Rescatando el Mensaje


CUÁNTO es posible lograr cuando se tiene carisma. Mucho más allá de la verdad, de las acciones positivas, de los resultados, es esa extraña personalidad que sólo algunos poseen la que consigue sacarle una sonrisa hasta a la más dura roca, la que logra conquistar los corazones, e incluso provocar que el más inquisidor de los analistas mire de soslayo hasta los más notorios errores. Claro ejemplo es el caso de Karol Wojtyla, ampliamente conocido como Juan Pablo II, cuya beatificación nos tocó atestiguar a esta generación.

Algo había de especial en ese hombre, llamado por muchos “el Papa de todos”, y por nuestros connacionales como “el Papa mexicano”. Las calles se atestaron de católicos y curiosos cada una de las cinco veces que vino de visita, y la gente se conmovió hasta la médula la segunda ocasión que se puso un típico sombrero charro, donde, en una transmisión televisada desde el avión oficial, Juan Pablo II lo tomó de las manos de Valentina Alazraki y se lo colocó con dificultad en la rosada calva.

“México siempre fiel” es el calificativo con el que bautizó a un país que aseguraba amar, y del cual adoró a la Virgen de Guadalupe, encomendándole a ella la evangelización de todo el continente americano, y canonizó a Juan Diego, el indígena mexicano que Guillermo Schulenburg, entonces abad de la Basílica del Tepeyac, aseguró que no existió.

Fue Karol un hombre especial, quien sobrevivió a dos atentados de los cuales aseguró que la Virgen de Fátima lo salvó; el primero de ellos, por cierto, formaba parte de la misma profecía hecha por la hermana Lucía, a quien de niña, junto a Jacinta y Francisco, les fueron revelados tres secretos por esta divinidad. Fue un hombre que luchó contra el comunismo y que inspiró la revolución pacífica de Polonia, apoyando al líder sindical Lech Walesa, quien tras una larga resistencia logró liberar a su país de la hoy extinta Unión Soviética.

Su pontificado estuvo caracterizado por la unidad y el diálogo con representantes de diversos credos, de quienes se ganó su respeto por su apertura y congruencia. Debido a su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, en la cual participó, Wojtyla predicó la paz y aseguró que el conflicto armado era incapaz de lograr una solución duradera, por lo que se debían siempre buscar otros caminos.

Posiblemente ningún otro dirigente, ni religioso ni político, contemporáneo logró conmover al mundo entero como lo hizo Juan Pablo II al morir en 2005, cuyo sucesor tuvo que calzar unos zapatos que, era evidente, le quedaban grandes. Mas no fue sólo eso lo que el Papa Benedicto XVI tuvo que enfrentar, sino también la dura sombra que se cernió sobre la Iglesia Católica una vez que dejó de alumbrarla la luz de su antecesor. Ya sin la ternura que inspiraba, se comenzaron a escuchar con más fuerza las críticas por la rígida política de El Vaticano en contra de los anticonceptivos, hasta en el uso del condón en un contexto tan preocupante como el de África, donde, de acuerdo a la BBC, hay 24.5 millones de habitantes con esta enfermedad. También las políticas altamente discriminantes como las concernientes a la diversidad sexual y de género, donde se dejaban de lado, e incluso ignoraban, los derechos de las mujeres.

Pero la mancha más grande y profunda de su pontificado fueron las denuncias de pederastia, cometida por ministros de esta religión en todo el mundo, las cuales comenzaron a ser el tema de todos los días, y la negación y la obstrucción de la justicia en la que había participado la Iglesia se hizo evidente. El caso del pedófilo practicante Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, confirmado por el actual Pontífice, es tal vez el más preocupante por la actitud que se tomó contra las víctimas, y el estado de indefensión en el que se les dejó, justo cuando la retórica de la religión católica es la de proteger a los débiles. ¿Dónde quedó la consigna de “la verdad los hará libres”?

Precisamente la crisis en la que cayó El Vaticano al no tener una figura carismática que absorbiera estas duras críticas fue lo que obligó a la inmediata beatificación de Giovanni Paolo II, aunque no se deja de advertir la ironía de hacerlo exactamente un día después de la celebración del Día del Niño y de la Niña en México, donde el mal recuerdo de los actos cometidos por Maciel contra los infantes está aún presente.

A la beatificación asistieron miembros de la realeza, jefes de Estado y exgobernantes, como los príncipes herederos de España, Felipe y Letizia; el premier italiano cuestionado por sus prácticas sexuales con menores, Silvio Berlusconi; el expresidente polaco Lech Walesa; el mandatario de Zimbabwe, Robert Mugabe, y nuestro Presidente, Felipe Calderón, quienes escucharon de voz del cardenal Stanislaw Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II por 40 años, relatar sobre una de las dos veces que lo vio enojado: “…en el Ángelus, durante la guerra de Irak. Ahí dijo con fuerza: ‘No a la guerra, la guerra no resuelve nada. La he vivido y sé lo que es. Debéis resolver el problema de otra manera’”.

Ojalá que de la beatificación de un hombre definitivamente bueno, que no estuvo exento de errores, por rescatar la reputación de una Iglesia golpeada, sobreviva al menos este mensaje y no los actos que, por proteger a dicha institución, dañaron a tanta gente inocente.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 2 de mayo de 2011.

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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2 respuestas a Rescatando el Mensaje

  1. Dante Amerisi dijo:

    Muy buen artículo, Paty. Efectivamente los hombres tendrán aciertos y errores en sus vidas. No dejan de ser los clérigos hombres con defectos y virtudes, ni las instituciones que representan quedan libres de ellos. Yo creo que la visión reflejada en este artículo es la de mucha gente en el mundo, creyentes y no creyentes (salvo aquellos cegados por el fanatísmo religioso o los muy conservadores). Pero muchos están enterados ya de los excesos de la iglesia y de sus actos que son condenables y, sobre todo, de esa visión caduca que ya no responde a las necesidades de la sociedad actual. Esto se nota en la forma en que la gente se refiere al papa actual, mayormente como Ratzinger (que a mi me suena a Rat-singer), y que lo ubica más como el hombre que es, que como la figura de autoridad que representa. No sólo es su falta de carisma, sino la conciencia de la gente que comienza a despertar. El acceso a la información es lo que está haciendo posible la desmitificación de la iglesia y así como ayudó a incrementar el carisma natural de Juan Pablo II en su momento, así ha ayudado a dar a conocer el lado oscuro de una organización que nada tiene de santa. Saludos.
    Dante Amerisi

    • Gracias Dante. Ojalá y más gente logre escapar de las garras del fanatismo, para defender los valores que la misma Iglesia ha violado en su intento de protegerse, lastimando a mucha gente inocente.
      En mi opinión, en esta vida no hay santos, sólo gente responsable.

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