Tiempos de Reflexión


A veces para ganar hay que perder.
Dicho popular

Aún cuando México es un país laico, la herencia católica es todavía muy fuerte entre sus habitantes, quienes hasta la fecha practican los ritos que de ella se desprenden, protegidos por la garantía constitucional sobre la libertad de culto. Una de esas tradiciones es la fiesta navideña, tiempo en el que se reflexiona sobre el nacimiento de Jesús de Nazaret, personaje bíblico cuya bondad, tolerancia y capacidad de entendimiento intentan ser emuladas por todo aquel que se precia de seguir la arraigada costumbre cristiana.

Sin embargo, en estas últimas semanas navideñas ha habido eventos en Colima que turbaron la paz pública, originados precisamente por la posible construcción de un complejo católico en un parque de una de las colonias al norte de la ciudad. El anuncio de la colocación de la primera piedra que marcaría el inicio de obras el viernes pasado provocó una movilización pacífica de vecinos, inconformes con que dicha área verde les fuera arrebatada, lo que impidió que tal acto se llevara a cabo con éxito.

Los argumentos del grupo de colonos son sólidos. Al ser sus casas las que directamente colindarían con el complejo parroquial –que incluye un templo para 500 feligreses, una casa para que allí vivan los sacerdotes de la zona, un auditorio para cien personas y mil criptas–, son quienes sufrirían una afectación directa, tanto por el tiempo que durase la construcción, las molestias que de los servicios del templo se originen, así como el despojo de un área verde que han tenido desde sus orígenes, y que constituye un espacio recreativo que les ha servido –tanto a vecinos como a personas de otras colonias– para convivir entre ellos y sus familiares, hacer ejercicio o sacar a pasear a sus mascotas.

Los razonamientos de quienes abogan por la construcción del conjunto aseguran que la obra serviría para el embellecimiento de la colonia, el restablecimiento y mantenimiento de los valores morales, además de que –según dicen– es un mayor número de personas las que desean que la parroquia sea instalada en esa zona residencial, que los que se oponen.
Personalmente, no podría demostrar que sea la mayor parte de los residentes quienes apoyan la edificación del complejo, o lo contrario, pero considero que, aunque vivimos en una democracia, la decisión de la mayoría no significa forzosamente que se esté cumpliendo con el espíritu de la ley y la justicia, cuando en su ejercicio se están violando irreparablemente los derechos de los demás.

Aun cuando la libertad de culto es una garantía protegida por la ley, si no llegara a construirse el conjunto parroquial, no se impediría a la ciudadanía continuar con sus creencias. Existen otros templos en las inmediaciones, además de que dicho complejo podría realizarse en otro terreno, salvaguardando así el derecho de la gente a practicar su religión. Sin embargo, la edificación del mismo implica la devastación de una parte –casi la totalidad– del espacio verde que los vecinos han contribuido a construir y que disfrutan diariamente. La fisonomía del lugar cambiaría irremediablemente y se vería inevitablemente afectada la paz y la tranquilidad que dicho parque provee. La calidad de vida de las personas que ahí residen se vería perjudicada, porque su derecho a gozar de un área verde les sería arrebatado sin que el daño pudiera ser subsanado. Las funciones del lugar propuesto, entonces, entran en conflicto directo con la funcionalidad y la finalidad del jardín, por lo que el derecho de la supuesta mayoría estaría siendo impuesto sobre el derecho de los colonos que se oponen, a quienes se considera minoría, lo cual no supone una democracia sana, sino un acto dictatorial disfrazado.

Por otro lado, las autoridades, tanto las eclesiásticas como las gubernamentales, debieran considerar el daño religioso y político que resultaría si deciden continuar con la obra, ya que las personas afectadas no están en contra de la Iglesia, ni mantienen algún vínculo o interés partidista.

La mayoría profesa el catolicismo y desearía ver dicho templo construido en otro lado, así que la obstinación de llevarlo a cabo en el jardín de Lomas Verdes podría desilusionarles de su religión y alejarles de la misma.

En el aspecto político, esos colonos se sentirían identificados con un gobierno que decidiera escucharlos en lugar de ignorarlos, considerando sus peticiones y llevando la construcción del templo a otra parte, dándole gusto a ambas fracciones hoy confrontadas. Insisto, el problema no estriba en la edificación del complejo parroquial, sino en el punto geográfico escogido.

En estos tiempos de reflexión originados por la tradición cristiana, es oportuno que se recuerden los valores que enseñara el nazareno, en los que la Iglesia y el Estado laico tienen un punto armónico de encuentro, que nos hablan de respeto, tolerancia, misericordia, paz y amor al prójimo.

Esta columna fue publicada el 24 de diciembre de 2012 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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