Después del 8 de Marzo


Personalmente, no soy de las que disfruta de las felicitaciones en el Día Internacional de la Mujer. En un mundo plagado de inequidades, donde las mujeres seguimos teniendo una desventaja respecto a los hombres, considero que el 8 de marzo debería de ser una fecha para hacer un alto en el camino y evaluar los avances que ha habido en los derechos de las mujeres durante el año, pero, paradójicamente, tal día ha sido capturado por el mercantilismo, como el Día de la Madre, del Padre, o del Abuelo, en donde se considera que se debe de correr una felicitación tan sólo por ser una cuestión de sexo.

La intención es buena, de eso no me queda duda, pero al hacerlo se deja de lado la lucha feminista que busca la reivindicación de las mujeres en la sociedad. Si nos vemos en la obligación de felicitar a una persona, el hacerlo por el simple accidente biológico que determinó su sexo en el momento de su nacimiento constituye un acto de sexismo, pues dicha persona no tuvo absolutamente ninguna decisión al nacer como mujer o como hombre, y de alguna manera se le está añadiendo un componente moral a su sexualidad, considerando que existe una razón para celebrarla.

Irónicamente, estos componentes morales son los que determinan la discriminación en contra de las mujeres, pues en el contexto de la congratulación se añaden adjetivos que coadyuvan a la mistificación del sexo femenino, separándonos de la persona humana que en realidad somos, creando las diferencias irreconciliables con el sexo masculino, que nos aparta como humanos.

La intrínseca “belleza” que se nos atribuye, la docilidad, la debilidad subjetiva combinada con una fortaleza que implica el sacrificio, la entrega, la virtud, la incontenible habilidad de aconsejar, el saber callar y comportarnos, en pocas palabras, el saber escalar desde la mujer común hasta la dama admirable a la que hay que proteger, son algunas de las palabras con las que van acompañadas las felicitaciones, que si bien tienen un alto grado de romanticismo, nos imponen una obligación no escrita casi imposible de alcanzar sin caer muertas de cansancio, que al mismo tiempo impiden nuestra emancipación como ciudadanas.

Quizás lo que no se considera cuando se dicen tales loas es que también se está determinando cómo “deberían de ser” las mujeres para poder ser dignas de respeto, creando una categoría entre aquellas que se deben de “proteger”, de incluir como integrantes “respetables” de la sociedad, y de aquellas que se pueden dejar al margen, las que por su rebeldía escapan a esta construcción social, e insisten en lograr una independencia viviendo en la esfera pública, la cual todavía es del dominio masculino.

Suena entonces ilógico, y quizás hasta ofensivo, el continuar reproduciendo estos conceptos que contribuyen a la discriminación del sexo femenino, justo en el día en el que se conmemora a las mujeres; en el día en el que la Organización de las Naciones Unidas, así como otras agrupaciones feministas, lo dedican a llamar la atención de la gente por el número de mujeres que aún viven bajo los estándares de pobreza, pero reciben menos atención que los hombres viviendo en las mismas condiciones que ellas. Como las mujeres campesinas, a las cuales la ONU se enfoca en este año, quienes tienen menos acceso a la salud, la educación y al crédito, independientemente de que representan el 43 por ciento de la mano de obra rural, cifra que se eleva hasta el 70 por ciento en algunos lugares.

Las Naciones Unidas también revela que aproximadamente el 60 por ciento de las personas con hambre crónica son mujeres y niñas, situación que se agrava con las consecuencias que tiene en el campo el cambio climático. Lo anterior aunado a las desigualdades sistemáticas a las que el sexo femenino se enfrenta en prácticamente todo el mundo, donde las políticas sociales no son suficientes para disminuir estas disparidades.

En México, por ejemplo, estamos en una lucha por recuperar los derechos reproductivos para las mujeres, los cuales se ven amenazados por las consecuencias que pudieran tener las modificaciones al artículo 24 de la Constitución mexicana, que afectaría la forma de impartición de la educación sexual, si a continuación se modificara el artículo 3, al abrir la puerta para que se integre la instrucción religiosa en las escuelas públicas, con repercusiones que podrían derivar en un incremento todavía mayor de embarazos en adolescentes, sin que exista una acción real del Estado mexicano, ni para prevenirlos, ni para brindarles apoyo.

Pero ya pasó el 8 de marzo, y apenas al día siguiente también se habían esfumado las felicitaciones y las tarjetas, por lo que tal vez hoy, después del frenesí mercadológico en el que degeneró, podamos reflexionar en su verdadero significado y añadirlo a nuestra mentalidad, para poder implementarlo en nuestras acciones diarias, y así no tener que esperar otro año para observar el valor que tenemos como seres humanos.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 12 de marzo de 2012

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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