Especulaciones


Heriberto Lazcano Lazcano, supuestamente abatido el pasado 7 de octubre por elementos de la Marina mexicana, tuvo la oportunidad de recibir una capacitación de élite cuando estuvo en las Fuerzas Armadas. Perteneció a un grupo seleccionado que fue entrenado directamente por agencias estadounidenses especializadas, de las mismas que entrenaron a los Kaibiles de Guatemala y a los soldados Talibanes de Afganistán –habría que analizar la eficacia de dichas agencias, dado que tantos de sus alumnos se han convertido en traidores a posteriori.

Entre otras cosas, el que más tarde sería líder de Los Zetas estaba adiestrado para manejarse en situaciones de asalto en vehículos terrestres, acuáticos y aéreos; estaba entrenado en fuerzas especiales, contraterrorismo y operaciones de intervención; sabía sobre seguridad integral, protección de funcionarios y guerra anfibia; tenía capacitación como francotirador y para utilizar explosivos, armas antitanque, fusiles de combate y precisión, subfusiles y lanzagranadas. Adicionalmente, había recibido capacitación para combatir en diferentes tipos de terreno: urbano, desierto, montaña, alta montaña, jungla y submarina. Todo un estuchito de monerías.

Durante su vida, El Lazca o El Z-3, como se le apodaba, logró hacer de Los Zetas uno de los grupos criminales más peligrosos y mejor organizados de México, con presencia sobre todo en el norte mexicano, pero también con fuerte influencia en varios estados del centro y el sur. Sus métodos eran violentos, y sus exigencias para reclutar a nuevos miembros, muy duras, en donde se valoraba especialmente el conocimiento de las tácticas militares, la valentía y la lealtad.

Pero todo su entrenamiento, su experiencia y sus conocimientos fueron vencidos al parecer por una simple casualidad, cuando fue ajusticiado por elementos de la Armada, en lo que pareció un despliegue rutinario después de que los uniformados recibieron un “pitazo”, informando que había personas armadas en un partido de beisbol de la pequeña comunidad de Progreso, en Coahuila. El azar fue tan surreal que los marinos ni siquiera se percataron de la identidad de la persona a la que habían abatido, hasta que posteriormente su cuerpo fue robado de la funeraria que hacía funciones de Semefo, y huellas dactilares confirmaron que se trataba de uno de los líderes del cártel de la singular letra.

Sin embargo, el suceso que podría haber significado un gran triunfo para la guerra de Felipe Calderón se vio frustrada por una serie de interrogantes que hacen que más de una persona levante una ceja cuando se enfrenta a ellas, y que caiga en la duda de si la persona abatida por la Armada se trata en realidad de Heriberto Lazcano, o si se esté intentando crear una noticia falsa para levantar un poco los números del Presidente saliente. Después de todo, esta sería la tercera vez que nos dicen que mataron al Lazca.

La primera duda es, por supuesto, el robo del cuerpo del capo de la funeraria en la que se encontraba, y la confirmación de la identidad del mismo una vez que éste ya había sido sustraído. Si bien la información asegura que las huellas dactilares del difunto coincidían con las que pertenecían al registro militar de Heriberto Lazcano, la falta de un cuerpo hace imposible aplicar una prueba de ADN que nos brinde la seguridad de que se trata del líder criminal, lo que alimenta las teorías de conspiración que ya se construyen alrededor del caso.

Otra es la forma en la que fue derrocado. Lazcano Lazcano era un ex militar altamente entrenado, un estratega que había organizado golpes que requerían de una mente fría y calculadora, como la del Casino Royale, y que se rodeaba de gente de entrenamiento similar, lo que hace difícil de creer que tanto él como sus guardaespaldas se hayan arredrado ante un retén militar, iniciando una balacera de la que poco después intentaron huir.

También llama la atención que un capo que se sabía como uno de los criminales más buscados en México, de quien se tenía registro había pasado la mayor parte de los últimos meses ocultándose en el extranjero, acudiera a un partido de beisbol acompañado únicamente de dos de sus guardaespaldas, descuidándose lo suficiente como para exponer sus armas en público, haciendo alarde de su presencia a sólo unos días de que el sobrino del gobernador del estado en el que se encontraba fuera asesinado supuestamente por su banda criminal.

Pero la interrogante que más sospechas levanta es la estatura registrada en el expediente militar del Z-3, la que figura en los datos de la DEA y la que tenía el cadáver. Según la milicia mexicana, Heriberto Lazcano medía 1.60 metros cuando se inscribió al Ejército, mientras que la DEA tenía conocimiento de que en realidad medía 1.72. Incluso cuando resulta un desafío a la inteligencia el suponer que una persona habría crecido 12 centímetros desde sus 17 años, como lo sugirió José Luis Vergara, vocero de la Secretaría de Marina (Semar), en una entrevista realizada por Carmen Aristegui, el cadáver que fue robado medía 1.80 metros, lo cual ya es casi imposible de digerir.

Aunado a lo anterior, hay algunos datos que hacen que el caso se vuelva todavía más confuso. Desde hacía tiempo se tenían informes de que la relación entre El Z-3 y El Z-40, el otro líder de Los Zetas, no era muy buena, y que había una especie de “guerra fría” entre ellos, donde el segundo había ido tomando el control de la organización. Por otro lado, un día antes de que se diera su fortuita ejecución, habían agarrado en Nuevo León a Alfonso Martínez Escobedo, alias La Ardilla, quien aparentemente estaba relacionado con la masacre de 72 migrantes en Tamaulipas y con el reciente escape de unos 130 reos de la prisión de Piedras Negras, lo que nos podría llevar a pensar que la ubicación del Lazca pudo haber sido el resultado de una “negociación” entre este sujeto y la Marina.

Las especulaciones anteriores nos guían pues a una irrefutable conclusión: Nos están mintiendo. O Heriberto Lazcano no murió en una operación de rutina, como se nos intenta hacer creer, sino que se trató de una operación claramente dirigida a capturarlo, o el cadáver sustraído de la funeraria no pertenecía a él y su robo es para evitar que este dato sea confirmado.

Lo cierto es que Lazcano Lazcano ha desaparecido de hecho del mapa delictivo mexicano, ya sea para disfrutar de su jubilación, para continuar sus operaciones desde su supuesta muerte, como testigo protegido en cualquier lugar del mundo o, efectivamente, para dirigirse a su descanso eterno en el lugar en donde los captores de su cuerpo decidan depositarlo. Lo que nos debe de interesar ahora es cómo se reestructurará la organización que deja, pues la experiencia nos ha enseñado que a este tipo de operaciones, fortuitas o no, siempre las sigue una larga estela de sangre.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 15 de octubre de 2012

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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