Desprecio a Colima


Creo que para estas alturas ya nadie cuestiona la relación que existe entre la deforestación y el calentamiento global, así como el proceso de desertificación que sufren los terrenos que han sido desprovistos de un número significativo de árboles.

Pero una cosa es tener noción acerca de este asunto, y otra el poseer una ética ambiental al momento de valorar entre respetar la vida de la floresta, y desalojar un área de construcción que representa jugosas ganancias para las compañías involucradas.

En el caso de los socios de la constructora Ardica el mensaje es claro: exhiben un rotundo desprecio no sólo al medio ambiente, sino a los ciudadanos de Colima, pues sus actos vandálicos evidencian que no les preocupa comprometer nuestro ecosistema y, por tanto, nuestra calidad de vida, además de que no tienen interés en respetar nuestras leyes y regulaciones.

Ardica Construcciones, SA de CV, sin contar con los permisos correspondientes y amparada en la oscuridad de la noche, taló la madrugada del jueves 4 del presente, 14 parotas en el terreno que fracciona a un lado de la plaza Zentralia. Sin embargo, ésta es la segunda vez en menos de un mes que la empresa incurre en este tipo de irregularidades, puesto que ya había sido multada por haber hecho lo mismo el 7 de julio pasado, cuando derribó ilegalmente más de 20 árboles de tabachín, papelillo, primaveras, rosa morada y arbustos.

La constructora puede ser sancionada hasta por 500 mil pesos por haber cometido estas acciones, sin embargo, al tomar en cuenta las circunstancias en las que se cometió dicha irregularidad y su pronta reincidencia, tal multa se antoja insuficiente, pues en algunas ocasiones estas cantidades ya están contempladas en la valoración de pros y contras, cuando se consideran las utilidades finales.

Cuando recortaron los horarios de apertura de los bares en Guadalajara, un amigo propietario de una disco me comentó que la multa (o la mordida) que pagaba por cerrar 2 horas más tarde, en caso de que llegaran los inspectores, le salía más barata considerando todo lo que dejaba de ganar en la barra si cumplía con las modificaciones al reglamento.

Las mismas razones podrían estar contemplando los socios de Ardica, si es que acaso pagar la sanción de 500 mil pesos es pecata minuta, considerando lo que van a lucrar con las casas construidas en ese terreno despejado, por lo que las autoridades deben asegurarse de que el pago de multas no pueda contemplarse como “gastos varios” en el presupuesto de cualquier compañía.

Quizás la no retroactividad de las leyes en perjuicio de persona alguna, claramente manifestada en el artículo 14 constitucional, no permita que se empleen sanciones más severas en contra de los bi-infractores, pero es un caso que puede servir de ejemplo a las autoridades y legisladores, para detectar un vacío o insuficiencia en nuestros reglamentos, que debe ser cubierto inmediatamente, tanto para proteger nuestro cada vez más frágil ecosistema, como para garantizar el respeto a la legislación y, por ende, a la totalidad de la sociedad colimense.

Es necesario que comencemos a tomarnos en serio la protección del medio ambiente, y que integremos a la flora en nuestros proyectos si queremos que las siguientes generaciones puedan disfrutar de la diversidad y los distintos matices de verde que ofrece el Colima de hoy; si es que nos interesa mantener el refrescante ciclo del temporal de lluvias, y la humedad del aire al que ayudan los árboles; si es que nos gustaría conservar nuestros cuerpos de agua y evitar la erosión de la tierra, entre otros beneficios.

Tanto la flora como la fauna debieran de respetarse y evitar ser taladas o asesinadas, porque tienen el mismo derecho a existir que los seres humanos, porque no debiera de haber jerarquías sobre quién vive y quién muere entre el reino animal y el vegetal. Un árbol debiera de inspirarnos respeto por todo el tiempo que le llevó llegar a la madurez, en lugar de ser visto como un estorbo en nuestras necesidades industriales o arquitectónicas. Si no somos capaces de respetar el derecho que tienen estos ancianos a continuar viviendo, por lo menos cuidémoslos por lo que nos brindan, y no permitamos que aquellos cuyo desprecio a nuestro terruño es tan grande como para no respetar ni a su naturaleza, ni a su gente, nos priven de ellos. Si no somos capaces de cuidar nuestra ciudad, ¿quién va a hacerlo por nosotros?

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 8 de agosto de 2011

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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