¿Premio A La Traición?


A raíz de la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que ordenaba sustituir un cierto número de candidaturas de varones para dejarle su sitio a candidatas mujeres y así cumplir con la cuota de género, se han concatenado una serie de acontecimientos que dejan al PRI de Colima cada vez peor parado.

Aun cuando tal resolución obligó a que se modificaran las planillas a nivel nacional, en el estado, José Ignacio Peralta, a quien le retiraron la propiedad de la candidatura al Senado por el Revolucionario Institucional, presentó una impugnación ante el TEPJF, misma que fue admitida por la Sala Superior bajo el numeral SUP-JDC-552/2012.
Peralta Sánchez explicó que su candidatura había sido el resultado de un proceso democrático, “…siguiendo y respetando la normatividad interna y la convocatoria de mi partido, mediante la cual la Asamblea de Delegados de forma mayoritaria manifestó su respaldo a mi persona…”, por lo que se sentía impelido a “recuperar la candidatura” que la militancia le había otorgado.

Será la máxima autoridad electoral la que decida si efectivamente la remoción de la candidatura constituyó una violación a sus derechos constitucionales, aunque de entrada así pudiera ser interpretado por quienquiera que tenga conocimientos mínimos de Derecho. ¿Pero qué pasará si efectivamente el TEPJF resuelve a su favor? ¿Se le retirará la postulación a Mely Romero para regresársela a Nacho? ¿Y la cuota de género? ¿O será Nabor Ochoa el que deberá retirarse? ¿Y el compromiso con el Verde?

La verdad es que no hay una salida favorable, ni digna, de este embrollo, pero el mismo no fue generado por el Instituto Federal Electoral, como lo han querido interpretar algunos, sino por los mismos partidos (en este caso específico por el PRI), por no haber respetado la cuota de género desde un principio, o por haber interpretado (mañosamente) que la misma podía ser satisfecha sencillamente poniendo mujeres como suplentes.

La resolución del TEPJF obligaba al Revolucionario a romper alguno de sus compromisos, ya fuera el que había adquirido con la equidad de género, el que contrajo con el Partido Verde, o el que supuestamente tiene con sus militantes, que a su vez se traduce en un sistema democrático.

Debido a que el primero de ellos no podía ser eludido por ser precisamente el que suscitó la problemática, el CEN del PRI tuvo que elegir entre respetar su acuerdo con el Partido Verde, o la decisión de la Asamblea de Delegados, es decir, el resultado de un proceso democrático. En pocas palabras, el PRI se vio obligado a decidir entre sacrificar a Nacho o a Nabor.

Pero una vez que las variables se reducen a estos dos personajes, es más fácil entender que la víctima haya sido Peralta Sánchez, después de que la historia reciente de Colima nos muestra cómo el PRI ha recurrido a todas las mañas posibles para favorecer al acapulqueño disidente.

Nabor Ochoa comenzó su carrera política en el tricolor, pero lo abandonó en 2002 para aceptar la postulación de Acción Nacional a la presidencia municipal de Manzanillo, la cual le arrebató al partido que lo vio nacer como político. En 2006, con los colores albiazules, obtuvo la diputación federal por el Segundo Distrito. Argumentando malos tratos e incumplimiento de compromisos, en 2009 deja al PAN y se pasa al PRI contendiendo bajo el registro del Partido Nueva Alianza, que le permitió alcanzar la alcaldía manzanillense por segunda ocasión. El año pasado, Ochoa López se reafilió al PRI y el día de hoy es candidato al Senado en la segunda posición, gracias a una alianza entre el Partido Verde y el Revolucionario Institucional.

Este último arreglo no representa una nueva infidelidad del versátil guerrerense, sino una maniobra para eludir los candados del priismo, que estipulan en el artículo 166 de sus estatutos, en la fracción IV, que deben de pasar un mínimo de 7 años desde la reafiliación para que una persona pueda ser postulada para un cargo federal, en caso de que el aspirante haya sido candidato de un partido político distinto. Al ser Nabor apoyado por el Verde en alianza con el PRI, este último evade tan molesto candado, mientras el primero asegura su registro por la molestia, pero no olvidemos que Ochoa López sigue siendo priista, aun cuando se cubra con la bandera de otro partido. 

Nacho, por su parte, además de ser colimense de nacimiento, ha sido fiel al PRI desde que se sumó a sus filas, habiendo retenido la presidencia municipal en las elecciones pasadas, y obtenido el premio al mejor edil del país, el cual, por cierto, no consiguió Ochoa López.

Y si la lógica de la lealtad institucional sugiere que una decisión en el centro del partido beneficiaría al priista más devoto, los hechos indican que en la exclusiva esfera del gobernador esta virtud se interpreta de forma distinta, ya que cuando en el CEN se tomó la decisión sobre cuál compromiso romper, se inclinaron por sacrificar el de la democracia, el del priista fiel, eligiendo salvaguardar la candidatura de Nabor. Mal se ve el PRI estatal al premiar la traición sobre la institucionalidad que tanto pregona, aunque suena congruente si consideramos que el propio secretario de Finanzas y Administración, quien antes se desempeñó como secretario general de Gobierno, tiene una historia similar a la del acapulqueño. La lealtad, pues, en esta administración, pareciera interpretarse como el odio a un personaje en específico.

Por otro lado, las declaraciones de Ignacio Peralta sugieren que no se le tomó en cuenta al momento de hacer los cambios, es decir, que no se le dio la oportunidad de impugnar dentro de su partido; él lo supo por “fuentes no oficiales” según lo ha manifestado, de la misma forma como se enteraría alguien que ha sido traicionado.
¿Por qué se le trató tan mal? ¿Por qué no se negoció con él y se le trató de jalar para que apoyara la candidatura de Mely? El desarrollo de los acontecimientos indica que el grupito de Mario no considera a Nacho como uno de los suyos, con todo y que él hubiera sido el favorito para representar a Colima en el Senado. Indica que el proceso democrático no es más importante que los intereses personales, y que la “institucionalidad” significa realmente “sumisión completa a lo que se le ocurra al gobernador en turno”, una posición muy indigna de un partido que supuestamente se fundó en el contexto de los ideales democráticos de la Revolución Mexicana.

Es lamentable comprobar la corrupción del PRI, pero más triste es ver cómo sus militantes, viendo esto, permanecen pasivos. Allá ellos.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 16 de abril de 2012 

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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