La Guerra Contra Las Mujeres


La desafortunada declaración del alcalde de Acapulco, Luis Walton, con la que intenta
Violencia Machistaminimizar la violación y asalto de seis españolas, al decir que este tipo de actos suceden en todas partes de México y del mundo, resulta reveladora sobre el nivel de sensibilidad con el que cuentan nuestras autoridades y legisladores en el tema de la violencia de género.

Tristemente, para el edil es normal que un comando entre en el sitio donde varias mujeres se hospedan, y después de amagarlas, las ultrajen repetidamente, golpeen a sus acompañantes masculinos y abandonen tranquilamente el lugar, no sin antes robarles sus posesiones. “Esto sucede en cualquier parte del mundo”, aseguró, sin darse cuenta de que con sus palabras se incluía dentro de la generalidad de mexicanos y mexicanas que considera violables a las mujeres, y que justifica que puedan ser violentadas físicamente si se salen de cierto radio de seguridad, o si se visten de determinada forma; con ello muestra que desconoce que lo ocurrido forma parte de la violencia estructural a la que se somete constantemente al género femenino, la cual tiene origen en la cultura machista por la cual México es famoso.

Lo lamentable es que esta desafortunada declaración, basada en la más pura ignorancia, no es exclusiva del presidente municipal de Acapulco, sino que parece ser la regla con la cual miden nuestros representantes y autoridades en México. Sólo así se puede explicar que, tan sólo en 2009, según datos de Amnistía Internacional, de 14 mil violaciones cometidas que fueron reportadas (se estima que la gran mayoría de las mujeres no denuncia este delito), sólo dos mil 796 de ellas hubieran sido resueltas, lo que manda el mensaje de que este delito es tolerado en nuestro país. O que en Jalisco, un hospital hubiera accedido a ponerle un anticonceptivo a una niña de 9 años por petición de su madre, luego de que llegara al mismo con contracciones de parto y más tarde diera a luz en dichas instalaciones. Los directivos del hospital reconocieron que se les hizo extraño, pero aceptaron la solicitud de la madre; al parecer, por más raro que les hubiera resultado, al final supusieron que no era asunto suyo. Aun cuando frente a sus ojos tenían a una víctima de abuso sexual, no acababan de identificarla como tal, ni tenían idea de qué hacer.

El caso de dicha niña está siendo ahora investigado, así como la violación de las seis españolas, pero en ambas situaciones la corrección se dio después de que hubiera trascendido en los medios de comunicación y se manifestara una indignación generalizada, no sólo en el país, sino más allá de nuestras fronteras. ¿Por qué no sucedió igual con las otras 14 mil mujeres que fueron abusadas sexualmente en 2009?, ¿o con las 11 mil 512 niñas de entre 10 y 15 años que tuvieron un hijo durante 2011, 318 de las cuales contaban con 10 años al dar a luz*? Las cifras hablan de una tolerancia al abuso sexual en México a niñas y mujeres; no por nada Walton Aburto considera común lo sucedido: la violencia sexual hacia el género femenino se ha normalizado en México.

Y si bien ya estamos en pleno siglo XXI, nuestra idiosincrasia sigue encadenada a ideas arcaicas que ponen en peligro la integridad de las mujeres de este país. La supuesta separación entre hombres y mujeres que marca nuestra cultura provoca que muchos de los primeros vean a las segundas como extrañas, quitándoles con ello su categoría de personas, objetivizándolas, relacionando todo cuanto hacen con provocaciones que pueden desencadenar en un ataque sexual, sin reparar en que la cultura machista que tenemos pone la culpa en las mujeres y victimiza a los hombres por su naturaleza salvaje, que no les permite detenerse al ser provocados por una mujer. De esta forma, todo cuanto haga una mujer puede ser vinculado a una incitación de su parte, independientemente de si haya sido su intención o no, como si los hombres no tuvieran elección frente al embrujo que despierta el cuerpo femenino en ellos… ¡Por favor!

El problema es que lo que se considera correcto o no, al ser subjetivo, depende no tanto de la mujer sujeto de la cuestión, sino de sus interlocutores, que habrán de juzgar desde sus prejuicios, desviaciones o perversiones, propias o inculcadas por la cultura en la que se encuentran inmersos. Hasta ahí todo está bien, pues cada quien tiene derecho a sus enredos mentales, el problema surge cuando se utilizan como argumentos para justificar un acoso o ataque sexual, o cuando, para supuestamente evitarlo, se pretende que la mujer cambie su forma de vestir o comportarse, imponiendo con ello una restricción a una decisión que tiene que ver con su cuerpo y que, por lo tanto, le pertenece sólo a ella.

Una ejemplificación de lo anterior fue la columna que un periodista escribió en el portal de Yahoo, a raíz de unas fotografías tomadas por la agencia Cuartoscuro a la diputada plurinominal por el PRD, Crystal Tovar, en donde la criticaba por haber asistido a una sesión en San Lázaro en minifalda, lo cual calificó de impropio. Lo triste es que el juicio de este periodista representa la forma de pensar de una importante cantidad de mexicanos y mexicanas, que consideran una ofensa personal la forma de vestir de algunas mujeres, por creer que con ello están incitando a los hombres. De nuevo vuelve esta idea de que es por la forma de vestir de las mujeres por la que sufren ataques sexuales.

La culpa vuelve a la víctima sin que nos enteremos del daño tan grande que ocasiona esto en nuestra sociedad, de lo relacionado que está con la violación de las seis españolas en Acapulco, de la actitud del hospital al colocarle el anticonceptivo a la niña-madre de 9 años de edad, del horrible feminicidio de la niña de 11 años en Tecomán. No entendemos que al convertir a las mujeres en objetos sexuales terminamos por borrar la línea que separa a la niña de la mujer, que interpreta como normal que seis mujeres sean ultrajadas tumultuariamente, y que por lo tanto no se destinen los recursos suficientes a las dependencias encargadas de atender a las víctimas de estos delitos, o a la prevención de los mismos.

Los ejemplos considerados en esta columna ocurrieron en un lapso de 15 días, lo que indica que la guerra contra las mujeres se está intensificando y requiere una intervención inmediata de nuestras autoridades, quienes deben de encauzar mayores recursos a los institutos y organismos que promueven la equidad, tomar con mayor seriedad las campañas de sensibilización y educación en género, así como impartirlas a los funcionarios de las dependencias a su cargo, sancionando fuertemente a quienes caigan en actos de discriminación, ya sean de acción o de omisión, o que hagan comentarios que justifiquen o promuevan la violencia hacia las mujeres.

No se puede cambiar la idiosincrasia de todo un país de la noche a la mañana, ni sensibilizar a quienes están habituados a vivir en un entorno de criminalidad, pero sí podemos exigirle a nuestras autoridades que cumplan con su obligación de proteger nuestra integridad y nuestros derechos.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 11 de febrero de 2013

 

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Abuso Sexual, Derechos Humanos, Equidad de Genero, Feminismo, Igualdad Social, machismo, Mujeres, No Violencia, Políticas Públicas, Reflexión, violencia de género y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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