Madiba, el Creador de Problemas


Rolihlahla Mandela, conocido internacionalmente como Nelson, nació el 18 de julio de 1918 en el poblado de Mvezo en Sudáfrica. Su nombre isiXhosa significa “jalar la rama del árbol”, pero curiosamente, en el vulgo, es así es como se les llamaba a las personas que crean problemas. Considero que no pudo haber tenido un nombre más apropiado.

Desde hace unos días, el ex presidente Mandela, de 94 años, se encuentra delicado de salud, internado por una infección pulmonar. El hecho de que la enfermedad sea recurrente, así como su avanzada edad, hacen que el pronóstico no sea el más optimista, lo que nos obliga a caer en la cuenta de que es posible que estemos cerca de despedir al último ícono viviente de la resistencia no violenta, cuyo nombre se identifica junto al de los grandes líderes de los movimientos pacíficos, como Mohandas Gandhi y Martin Luther King.

La historia de Mandela es admirable y profundamente inspiradora, de quien se reconoce como su cualidad principal la capacidad de perdonar a quien tenía todo el derecho de odiar, con el fin de construir un país unido y con una esperanza de reconciliación, después de años de vivir bajo el régimen del Apartheid, el cual institucionalizaba el odio y la discriminación.

Dicho régimen nació en 1948, con el primer ministro sudafricano de origen holandés, Daniel François Malan, del Partido Nacional, quien comenzó a segregar a las personas de acuerdo a su raza, y a dictar leyes que prohibían los matrimonios interraciales y castigaban las relaciones sexuales entre personas de etnia distinta como un delito. Posteriormente, en 1950, se reservaron zonas urbanas en donde sólo podían habitar los blancos, impidiendo que los negros adquieran propiedades; y en 1953 se segregaron áreas como playas, transporte, hospitales, bancas del parque, así como la educación. No es de sorprender que la calidad de los servicios, así como de los espacios destinados a personas de raza blanca, fuera muy superior a la ofrecida a los de raza negra.

El sistema segregacionista se acentuó en 1954 con Johannes Gerhardus Strijdom, el sucesor de Malan, quien además les quitó sus garantías civiles, impidiéndoles votar, con excepción de algunas elecciones especiales. Se les despojó también del derecho de tener negocios, o de ejercer prácticas profesionales en las zonas exclusivas para blancos, así como de entrar en dichas áreas sin contar con un pase especial emitido por la policía.

A partir de 1960, el gobierno racista sudafricano comenzó la creación de bantustanes, los cuales suponían ser estados independientes, con la intención de justificar la segregación racial ante el resto del mundo. La explicación ofrecida a la comunidad internacional era que las personas negras carecían de la ciudadanía sudafricana, al ser ciudadanos de estas entidades separadas, por lo que entonces no podían reclamar derechos al gobierno de Sudáfrica. La realidad era que a las y los negros se les había arrebatado su nacionalidad para otorgarles la de alguno de estos bantustanes, dándoles pasaportes, sin los cuales no podrían desplazarse entre uno u otro sitio. Más de tres millones de personas fueron desplazadas por estas medidas, forzándoles a dejar el lugar en el que habían vivido por generaciones, para obtener la ciudadanía de un sitio a donde jamás habían ido.

Es este el contexto histórico bajo el cual nació y vivió Nelson Mandela, quien desde temprana edad se unió al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), y donde posteriormente cofundó la Liga de la Juventud del Congreso Africano (ANCYL, también por sus siglas en inglés), del cual fue presidente en 1951. El movimiento político al cual pertenecía se opuso férreamente ante estas injustas desigualdades, manteniendo una filosofía de no violencia.

El boicot económico fue una de las medidas que emplearon, donde el objetivo eran empresas pertenecientes a la minoría blanca. En 1952 fue arrestado y condenado a 9 meses de trabajos forzados, por violar el Acta de Supresión Comunista, pero lo liberaron por falta de pruebas. En 1956 fue aprehendido nuevamente, junto a otros 155 manifestantes, pero todos fueron puestos en libertad también por carencia de evidencias.

El 21 de marzo de 1961 tuvo lugar la masacre de Sharpeville, donde la policía abrió fuego contra un grupo de protestantes contra la segregación racial. Sesenta y dos personas murieron y 180 resultaron heridas. Los reportes forenses revelaron que los manifestantes habían recibido los disparos en la espalda, posiblemente mientras intentaban huir. Después de este evento, las medidas se endurecieron, el Estado sudafricano impuso un estado de emergencia; la ANC fue proscrita y tuvo que pasar a la clandestinidad. El Congreso Nacional Africano también modificó su proceder, considerando que después de los eventos vividos en Sharpeville, debían pasar a la lucha armada, adoptando el nombre de Umkhonto we Sizwe, la lanza de la nación.

Con la intención de recibir entrenamiento militar, así como de reclutar ayuda para la ANC, Mandela salió del país el 11 de enero de 1962, motivo por el cual fue apresado el 5 de agosto de ese año. Posteriormente, se le juzgó junto a otros rebeldes bajo el cargo de sabotaje, en los que fueron conocidos como Los Juicios de Rivonia, en donde podía ser condenado a pena de muerte. En un mundo fuertemente influenciado por la guerra fría, la atención de todos los países estaba centrada en la figura de Nelson Mandela, a quien se le había catalogado como terrorista comunista. Sin embargo, cuando Madiba declaró en la Corte, el 20 de abril de 1963, sus palabras fueron inmortalizadas: “He luchado contra la dominación blanca, y he luchado contra la dominación negra. He deseado el ideal de una sociedad libre y democrática en donde todas las personas vivan juntas en armonía y en igualdad de oportunidades. Es un ideal por el cual espero vivir y alcanzar. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado para morir”.

Fue sentenciado el 11 de junio de 1963 a cadena perpetua, donde buena parte de esa condena la pasó en una minúscula celda en la Isla Robben. El 11 de febrero de 1990, bajo la Presidencia de Frederik de Klerk, en una Sudáfrica que se veía forzada a eliminar sus medidas racistas ante la presión internacional, Nelson Mandela fue puesto en libertad después de pasar 27 años como prisionero, por el único delito de reclamar su derecho a ser tratado con la dignidad que todo ser humano se merece. En 1993 le fue otorgado, junto a De Klerk, el Premio Nobel de la Paz, tras los encuentros que ambos habían mantenido con la intención de lograr una transición a la democracia que funcionara para todos.

Mas la grandeza de Mandela no estriba tanto en su resiliencia para soportar sus años de privación, sino en la claridad que tuvo para entender que no podía odiar a sus captores y buscar una venganza personal, si su intención era la de construir una república multicultural, en donde todos los sectores de la población pudieran convivir por igual. Madiba, como es llamado en honor a la tribu a la que pertenece, entendió que hacer la guerra contra la raza blanca, o incluso expulsarla del país, podría provocar la fuga de capitales o traer reacciones negativas de otras naciones, que afectarían la economía del país emergente, por lo que decidió olvidar y perdonar. Era la solución más lógica, el mejor cálculo para el éxito, pero no forzosamente la más fácil de tomar. Se postuló en las elecciones y en 1994 se convirtió en el primer Presidente negro de Sudáfrica, donde nombró a De Klerk como vicepresidente.

Como mandatario, no decepcionó, se retiró sin intentar una reelección, como había prometido, dejando a una nación en paz, mucho más unida y en crecimiento económico.
Nelson Rolihlahla Mandela, Madiba, es un nombre que será recordado junto a los de los grandes revolucionarios de los movimientos no violentos; como una persona que aportó mucho más de lo que recibió y de lo que se le podría pedir a cualquiera, sin que por esto dejara de seguir dando. Un hombre que sigue aquí, y que tiene la satisfacción de saber que, cuando por fin parta, su legado seguirá viviendo. Nada mal para un creador de problemas.

Esta columna fue publicada el 1 de julio de 2013 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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