Institucionalidad


Antes de que un funcionario público ocupe su puesto, debe de hacer la protesta de ley. El artículo 128 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es claro en señalar que el nuevo funcionario, o funcionaria, debe de “…guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen”. Esto es, deben de poner a México por encima de cualquier otro interés, ya sea personal o de grupo.

Dicha protesta es una declaración en la cual se obligan públicamente a cumplir el orden constitucional vigente, otorgando su lealtad completa y absoluta al pueblo al que se apremian a servir, más allá del partido o su preferencia política, pero en la práctica los servidores públicos actúan más bien como servidores partidistas, donde su obediencia no parece estar dirigida a cumplir los intereses de la ciudadanía, sino las órdenes o voluntad de la máxima figura del partido político en el que militan.

Si bien cada persona tiene todo el derecho (por ley) de tener la preferencia política que decida, un funcionario o representante popular en el momento de rendir la protesta de ley debe de colocar el bien de la ciudadanía por encima de sus propias predilecciones, lo que incluye mantener la dignidad y fuerza al defender la ley en el momento en que sea necesario. Eso es lo mínimo que la gente espera de ellos.

Pero la ciudadanía no es tonta, sabe y se da cuenta que el sometimiento de quienes ocupan los cargos públicos no está dirigida a ella, sino a los partidos que los eligen para representarlos y les brindan el apoyo humano y económico para ganar. Podemos obviar sus discursos y observar sus actos, en muchas ocasiones con una gran desilusión, aunque cada vez más vamos asimilando que no hay recetas mágicas.

En nuestra realidad, la lealtad al orden constitucional no es tan importante como la “institucionalidad”, ese término ambiguo con el cual se excusan tanto funcionarios públicos como representantes populares, y que realmente quiere decir “le pertenezco al partido, no a ustedes”. Porque esa expresión sale a relucir cuando algún militante sufrió un revés de parte de sus dirigentes, o se le limitó en sus pretensiones políticas, muy rara vez surge cuando se habla de otro tipo de instituciones, como las estatales. Pareciera que sus voluntades son inexistentes y sólo contara la del partido, lo que lleva a preguntarme ¿para qué querríamos en el puesto a personas incapaces de decidir libremente? Más aún, ¿para qué queremos en el cargo a alguien que no nos represente a nosotros, sino a un grupito en el poder? ¿No nos ahorraríamos mucho dinero si nada más tuviéramos al “primer priista, o panista, o perredista” en el estado? ¿Qué tipo de democracia tenemos? ¿La tenemos?

La semana pasada fue Ignacio Peralta quien se declaró “institucional” después de haber recibido un maltrato por parte de su instituto político, el cual lo desechó como candidato luego de haber sido elegido democráticamente. Aun cuando “el partido”, ese ente impersonal, prefirió honrar una supuesta alianza con el Partido Verde, que en realidad era una simulación para poder posicionar a un candidato, que por haber competido en contra del mismo PRI estaba impedido para ser considerado para una candidatura; a pesar de ello, Nacho decidió permanecer en el mismo porque es “institucional”, pese a la mala jugada que le hicieron por la obsesión del gobernador, el primer priista en la entidad, de impulsar a Nabor Ochoa, quien se perfila como su delfín para 2015.

Después de una traición por el estilo, quienes sienten simpatía por Nacho Peralta y lo apoyaban para su candidatura al Senado, tal vez hubieran esperado que se mostrara más indignado, que su “institucionalidad” no hubiera sido más fuerte que el respeto a la democracia, la cual no fue violada por el TEPJF, sino por el mismo PRI (local y nacional), quienes decidieron premiar a la traición antes que a la lealtad.

Sin embargo, se debe de tomar en cuenta que aun cuando el Revolucionario Institucional en Colima no se haya mostrado muy amable con Nacho, eso no quiere decir que a nivel nacional no tenga apoyo y no se le tenga considerado ya para que ocupe algún cargo a nivel federal, salvaguardando su carrera política. La lealtad al partido aún le puede rendir frutos.

Pero el destino es caprichoso y los movimientos en el Verde acabaron por perjudicar también a Nabor, aunque no se descarta que haya sido una venganza del CEN tricolor por lo de Nacho. Si ya en una ocasión Ochoa López renunció por oportunismo político, veremos si esta vez se mostrará “institucional” para buscar la candidatura del PRI a la gubernatura en 3 años más, por medio de una alianza con otro partido

Esta columna se publicó en Diario de Colima el 30 de abril de 2012

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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