Proteger, ¿a quién?


EN el imaginario popular, las y los oficiales de policía son aquellos héroes y heroínas que nos pueden ayudar en un momento de peligro, o al menos ésta era la percepción que de niña tenía de ellos y ellas; cada vez que veía un/a policía me sentía segura, como si nadie pudiera dañarme mientras estuviera su presencia, como si su misma imagen impresionante fuera suficiente para alejar a los delincuentes de mí, como si de una irradiación de bondad que repeliera el mal se tratara.
Pero por supuesto… crecí, y mientras los años iban pasando me fui dando cuenta de que nada era fijo en este mundo, ni siquiera las partes de mi propio cuerpo. No estaba segura si eran las cosas las que cambiaban, las ideas, o era mi propia apreciación la que lo hacía. En mí ya no existían los absolutos.
Me quedó claro que no todos aquellos que predican la religión son buenos al practicarla, que los gobernadores no siempre tienen la intención de cumplir sus promesas al llegar al poder, que no todos los veranos llueve de la misma manera, que no todos los hombres tienen la intención de romperle el corazón a una mujer, que no todos los limones son ácidos, y también que el que una persona se desempeñe como policía no significa que tenga la pretensión de proteger a los ciudadanos.
Tristemente hace poco tuvimos una probadita de esta posibilidad, cuando una patrulla del municipio de Villa de Álvarez imprudentemente se pasó un alto e impactó a una madre de familia junto a sus dos hijas. El choque fue tan fuerte que la señora Gabriela García Olea, quien conducía el auto impactado, quedó inconsciente y sus hijas fuertemente golpeadas. Pero el que una de las menores de edad tuviera su carita llena de sangre, y ambas estuvieran notoriamente asustadas, no fue suficiente como para que los elementos de seguridad pública que conducían la unidad les prestaran atención, como sería la prioridad de todo aquel que se hubiera unido a dicha dependencia con una auténtica vocación. Por el contrario, ambos tripulantes de la patrulla decidieron que ellos eran lo más importante en ese momento, aun cuando no hubieran recibido ningún golpe grave, por lo que optaron por cubrirse la cara para evitar ser reconocidos, y atender sus propias necesidades.
No obstante que la mencionada unidad estaba involucrada y, hasta donde yo sé, tales vehículos cuentan con un radio por donde se pueden comunicar con sus superiores para pedir ayuda, hubieron de pasar 10 minutos para que arribara una ambulancia que sí estuviera dispuesta a auxiliar a las heridas, y trasladarlas a un nosocomio para que les brindaran atención profesional, donde la familia de la señora García Olea pasó momentos muy duros, pues la mencionada tardó 24 horas en recobrar la conciencia. El impacto fue tan duro que incluso el neurocirujano les llegó a comentar que dieran gracias a Dios de que Gaby caminara.
Mas no conformes con haber puesto en peligro su vida y la de sus hijas, y de haberse olvidado de socorrerlas cuando dicho riesgo era inminente, Berenice Aguilar Solís, copiloto de la unidad 0503 que era conducida por Manuel Paredes Patiño, demandó a la señora Ana Gabriela por daños a la patrulla y por lesiones sufridas, las cuales no fueron probadas. García Olea, por su parte, aseguró que las grabaciones del C4, además de los testigos del accidente, constatarían que ella no llevó responsabilidad alguna.
Es indignante y reprochable la actitud que tomaron estos dos oficiales de seguridad pública de Villa de Álvarez, pero sobre todo es preocupante el nivel de arrogancia que cubre a algunos policías, tanto de aquel municipio como del estado, quienes son capaces de pasar por encima de los derechos y de las mismas garantías que protegen la vida y la integridad física de los ciudadanos tan sólo por cubrirse las espaldas.
No es el primer caso que hemos presenciado, en donde las autoridades utilizan el poder que les confiere su cargo para su propio beneficio. Hace tiempo relataba en esta misma columna el trato del que fue objeto la señora Leticia de la Mora de Castañeda, esposa del notario Jaime Castañeda Bazavilvazo, quien fue acosada injustamente por las fuerzas de seguridad del estado de Colima, así como el más reciente, donde la PGJE intentó involucrar a mi hermano Héctor Sánchez Espinosa en un delito contra la salud, por una vendetta personal del gobernador del estado, Mario Anguiano Moreno.
Afortunadamente, tanto en el primero como en el último caso a los que me refiero, el aparato de justicia funcionó, liberando a estas personas del abuso de autoridad en su contra, para vergüenza de sus acusadores. La semana pasada, el Ministerio Público de Villa de Álvarez determinó que en el accidente de la señora Ana Gabriela García Olea y la unidad 0503 de dicho municipio, la responsabilidad total había sido de los policías, por lo que tendrán que hacerse responsables de los gastos que se originaron, como los daños al vehículo, la fianza de liberación de la misma unidad, así como de la atención médica recibida.
Estos casos debieran dejar una enseñanza a nuestros servidores públicos, para que recapaciten en cuanto a su vocación. Si bien, muchos están ahí por una necesidad de trabajo y no por un verdadero llamado, las personas que se encuentran en los puestos más altos, y que son directamente responsables, pues fueron elegidas por voto popular, como la alcaldesa de Villa de Álvarez, Brenda Gutiérrez, deberían ser capaces de brindar la capacitación suficiente a sus subordinados, no sólo para que asistan a los ciudadanos en caso de un percance, sino para que respeten las propias leyes y reglamentos creados precisamente para la protección de todas y todos. Por lo pronto, me queda un buen sabor de boca al darme cuenta de que al menos algunos de nuestros aparatos de justicia no se encuentran viciados y fungen como protectores de los abusadores del poder y de la ley, como son los Juzgados de Distrito y los Tribunales Unitarios, así como el Ministerio Público de Villa de Álvarez. ¡Bien por ellos!

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 29 de marzo de 2011 y puede ser vista en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/hemeroteca/antercola.php?c=9356

 

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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