteriormente, la muerte por un paro cardiaco.

Es casi imposible de creer que el deportista, que había sido contratado para jugar con un equipo del Emirato Árabe, haya sido abandonado por su club, al grado de no contar con un traductor en caso de una emergencia, con lo cual probablemente se habría salvado, lo que terminó con la vida de un talento del balompié, y puso en duelo tanto a su familia, como a todos quienes lo admiraban por su desempeño en el futbol.

Me quedó claro, entonces, lo importante que es investigar más a la hora de salir del confort de nuestro país, en donde podemos comunicarnos y hacernos entender con relativa facilidad, además de que compartimos la misma cultura. Derivado de esta experiencia, considero que parte de la responsabilidad del viaje es aprender, o llevar anotadas algunas palabras básicas del idioma del sitio que vayamos a visitar, donde “hospital” y “ayuda” sean algunas de ellas, pero también las indicadas para solicitar un traductor. Tampoco está de más tener un número de emergencias para poder pedir una ambulancia en caso de un percance, contratar un seguro antes del inicio de la travesía o incluso indagar el número de la policía para solicitar asistencia si se requiere.

Jamás pensamos que un viaje de placer pueda convertirse en una pesadilla, pero siempre debemos estar preparados con las herramientas que logren que un accidente no se torne en algo más grave, que nos haga lamentar el no haber tomado las providencias necesarias. No siempre podemos contar con la pura suerte.

Esta columna fue publicada el 12 de agosto de 2013 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s