Todas Somos Putas


PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.

Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.

De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.

Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.

Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba,o la actitud que ostentaba.

Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.

Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.

Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.

Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.

El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.

Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.

Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.

En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

Esta columna fue publicada el 20 de junio de 2011 en Diario de Colima

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Abuso Sexual, Derechos Humanos, Desigualdad Social, Feminismo, Mujeres, violencia de género y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Todas Somos Putas

  1. Juanjo Cruz dijo:

    Que buen artículo. Y vaya que estamos mal. Leerlo nos deja ver que enfermiza es la sociedad que hemos creado y cuanto hemos contribuido a ella. Cambiar nunca es fácil pero es en el coraje de cada una de esas mujeres que el “violador” podría hallar algo de capacidad para respetar a los demás tal y como éste quisiera se respete a su “puta madre”.

  2. felp dijo:

    No creo que este bien que ningun viole u obligue a alguien a tener relaciones , lo que me parece que deberias reeplantearte es la idea de provocar pongamos un ejemplo : si yo voy con mi celular en la mano por un barrio humilde , estoy predispuesto a que me roben porque estoy provocando y demostrando que tengo mi celular en la mano , lo mismo si las mujeres van semi desnudas caminando por la calle , provocando al que pase , o demostrando el “gran trasero” que tiene.
    La mujer se debe hacer respetar , valorar , no es un juguete ni un objeto es una dama , si quiere que el hombre sea caballero , que ella sea una dama no una puta mas del monton , porque nadie quiere mantener una relacion con una de esas y si quieren ser putas las van a tratar como lo que demuestran.
    Saludos.

  3. macarena dijo:

    Genial gracias por abrirnos los ojos un poco más y no dejar de plantear esta problemática que naturalizamos.

  4. christiaan corodva dijo:

    mmm, srta , patricia , hablo como un subproducto de esta cultura de la violacion , le doy toda la razon a lo referido a su articulo un no es un no y no importa como se vista una mujer nadie tiene derecho a considerarla objeto de placer , incluso las mismas putas deben ser respetadas , pero eso es cuando habla con alguien con sentido comun , y por desgracia no hay mucho en este mundo , estoy tan inmerso en esta cultura de violacion que practicamente he prohibido a mi pareja vestirse de manera sensual a menos claro que vaya acompañada , la patologia mental no necesita mucho aliciente para manifestarse , y tomando en consideracion que por lo menos uno de cada diez esboza cierto grado de psicopatia , considero que es mas prudente evitar crear dicho tipo de provocacion, aunque subrayo , que eliminar los tacones , medias , escotes no van a salocuionar las violaciones y agresiones contra la mujer , sigo considerando que meterse en una calle desolada semiborracha a las tres de la mañana en una sociedad subdesarrollada como la nuestra es un riesgo innecesario , espero que algun dia exista un mundo en que cada cual muetre y haga lo que es sin que nadie tenga crimenes de odio o agresiones por pretexts infundados , pero lamentablemente aun no estamos en esa era , por cierto no tengo buena opinion del ser humano hombres o mujeres asi hagame el favor de no tacharme de misogino prefiero que me diga un pobre pesimista .
    atte christiaan cordova

  5. mariano dijo:

    En realidad, si bien coincido en q todas son putas, estan las putas y las putas de mierda…coincido en q deben tener los mismos derechos. Pero dejen de acusar a todo el mundo de q son discriminadas o tratadas como trolas. Banquensela como se la banca cualquier otro por cuestiones de raza, religion, etc. Al final de cuentas, todo lo q logro la mujer fue porque los hombres cedimos. Por lo demas, llamenos las cosas por su nombre, una mujer q se puso 40 pijas en la boca…..y….es una puta. Aunque eso no tiene nada de malo..

  6. carl dijo:

    Me dan pena,mi madre por todo,mi padre fue el que la abandonó,y engañó.Y mi madrina que es santa,y las misioneras,las que ayudan en las perreras,las que son buenas con sus mascotas,me dan pena las niñas que regalan a los pervertidos, las maltratadas,las torturadas por los nazis como hombres y niños,y un infinito etc.He visto muchísima injusticia en mi vida.

  7. carl dijo:

    Y los violadores,pederastas,maltratadores,los que las engañan para prostituirlas…
    Tío,es que sufro mucho en mi vida tb por los cabrones con los animales,que son muchos más que ellas.
    Aunque yo soy bueno.Y trabajador.

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