El Primer Debate


Poco después del debate, cada uno de los simpatizantes de los partidos participantes en el mismo estuvieron declarando ganador a su candidato o candidata por las redes sociales, sin embargo, en mi opinión general, hubo en realidad un gran perdedor, que es el pueblo mexicano.

El simple hecho de que las grandes televisoras hubieran considerado que no valía la pena incluirlo en su programación, limitando con esto que la gente pudiera verlo y hacer un análisis de su intención de voto con el mismo, representa una enorme pérdida en materia de libertades, tan sólo equiparada con el cinismo del duopolio Televisa-TV Azteca al no transmitirlo en sus canales de mayor cobertura.

El debate en sí fue frío y limitante, como son todos aquellos realizados por el Instituto Federal Electoral, que le permite a cada candidato participar sin un elemento real de presión, pero no fue estéril. Tal vez la mayor sorpresa en el mismo la dio el candidato del Partido Revolucionario Institucional, quien lució impecablemente vestido, haciendo gala de su buena imagen física, que representa su punto más fuerte en la campaña, pero que además pudo mantenerse coherente, utilizando una retórica fluida, sin retraerse al momento de contestar las acusaciones que, como era lógico, le hicieron sus contrincantes.

Enrique Peña Nieto acudió bien preparado, se le vio seguro al momento de participar sus propuestas, y no evadió entrar en los temas escabrosos a los que lo llevaron sus opositores, aunque no pasó desapercibida su continua referencia a la “falta de tiempo”, como una estrategia para no contestar algunas de las más complicadas. Supo también atacar, lanzando oportunas acusaciones a Andrés Manuel y a Josefina.

Sin embargo, aunque su desempeño fue mucho mejor de lo esperado, no se debe confundir éste como un triunfo, de hecho, ni siquiera él mismo fue capaz de declararse como ganador; evidentemente algunos de los golpes enviados lograron evadir su defensa.

El desempeño de Josefina Vázquez Mota fue también notable, supo contestar adecuadamente a los señalamientos que se le hicieron, donde tal vez su mayor logro fue que sus contrincantes no vieron en ella la oportunidad para atacar al partido en el poder, por el contrario, sus reiteradas acusaciones a Enrique Peña hacían suponer que era ella la que representaba a la oposición. Al final del evento se declaró como la vencedora del mismo, opinión que fue compartida por algunos medios de comunicación, como Mural, que en su página de internet la calificó con un 6.9, seguida por Gabriel Quadri con 6.3, Andrés Manuel López con 5.4, dejando a Enrique Peña Nieto al final con un lejano y sólido 4. 

Quadri de la Torre fue quien mejor se desenvolvió ante el micrófono, demostró ser buen orador, preparado y con un amplio conocimiento del lenguaje; sus propuestas fueron interesantes y soñadoras, cayendo un poco en la política económica neoliberal, mas no pasó desapercibida su reiterada separación de la vida política, al presentarse como un candidato ciudadano, lo cual no es factible al ser el abanderado de un determinado partido político, lo que de facto lo vincula al mismo. No podemos verlo como un simple ciudadano, cuando su candidatura surge después del rompimiento de Elba Esther Gordillo con el PRI. Por más tentadoras que hayan sido sus propuestas, su estrategia fue la misma que toman los partidos pequeños: convencer a los suficientes electores para poder mantener su registro.

Andrés Manuel López fue quien más cómodo se vio en la arena, incluso hasta bromeó insinuando que dejarnos apantallar podría conducirnos a “un despeñadero”. Fue quizás quien mejor entendió la finalidad real del debate, que no era tanto dar a conocer sus propuestas, sino de mostrar su capacidad de debatir, pues para lo otro ya existen las campañas. Lanzó golpes duros, sobre todo a Enrique Peña, algunos de los cuales me parece que no estuvieron bien fundamentados, aunque logró vincularlo con la oligarquía mexicana. Sin embargo, tuvo también el mejor revire cuando Peña Nieto lo acusó de estar en el mismo círculo de gente corrupta como René Bejarano, al refutarle que efectivamente existía Bejarano, así como también Ponce, pero que sin embargo ambos habían estado en la cárcel, y uno continuaba recluido, mientras que Enrique Peña, quien fue secretario de Administración con Arturo Montiel, seguía libre.

Si tuviera que declarar a un ganador de dicho ejercicio democrático, éste debería de ser la ciudadanía mexicana, si el debate hubiera tenido la transmisión televisiva que requería. En el Distrito Federal, Marcelo Ebrard tuvo la visión de poner megapantallas en el Zócalo para que la gente pudiera ver el debate, mas dicha idea no fue replicada en los demás estados, lo que limita el acceso de la gente a información que podría ser decisiva para emitir su voto. Esta capacidad de las televisoras de controlar nuestro derecho democrático a conocer el desempeño de quienes aspiran a gobernarnos me hace pensar que en lugar de haber un ganador, hay en realidad un gran perdedor: México.

Esta entrevista fue publicada en Diario de Colima el 7 de mayo de 2012.

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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