Andrés Manuel


Cuando se comenzaba a delinear quiénes serían los o las candidatas que competirían por la Presidencia de la República, yo estaba esperanzada en que Marcelo Ebrard Casaubón quedara como favorito para el PRD. Sin ser perfecto, me gustaba el trabajo que había realizado en el Distrito Federal; me agradaba su respeto por los derechos humanos, su lucha por la inclusión, la defensa al Estado laico, el reconocimiento por que el trabajo doméstico de las mujeres sea considerado como trabajo y deba ser remunerado, su apoyo a los medios de transporte alternativos, etcétera.

Su gobierno se caracterizó por ser de vanguardia, y las leyes que pasaron durante su mandato probaban un entendimiento real del concepto constitucional de igualdad, no uno fingido o de segunda, como lo era la Ley de Sociedades de Convivencia antes de que se aprobara el matrimonio homosexual.

Realmente me gustaba Ebrard. Hasta me gustó, no sin cierto pesar, cómo acató el resultado de la encuesta que señalaba como favorito a su antecesor en la Jefatura de Gobierno del DF, y se hizo a un lado, respetando la preferencia mayoritaria para Andrés Manuel López Obrador.

Fue un revés para mí el saber que Andrés Manuel había sido el ungido como candidato del PRD, y que Marcelo se quedaba al margen, ya que de esa forma me quedaba sin favorito o favorita alguna para acudir a las urnas en julio próximo.

No me agradaba lo que el PAN estaba haciendo en el país, no sólo en el aspecto del combate a la violencia, cuya necesidad es discutible, sino la forma en cómo, ideológicamente, estaba regresando a México al siglo XIX. Tampoco me gustaba el PRI, no por su pasado, sino por su presente, por la traición que sus integrantes habían estado cometiendo a su propia historia partidista, olvidando su característico centro para dar un contundente paso hacia la derecha; por las historias de corrupción y cacicazgo; por la condonación que han hecho de sus gobernantes cuestionados, tan sólo por no dañar la imagen del tricolor.

Por eso me habría agradado que nominaran a Ebrard, porque así hubiera podido apoyar a algún candidato por convicción, y no por eliminación, como lo haré en esta ocasión para no ceder mi voto a la cargada de ningún partido. ¿Pero qué nos ofrece el PRD? AMLO se presenta nuevamente como el candidato de la izquierda, pero no llega con la fuerza, ni el impulso de hace 6 años, donde una inercia parecía catapultarlo naturalmente desde la Jefatura del DF hasta la Presidencia de la República; en esta ocasión llega debilitado.

Para quienes recordamos el clima electoral de 2006, no nos es fácil digerir a este nuevo Andrés Manuel, quien intenta revertir los derroches agresivos del pasado que ahuyentaron a la clase empresarial del país, con un discurso de amor y tolerancia que todavía no suena creíble. Su irrespetuoso “cállate, chachalaca” dirigido al entonces presidente Vicente Fox, y la campaña de miedo que le montó el PAN, con el slogan “López Obrador es un peligro para México”, aún resuenan en la memoria popular, lo que hace que nos preguntemos: ¿Quién es este hombre que hoy vuelve a pretender la máxima magistratura del país? ¿El aprendiz de dictador enfermo de poder, o el idealista amoroso convencido de tener los elementos para redirigir el rumbo de México? No son las respuestas el problema, sino el que las preguntas existan.

Por otro lado, es de reconocer el equipo que Andrés López ha armado, los nombres que ha sabido poner a su lado en su propuesta para su gabinete en caso de resultar ganador: Marcelo Ebrard como secretario de Gobernación, Juan Ramón de la Fuente en Educación Pública, Elena Poniatowska para la Secretaría de Cultura y Genaro Góngora Pimentel en la Consejería Jurídica de la Presidencia, tan sólo por mencionar algunos. La importancia del éxito de cualquier gobierno no reside solamente en su cabeza, sino en el cuerpo que lo conforma, y en este caso López Obrador ha sabido armar un buen equipo, aunque me habría gustado que en el mismo se contemplara la equidad de género.

Como dije anteriormente, ningún candidato o candidata me convencen aún, faltará ver cómo se desarrollen una vez que comiencen formalmente las campañas, pero el PRD, aun cuando viene como tercero en las encuestas, tiene la ventaja de no haber estado anteriormente en el poder, lo que le permite fungir como una verdadera oposición, y establecer una crítica más creíble, además de ser el único partido que, en los hechos, todavía se mantiene en la izquierda.

Como una mexicana preocupada por el destino de mi país, siento la responsabilidad de no dejarme llevar por prejuicios y hacer un análisis crítico, pero objetivo, que me dirija a la mejor decisión según las cartas que me presenten, lo que, por el momento, me lleva a observar de cerca el desempeño de Andrés Manuel. Veremos qué pasa una vez que se inicien las campañas.

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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