¿A Quién Sirve la Nueva Ley del Trabajo?


La aprobación de las reformas a la Ley Federal del Trabajo, la cual había permanecido incólume desde hace más de 40 años, generó, como era de esperarse, una gran controversia entre las diferentes facciones políticas en México.

Temas como el outsourcing, los contratos por hora, las nuevas modalidades de contratación, los salarios vencidos y los avisos de despido son temas que han dado mucho de qué hablar desde que se presentó la iniciativa, y que han generado discusión, tanto a favor como en contra, según la inclinación política o partidista de quien lo comente. Pero desde un punto de vista objetivo, ¿qué tan mala es en verdad la reforma?, ¿qué tanto favorece la situación económica de nuestro país?, pero sobre todo, ¿qué intereses se esconden tras ella?

Creo que una ley que llevaba 40 años sin ser reformada debe, efectivamente, someterse a una revisión y ser ajustada de ser necesario, puesto que la situación actual es distinta a la de hace 4 décadas, en la que había temas que ni siquiera estaban sobre la mesa, como los permisos de paternidad; o problemas que aún no se habían suscitado, como el promedio de 30 por ciento menos de salario que reciben las mujeres en comparación con los hombres. Pero ¿la nueva ley laboral en realidad se enfoca a resolver los problemas de los y las trabajadoras, o tan sólo pretende hacer las cosas más sencillas para la clase patronal?

El discurso de la “flexibilización” de las normas para facilitar el empleo se puede traducir en la posibilidad para los patrones de comprometerse menos con sus empleados o empleadas, garantizándoles así la mano de obra barata, y la certeza de que podrán evitar juicios por despidos injustificados en caso de no sustentar éstos correctamente. Con temas como el outsourcing, o subcontratación, grandes empresas podrán evadir el pago de prestaciones y asegurar su comodidad a través del pago de una comisión a un tercero, mientras la persona que en sí realiza el trabajo no cuenta con el respaldo de la empresa que la subcontrata.

Es verdad que la subcontratación ya estaba contemplada en la ley anterior y que la actual lo único que hace es ampliar su regulación, pero sigue sin asegurar los derechos de las y los trabajadores, con lo que abre las puertas a las famosas sweat shops o maquiladoras, que contratando empresas patito pueden abusar de sus empleados o empleadas sin tener que comprometerse legalmente.

Un problema similar presentan las nuevas modalidades de contratación, en donde alguien puede ser contratado tan sólo por una temporada, o por un periodo de prueba de hasta 6 meses. Si bien la ley prevé que no se mantenga a una persona tan sólo con contratos probatorios, no contempla la posibilidad de mantener un puesto con gente contratada bajo esta circunstancia, lo que le evitaría a una empresa o industria el riesgo de que una persona acumule antigüedad, además de prescindir del pago de la liquidación.

Todas las reformas en sí dan la impresión de haber sido hechas para brindar mayores derechos a los empleadores, quitándoselos a la clase laboral; tan sólo los permisos de paternidad parecen haber sido legislados pensando en los padres trabajadores, sin embargo, ni siquiera esta reforma plantea un avance hacia una posible equidad de género, puesto que confiere tan sólo 5 días de permiso a los nuevos padres, lo que está muy lejos de compararse con el tiempo previsto en el permiso por maternidad. La diferencia entre el tiempo conferido a los hombres, en comparación a las mujeres, no sólo no es equitativo, sino que no es suficiente para que el padre cree un vínculo con su hijo o hija recién nacida, además de que sigue propiciando que los empleadores prefieran contratar a hombres en lugar de mujeres, al ser menor el permiso de paternidad que el de maternidad, lo que contribuye a la desigualdad entre los sexos.

Pero independientemente de lo anterior, lo que más me llama la atención es la forma en la que se presentó la iniciativa, así como la premura con la que se aprobó. Una ley que por su contexto era impopular, iba forzosamente a generar un descontento de parte de la gente, que no iba a ver con buenos ojos al partido político que la presentase. En este caso, ¿qué necesidad tenía el todavía presidente de la República, Felipe Calderón, de echarse ese alacrán a la espalda cuando está a punto de retirarse, para entregarle el puesto a un mandatario emanado de un partido distinto? Por más necesaria que fuese la reforma, ¿no era más inteligente dejarle ese paquete a su sucesor, en lugar de ganar aún más impopularidad para su partido?

Esta reforma se suma a otras acciones en las que se podría pensar que Calderón Hinojosa está preparando una situación en la cual a Acción Nacional le resulte más sencillo fungir como partido opositor, en lo que se parece más a un pacto de salida entre Felipe Calderón y Enrique Peña, donde el primero le allana el terreno al segundo, evitándole al reluciente presidente electo el trabajo sucio, ¿o será pura coincidencia?

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 1 de octubre de 2012

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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Una respuesta a ¿A Quién Sirve la Nueva Ley del Trabajo?

  1. arturo cuevas a dijo:

    Me gusta…Recuerdo (fui parte de esta situación) que en 1990 ya se subempleaba a obreros y profesionistas.

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