Gente


Vivimos en una sociedad que ha aprendido a valorar los estándares de belleza comerciales, así como el standard que marca el status quo; que busca en las revistas de estilo las nuevas tendencias, para intentar parecerse a aquello que considera aceptable. Las raquíticas modelos de las publicaciones de moda han impuesto un concepto corporal que ha conducido a innumerables mujeres a matarse de hambre para parecerse a ellas, los hombres intentan imitar a los iconos locales e internacionales, para demostrar un poderío que consideran les dará una mejor vida, y ambos desprecian aquello que pueda suponer una debilidad.

Uno de los problemas que esto ocasiona es el rechazo y la invisibilizacion de todas aquellas personas que no son capaces de entrar en las categorías aceptables, por vivir una realidad física o emocional diferente a la determinada por el status quo, lo que puede provocarles desde depresión, hasta poner su integridad física en riesgo cada día.

Un ejemplo claro son las personas con discapacidad, cuya condición particular les impide tener acceso a las mismas oportunidades que los demás. El reconocimiento a sus personas, así como a sus necesidades particulares, ha ayudado a cerrar un poco la brecha de la injusticia que significa habitar en un mundo inadecuado; sin embargo, el camino para la equidad aún es largo y tortuoso.

Parte de entender las dificultades de lograr el equilibrio en la balanza es reconocer los diferentes tipos de discapacidades, así como lograr sensibilizar a la mayor cantidad de gente posible, para evitar que ésta discrimine a la gente “diferente”, que ya de por sí cuenta con suficientes problemas en su cotidianidad.

La exposición del fotógrafo Sigi Pablo Pineda sobre gente pequeña, titulada “Mexicanos Invisibles”, presentada en la Feria de Todos los Santos, tiene precisamente este propósito, el de mostrar que en México existe un tipo de discapacidad que aún no ha sido reconocida como tal en todo el país, lo cual significa que la gente de talla baja tiene que enfrentarse a las problemáticas del día a día como si fueran personas de estatura estándar.

Para alguien que no tiene esta condición resulta prácticamente imposible imaginar lo que tienen que pasar diariamente tan sólo para sobrevivir. Vivir en un mundo que no está hecho a su escala, lo que puede incluso poner en riesgo su vida. En el local adecuado en la Feria para dicha exposición, José Manuel Moreno, presidente de la Asociación de Gente Pequeña de Colima, facilitó muebles que, por su tamaño, le permiten a quienes les visiten el poder vislumbrar por unos momentos cómo se ve el mundo desde su dimensión.

Personalmente tuve el gusto de visitarles el viernes pasado y la oportunidad de subirme a un enorme sofá y a un equipal. Al principio aquello parecía una experiencia divertida, hasta que, mirando las fotografías, comprendí que ésta era la vida para alguien, que así se veía el mundo desde su referencia; que para algunos era imposible subirse a una simple silla sin la debida asistencia, y comencé a comprender que nuestras acciones diarias más simples, aquellas a las que ni siquiera prestamos atención, significan todo un reto para personas de sus estaturas.

 

Las fotografías allí indicaban que existían, que al igual que el resto de la ciudadanía tienen sueños, ambiciones, familias a las que aman y que también son dueños de México. Pero el que sean visibles y cuenten con los mismos derechos que los demás no quiere decir que tengan las mismas necesidades. Su discapacidad les supone algunas limitantes que deben de ser suplidas con leyes y regulaciones que ayuden a disminuir las diferencias, así como sanciones para quienes les rechacen o discriminen por este hecho.

Pero sobre todo falta información, además de una cultura de respeto para quienes son diferentes, los cuales tienen el mismo derecho de acceder a todos y cada uno de los lugares que los demás mexicanos y mexicanas. Falta una educación capaz de crear la empatía hacia los demás seres humanos, que haga que la gente se la piense dos veces antes de proferir un insulto, antes de cerrar una puerta, o antes de negar el espacio de trabajo a alguien que no se vea como el común denominador. Falta la sensibilidad suficiente para entender que, más que personas de talla baja, más que gente pequeña, son, por encima de todo, gente.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 14 de noviembre de 2011

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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