Complicidades

A mediados del mes pasado una mujer de 21 años de edad fue detenida en Zapopan, Jalisco, intentando vender a uno de sus hijos en mil dólares, gracias a un reporte interpuesto por su propia cuñada. Después de su arresto, tres mujeres más fueron detenidas por presuntamente pertenecer a una red de tráfico de menores, que tenía más de 20 años de operar, supuestamente manejada por el abogado Carlos López.

El susodicho ya había sido remitido al Reclusorio Preventivo en Puente Grande, Jalisco, en 1990 por haber intentado pagar a dos mujeres por sus hijos nonatos, costumbre que al parecer Carlos López mantiene al día de hoy.
Después del arresto de las mujeres, la presunta red de tráfico de menores quedó al descubierto, y con ello un escándalo que involucró a 11 parejas de origen irlandés, y al estado de Colima, en donde el laxo sistema legal le permitió a esta red realizar sus operaciones delictuosas, asumiendo que no hubiera existido algún acuerdo de otro tipo con los funcionarios estatales.

Llama la atención que, aun cuando Carlos López, como los bebés y las madres involucradas son originarias del estado de Jalisco, las adopciones vinieran a hacerse en la vecina entidad de Colima. ¿Por qué no concretarlas allá, que era el territorio natural para efectuar los procesos legales?

Porque si bien Jalisco cuenta con una de las legislaciones más rigurosas en el tema de las adopciones, Colima tiene una de las más débiles, la cual sólo requiere la voluntad de la madre biológica y de los padres receptores para validar el trámite ante el juez, con lo que no se protegen los intereses, ni la integridad de los o las menores afectadas. En cuestión de Derecho, siendo que es el gobierno quien tiene la obligación de cuidar de las personas menores de edad, considero que esta falla en las leyes podría incluso equipararse a una negligencia cometida por parte de los legisladores, quienes son los que crean las leyes en el estado. ¿De qué otra forma puede interpretarse el hecho de que de 10 infantes recogidos por la PGJE, seis hubieran presentado señales de abuso sexual?

También considero importante identificar la forma como Carlos López contactaba a las parejas extranjeras.
Francesca Polini y su esposo Rick Bowden fueron de los primeros ciudadanos del Reino Unido en adoptar una hija mexicana. La aventura que vivieron en el proceso la incitó a escribir un libro titulado Mexican Takeaway (Mexicanos para llevar), donde cuenta su experiencia con la intención de que ésta sirva tanto como aviso para otras parejas de la Gran Bretaña, como para crear conciencia dentro del sistema inglés de adopciones.

En su libro, Francesca revela haber conocido a Carlos López a través de la agencia estadounidense Adoption Alliance, a quien conocieron en persona una vez habiendo venido a México, luego de que el gobierno británico les señalara que como Estados Unidos no formaba parte de la Convención de La Haya, mientras que México e Inglaterra sí, no podían adoptar por medio de la agencia, sino que tenían que hacerlo personalmente en México a través del DIF.

En el capítulo titulado “Un frapuccino y un bebé para llevar”, Polini cuenta cómo conocieron a Carlos López, quien “sudaba, tosía, usaba un traje demasiado ajustado y cargaba un portafolios” en la entrevista que sostuvieron en un Starbucks de Guadalajara, quien les dijo que no podía trabajar con ellos, a menos que fueran clientes de Adoption Alliance. Cuando la pareja le explicó lo dicho por las autoridades inglesas, procedió a explicarles su método de trabajo. 

Les comentó que él usualmente ponía un anuncio en el periódico para buscar madres que quisieran dar a sus hijos en adopción. Les explicó que él sólo trabajaba con madres biológicas por ser éstas más confiables. Cuando la pareja les preguntó qué era lo que él entendía como confiable, él les dijo que eran mujeres que no se iban a echar para atrás, lo cual les extrañó, pues por su experiencia ella sabía que la mayoría de las mujeres se arrepentían de dar a sus hijos en adopción una vez que éstos nacían.

Toda la operación les pareció más bien una transacción comercial, donde nadie podía retractarse. “Obviamente no dijo: ¿Quieren que les venda un bebé?”, apunta Polini en su libro. Incluso, después de que les dijera la exorbitante suma a la que ascendían todos los “gastos” (10 mil dólares), Francesca, quien por su origen italiano entendía más la cultura latina que su esposo, le preguntó que si no era ilegal darle dinero a las madres por sus hijos, él respondió diciendo que por supuesto que sí, pero que no era ilegal pagarles por el hospital o sus gastos médicos. “Claro que pueden optar por ofrecer un poco extra para ayudar a la madre directamente. Eso dependería completamente del nivel de generosidad que quieran mostrar a la mujer que ha cargado a su bebé sano durante 9 meses”, les comentó, según cuenta Francesca en su libro.

Sin embargo, “la alarma comenzó a sonar” cuando López añadió: “En unos años, pueden volver y yo me aseguro que duerma (la madre biológica) con el mismo hombre, para que sus hijos se parezcan”. “Esto no es adopción; es tráfico de infantes glorificado”, cuenta Polini que pensó. “Educadamente declinamos ordenar un bebé y seguimos nuestro camino”.

Otro abogado posteriormente les presentó a una mujer, supuestamente “suicida”, que les intentó vender a su hija a cambio de un carro y un departamento en la playa.

Sin embargo, la pareja no cayó en ninguna de estas trampas. Más tarde logró la adopción plena de su hija Gaia en Colima, por medio del DIF y otra institución que se dedicaba a ayudar a madres con sus embarazos. Considero importante subrayar que aun cuando Francesca Polini vivió esta triste experiencia, señaló que el sistema de adopciones mexicano es mucho más eficiente que el inglés.

Pero es evidente que las otras parejas irlandesas no tuvieron la misma suerte. Es posible que la sangre latina de Francesca le ayudara a entender la idiosincrasia mexicana, ya que ambos países gozan de una fama similar, además de que ella habla español, lo que la ayudaba a cruzar la barrera del idioma. 

Es posible entender entonces, salvo lo que resulte de las investigaciones, que las parejas extranjeras involucradas pueden ser también víctimas de este entramado tráfico de menores, que tiene sus raíces en las agencias de adopción estadounidenses involucradas, como Adoption Alliance, con quien Carlos López trabajaba, y que no han sido mencionadas. 

La agencia en cuestión, radicada en Denver, anunció el pasado 8 de diciembre que, después de 22 años, suspendería sus operaciones, por lo que no renovó su licencia, la cual venció en enero pasado. Señalaron que la razón por la que cerraban era por dificultades económicas, aunque reconocen que las regulaciones vigentes hacen más difíciles de concretar las adopciones internacionales.

La agencia, que en su página de internet anunciaba ser “sin fines de lucro”, para la cual Carlos López pedía 10 mil dólares como cobro de servicios, dejó de operar a finales de enero, y en su página de internet http://www.adoptall.org puede leerse una leyenda diciendo “Este sitio ha expirado, y no está más disponible”.

La suerte de esa agencia, presunta cómplice de Carlos López en la red de tráfico de menores, pudo haber efectivamente “expirado”, pero hasta que el interés de los legisladores sea la protección ¡real! y no sólo mediático por proteger la vida de las y los menores en estados como Colima, donde la débil legislación permitió que abogados como él concretaran este delito, esto seguirá ocurriendo. 

Porque no me explico cómo después de una cuestionada reforma constitucional para supuestamente proteger la vida desde el momento de la concepción, negando a las mujeres la posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo en cualquier etapa del embarazo, el día de hoy nos enteremos del desinterés y posible complicidad de funcionarios al servicio del estado, de todos los niveles y grupos de poder, sobre el origen y destino de las mismas vidas por las cuales se rasgaron las vestiduras por proteger en el discurso público, lo que me hace confirmar, una vez más, que lo que realmente se sancionó en esas legislaciones es la libertad sexual y reproductiva de las mujeres, pues demuestran que, una vez que el producto está fuera del cuerpo, les importa poco su fin, en un alud de complicidades que van desde la hipocresía al desinterés, pasando por la ilegalidad.

¡Congruencia, señores y señoras!

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 7 de febrero de 2012 

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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