Flores blancas en el Día de las Madres


Existe un aura romántica tras el Día de las Madres. ¿Y cómo no habría de serlo, si el amor de mamá se contempla como lo más cercano que existe al cariño desinteresado, el primero que tenemos, y el que se contenta con nuestra felicidad? Por ello es, quizás, una de las fechas más usufructuadas comercialmente, provocando que todo el día se vuelque sobre ellas, con la intención de regresarles un poco del afecto que nos dan. Nada malo hay en esto, excepto cuando llega esa fecha y las mujeres que han sido madres no tienen ya a una hija o un hijo que las felicite; peor aún, cuando incluso no saben si viven o mueren.

Este fue el 10 de mayo que muchas madres mexicanas vivieron el viernes pasado, algunas de las cuales salieron de sus distintos estados para manifestarse en el Distrito Federal, marchando desde el Monumento a la Madre hasta el Ángel de la Independencia, reclamando que se busque a sus hijos e hijas, o en su lugar, que se haga justicia.

La movilización, titulada como la Segunda Marcha de la Dignidad Nacional “Madres buscando a sus hijos e hijas, y buscando justicia”, fue convocada por la organización Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos en México, la cual cuenta con el apoyo del obispo de Saltillo, Raúl Vera, y del sacerdote Pedro Pantoja, reuniendo a mujeres provenientes de Baja California, Chihuahua, Guerrero, Guanajuato, Querétaro, Nuevo León, San Luis Potosí, Oaxaca y el Distrito Federal.

Durante el recorrido, las madres, vestidas de blanco y portando flores del mismo color en la mano, así como fotografías de bebés, lanzaron consignas como “hijo, hija, escucha, tu madre está en la lucha”, y al llegar a su destino, relataron la ardua labor en que ha consistido la búsqueda de sus descendientes, donde los principales obstáculos a vencer han sido la indiferencia y la negligencia cómplices de las autoridades.

El activismo al que se han visto orilladas estas mujeres, y algunos hombres que las acompañaban, ha sido el resultado de la falta de interés demostrada por el anterior gobierno federal, donde muchas personas se vieron obligadas a utilizar sus propios recursos y arriesgar sus vidas para poder encontrar a sus seres queridos, o en el caso de aquellos que fueron asesinados, para dar con los responsables. Algunas de ellas han tenido éxito, como Isabel Miranda de Wallace, que logró dar con los homicidas de su hijo Hugo Wallace Miranda, quien fue secuestrado en 2005 y posteriormente ejecutado, tras una investigación que ella misma financió.

Otras igualmente tenaces no han tenido la misma suerte, como Marisela Escobedo, quien se convirtió en activista luego de que un juzgado dejara en libertad al asesino confeso de su hija, Rubí Marisol Frayre Escobedo, a quien, tras una investigación personal, logró ubicar en Fresnillo, Zacatecas, aunque el prófugo escapó nuevamente por la deplorable actuación de las autoridades. El destino de Marisela es ampliamente conocido, pues fue muerta de un balazo en la cabeza, afuera del Palacio de Gobierno de Chihuahua, mientras colocaba una manta donde exigía justicia para su descendiente.

La historia de muchas de las participantes de la manifestación es similar en el aspecto de que no han contado con la respuesta esperada por parte de las autoridades. Una de las madres participantes, proveniente de Jalisco, declaró al semanario Proceso: “Ayer me enteré de que todo lo que he hecho por buscar a mi hija y a mi yerno es como si no hubiera hecho nada, no tiene validez, es como empezar de cero. Me dijeron que ni siquiera abrieron (la) averiguación previa”.

La protección y la seguridad pública, así como la aplicación de la justicia, son deberes de las autoridades mexicanas, es parte del pacto social en el que vivimos y por el que pagamos impuestos. Los resultados en su trabajo no son un favor que nos presten, sino un derecho que tenemos los y las ciudadanas de México. Un derecho que debe de ser satisfecho, bajo la pena de remoción del cargo.

Las y los desaparecidos, cuyo número asciende a 27 mil personas, según algunas fuentes, es una de las consecuencias que ha dejado la guerra contra el narco que emprendiera Felipe Calderón Hinojosa, cuya obligación en la búsqueda hereda ahora la administración de Enrique Peña Nieto. Este gobierno aceptó que había desaparecidos, lo que es ya un avance, pero aun cuando pueda lavarse las manos del parcial desempeño de la justicia del sexenio pasado, la responsabilidad en la investigación y solución de estos casos es ahora suya. Veremos si reacciona.

Esta columna fue publicada el 13 de mayo de 2013 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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