¿El Nuevo PRI o el Viejo?


Después de 12 años de reposo volvió el PRI al poder, luego de que la ciudadanía le negara el refrendo al PAN, quien rompiera con la racha invicta de 71 años del partido de la revolución, a quien Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, calificara como el régimen que ejercía “la dictadura perfecta”.

Con el retorno del PRI a Los Pinos vuelven también las interrogantes: ¿Es el mismo PRI el que regresa?, ¿se reformó?, y la pregunta obligada: ¿Por qué necesitaría reformarse al grado de que hasta ellos mismos se autodenominan “el nuevo PRI”? Me llama la atención que un partido político considere que debe deslindarse de su propio pasado para poder presentarse como una opción viable en la actualidad, pero lo que me resulta alarmante es que la mayoría de la gente de este país le haya otorgado su voto a un instituto político que constantemente ha tenido que negarse a sí mismo. ¿Fue acaso un arranque colectivo de romanticismo, evocado de aquella máxima que asegura que “todo tiempo pasado fue mejor”? ¿O es que las y los ciudadanos añoran la rigidez, verticalidad y autoridad del sistema que se fue?

Mi opinión es que es una mezcla de ambas premisas; no sólo existe una idea de que en el tiempo en que el priismo regía en México había una sensación de orden en el país, aun a costa de ciertas libertades, sino que la violencia imperante que estalló, y se volvió el pan de cada día, durante el sexenio de Felipe Calderón provocó que una cantidad suficiente de personas deseara que dicho partido volviera para arreglar ese desastre.

Pero aun cuando el PRI que retorna pudiera ser el mismo de antes, lo verdaderamente importante es determinar si el país al que regresa sigue siendo el mismo que hace una generación. Los cambios sociales que hubo durante el tiempo en que gobernó el PAN, aunados a los avances tecnológicos en las comunicaciones y a la fractura que sufrió el propio PRI, de la cual derivaron el PRD y otros partidos de izquierda, hacen difícil que el Revolucionario Institucional pueda ejercer un gobierno hegemónico como décadas atrás. La libertad de expresión es ahora mucho más difícil de controlar gracias a Internet y a la expansión del mercado, que les han permitido a algunos medios de comunicación tradicionales gozar de una independencia económica suficiente como para escapar del control de los gobiernos autoritarios, además de que las redes sociales permiten a la gente un espacio para expresarse y organizarse, sin ser censurada por algún editor oficialista.

Por otro lado, durante estos años, los grupos opositores han ido cobrando fuerza, participación y representación; ya no son meros grupitos de choque desbalagados por el país, o ciudadanos o ciudadanas ignoradas por alejarse del corporativismo inventado para controlar el camino de las diferentes causas sociales, sino que se han convertido en partidos políticos con la fuerza suficiente como para enfrentar las decisiones del gobierno, con líderes que tienen una posibilidad real de competir electoralmente por el poder. La forma de hacerles frente no es ya posible mediante la guerra sucia, debido a que se han vuelto demasiado visibles y existen grupos vigilantes de las violaciones contra los derechos humanos, que informan sobre este tipo de acciones. México, contrario a lo que se crea, está más consciente.

No podría, por lo tanto, volver el PRI a las costumbres que tuviera en el pasado. Por más que en algunas entidades las viejas prácticas sigan vigentes, ahora les es necesario consensuar, negociar y respetar las garantías consagradas en la Constitución, sobre todo si desean que esta nueva confianza que el país deposita en dicho partido sea confirmada en el futuro. Si en verdad quieren demostrar que han evolucionado, que no son un remanente de la era mesozoica, deberán evitar caer en el compadrazgo, el amiguismo, el nepotismo, la corrupción y la impunidad que los caracterizó antaño.

Deberán ser congruentes y responsables, ejerciendo una equivalencia partidista, lo que significa que la ley tendrá que aplicarse por igual a representantes de partidos opuestos, como a ellos mismos, incluso investigando y procesando a políticos corruptos que han dejado en la bancarrota a los estados que han gobernado, sin importar si éstos militan en el PRI o no; el pedirle a la ciudadanía que se una al rescate de la economía local, o nacional, sólo podrá ser válido si dicha petición va acompañada de una acción dirigida a castigar a los o las responsables de dicho endeudamiento.

Mas para que el partido oficial ejerza un buen gobierno, también es necesario que los y las mexicanas no recaigan en las viejas costumbres que permitían que las manías mencionadas supralíneas fueran posibles, que entendamos que el país no le pertenece al presidente en turno, sino que éste tan sólo tiene un mandato otorgado por la ciudadanía, por lo que la responsabilidad de que las cosas funcionen, para bien o para mal, sigue siendo nuestra, independientemente de si el partido que llega es el nuevo o el viejo PRI.

Esta columna fue publicada el 3 de diciembre de 2012 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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