Wikiescándalo


QUÉ mal cae cuando alguien ajeno a nuestra casa nos critica, mucho más cuando ese alguien se ha destacado por sus aires imperialistas y ha conspirado contra prácticamente todo el orbe para obtener resultados que favorezcan a sus propios intereses. Siempre molesta presenciar al fuerte criticar al débil, al rico explotar al pobre, al que tiene el poder abusar del que no lo posee, pero cobra un matiz especial cuando es Estados Unidos quien fustiga a México.
El pasado 2 de marzo, en el cable número 3423, se reveló que en 2009 el embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, informó al subsecretario de Asuntos Hemisféricos de E.U., Arturo Valenzuela, que veía poco probable que el Partido Acción Nacional (PAN) ganara las elecciones de 2012, y calificó a los precandidatos panistas como grises y débiles.
El diplomático refirió también que Felipe Calderón aparecía preocupado e inseguro sobre la mejor forma de reforzar a su abanderamiento, añadiendo: “Él claramente cree que un éxito dramático en la lucha contra los cárteles de la droga proveerá un estímulo político, lo que explica su interés en depender de nuestra cooperación a través de la Iniciativa Mérida y de intensificar la lucha a lo largo de la frontera”.
Por supuesto que las reacciones no se hicieron esperar, siendo Javier Lozano, secretario del Trabajo y aspirante a la grande, el más categórico al señalar que Pascual seguramente es daltónico, pues mientras él ve al PAN de un color gris, él lo mira de un tono azul fuerte. También el mandatario Felipe Calderón mostró su inconformidad e incluso pidió que el presidente Barack Obama nombrara a otro embajador en lugar de Pascual.
Personalmente, considero que Wikileaks es importante para transparentar las acciones de Estados Unidos, país que hasta la fecha ha despertado muchísimas teorías conspiracionistas alrededor del mundo, precisamente por su opacidad y sus políticas imperialistas, sin embargo, en este tipo de declaraciones, los países en cuestión deben de poner las cosas en perspectiva.
Antes que nada, no debemos de olvidar que los diplomáticos de Estados Unidos, aun cuando estén comisionados en distintas partes del mundo, responden a las autoridades de su país, no a las nuestras, y que los reportes que mandan son su impresión sobre lo que acontece durante un lapso de tiempo determinado. En el contexto particular del cable enviado por Carlos Pascual en 2009, Acción Nacional acababa de tener un muy mal año electoral, en donde la aceptación de Felipe Calderón bajó considerablemente, y la opinión pública estaba bastante dividida en su percepción sobre la guerra contra el narcotráfico, la cual el Ejecutivo federal había tomado como bandera principal de su sexenio.
Por otro lado, los comicios de 2012 aún estaban demasiado lejos del calendario electoral, marcando 2009 apenas la mitad del mandato de Calderón Hinojosa como presidente de México. Todo político sabe que aquel o aquella que tenga aspiraciones a un cargo que saque la cabeza antes de tiempo puede convertirse en blanco de ataques de los partidos contrarios, lo que llevaría a acortar sus intereses políticos antes de tiempo. Hasta el momento, tan sólo Enrique Peña Nieto ha podido ser la excepción que confirma la regla, pero en su caso no debemos soslayar el apoyo que ha tenido de Televisa, la televisora más importante del país, la cual ha fungido como medio de propaganda del gobernador del Estado de México y evidente precandidato presidencial, aunque ni siquiera esto lo ha salvado de las pedradas que intentan derribarlo de su posición de ventaja. Las y los demás suspirantes que no cuentan con esta prerrogativa saben perfectamente a qué atenerse.
Por lo tanto, el adoptar una actitud bravucona como la de Lozano Alarcón parece más que nada una rabieta ante una crítica que en un momento dado fue cierta, cuya única intención es la de aparentar fortaleza e independencia, para proyectarse como un precandidato fuerte, capaz de enfrentarse ante la “intromisión” de nuestros vecinos.
El cable revelado por Wikileaks, sin embargo, es tan sólo el análisis de un funcionario estadunidense en México, enviado como referencia a Arturo Valenzuela para usarlo en su visita a nuestro país, y aunque es molesto leer lo que los extranjeros opinan de nosotros, en este caso pudiera servirnos para reflexionar al respecto en lugar de hacer un berrinche.
No nos estamos enfrentando ante un asunto de racismo como el escándalo de Top Gear, sino a una opinión de un funcionario foráneo establecido en México para garantizar las relaciones diplomáticas entre ambos países. Mucho mejor en lugar de la rabieta, tanto de algunos albiazules, así como de Felipe Calderón, hubiera sido un análisis profundo del cable, donde además se señalan retos que nuestro país aún tiene que superar, como un sistema militar que se resiste a la modernización, un régimen político que desalienta la cooperación entre las diferentes agencias, un marco legal obsoleto, un sistema federal débil que frustra la cooperación entre los estados y la Federación y las violaciones del Ejército y la Marina a los Derechos Humanos, entre otros. Sinceramente, no es como si hubieran descubierto el hilo negro, ni que señalen algo que nosotros mismos no hubiéramos notado.
Un tema que sí requiere nuestra completa atención e indignación es el operativo de Rápido y furioso, donde los estadunidenses introdujeron armamento al territorio mexicano, en un intento fallido por rastrearlo y seguirle la pista. En este caso sí era necesaria una respuesta inmediata de todos y cada uno de los funcionarios mexicanos; mas las reacciones de parte de las autoridades por la clara violación a nuestra soberanía se han visto lentas y temerosas, en una total incongruencia con la bravura que presume el Ejecutivo, cuyo temperamento contra nuestro vecino del norte parece salir tan sólo en casos aislados y sin importancia, quedando corto cuando el país realmente lo requiere; excelente método para recuperar la aceptación que Carlos Pascual decía que nuestro Presidente había perdido.

Esta columna fue publicada el 14 de marzo en Diario de Colima y puede ser visitada en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/hemeroteca/antercola.php?c=9170

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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