Comprobado inocente


RECIENTEMENTE, la dura crítica mexicana se ha volcado en comentarios sobre la película Presunto culpable, la cual ya ganó premios en Los Ángeles, San Francisco, Madrid, Budapest, Dubai, Morelia y Guadalajara. Pero, independientemente de sus atributos técnicos, en México la crítica se enfocó en la historia que cuenta, que es la misma que los mexicanos padecemos hoy en día y la verdadera causante de la terrible violencia que sacude a nuestro país: la corrupción.
La película que también pasó por el banquillo de los acusados es una dura crítica a nuestro sistema penal, a su ineficiencia e incongruencia, pues lejos de la justicia rápida y expedita que promete se convierte en un sistema injusto que trabaja en parangón con el Poder Ejecutivo, para fabricar números a los políticos en el mando.
La relación íntima que existe entre los tres Poderes que deberían garantizar la democracia en México es ampliamente conocida por los ciudadanos, a quienes la película impactó e indignó, mas no sorprendió, pues los coqueteos entre esta trinidad suprema se han vuelto cada vez más descarados.
Pero un tema pocas veces tocado a nivel nacional es la alianza de los Poderes (los tres contados como uno) con los medios de comunicación para difundir una realidad que vaya acorde a sus propias conveniencias e intereses. Sin embargo, en Colima este tema se ha vuelto ya recurrente.
La calidad de la política en este estado colimote ha menguado conside-rablemente desde la administración pasada, cuyo gobernante, en una ideo-logía puramente maniqueísta, decidió que aquellos que no estaban con él estaban en su contra, y utilizó todos sus recursos para deshacerse –políticamente– de ellos.
Tuvo éxito en su amalgamamiento del estado colimote, donde la separación de Poderes pasó de ser difusa a cínica, al igual que la libertad de expresión, la cual se redujo a la calidad de simple propaganda. Con tanto poder en sus manos, la negación de DIARIO DE COLIMA a alabarlo o el atrevimiento a criticarlo debió de haberle resultado sencillamente intolerable, por lo que convirtió a su único crítico en el ene-migo, y se valió de la demás prensa para demonizarlo.
Mario Anguiano surgió de ese contexto y seguramente con la intención de congraciarse con su antecesor y entonces jefe de partido, siendo candidato, hace suyo el pleito con esta Casa Editora. Al inicio de su precampaña electoral, tal vez por miedo de que DIARIO DE COLIMA, o algún medio nacional lo revelara, Anguiano Moreno confesó que su hermano se encontraba en prisión, pero mintió al decir que lo habían encarcelado por su adicción a las drogas, cuando Humberto Anguiano Moreno, alias La Rana, se encontraba cumpliendo una condena por narcomenudeo (favor de notar el tiempo pretérito).
En DIARIO DE COLIMA teníamos conocimiento entonces de la situación del consanguíneo de Anguiano, pero no habíamos mencionado nada al respecto por tratarse de su familia inmediata, mas no podíamos guardar silencio ante una mentira tan ominosa. Lo demás es historia.
En el libro de Carlos Landeros, Yo, Elena Garro, la escritora entrevistada comenta que antes de matar a un hombre, se debe primero matar su nombre, exactamente lo que intentaron hacer desde la cúpula del poder colimote. Al no tener argumentos para defender lo indefendible, desde la administración pasada se intentó destruir la autoridad moral de Héctor Sánchez de la Madrid, entonces director general de este rotativo, con la intención de que la gente no tomara en cuenta lo que en estas páginas se publicaba.
Aquello pudo haber funcionado con algunas personas, sobre todo por el eco que de las acusaciones ilegales, calumniosas y difamatorias hacían los medios propagandísticos del estado, pero también sirvió para que la gente se diera cuenta de la estrategia tejida en Casa de Gobierno para mermar la calidad moral de un medio de comunicación, que resistía los embates provenientes tanto de los tres Poderes fundidos en uno, como de sus propios colegas comprados con el dinero del pueblo.
Por cierto, habrá quienes difieran en esta última teoría, pero ni el más escéptico podría negar que es bastante sospechoso que el actual coordinador de Comunicación Social fuera apenas hace un año y meses el director del periódico que más actuó en contra de los críticos del exmandatario, incluido DIARIO DE COLIMA, y el que más descaradamente colaboró para defender al entonces postulante priista y ahora mandatario del estado.
Pero el colmo de la bajeza en la que cayó el nivel de la “monarquía” estatal fue cuando, utilizando todo el aparato de gobierno, intentaron convertir a mi hermano Héctor Sánchez Espinosa, e hijo de Héctor Sánchez de la Madrid, en un delincuente.
La razón, aun para los menos avispados en la grilla local, era obvia, intentar homologar a mi padre con Mario Anguiano, al tener ambos un familiar directo procesado en un asunto relativo a las drogas, con dos finalidades: la de exhibirlo como un hipócrita que criticaba lo que tenía en casa, y la de lastimarlo a él y a su familia por las críticas. La diferencia era que al hermano de Mario lo encontraron culpable cuando el actual gobernador apenas se asomaba al mundo político, mientras que a mi hermano lo intentaron procesar por el mismo delito, como una vendetta personal del mandatario. Bien me dice mi madre: “Hija, cuídate de las aguas mansas…”.
No es de extrañar entonces que súbitamente el entonces procurador Arturo Díaz Rivera encontrara urgente y de amplio interés público convocar a una rueda de prensa para dar a conocer que, un día antes, en una denuncia anónima, se les había informado que había una persona vendiendo marihuana afuera de un predio que perteneció a mi familia, misma persona que, según el boletín oficial, escapó al llegar la policía metiéndose al inmueble en cuestión, saliendo después y retirándose sin que los oficiales lo detuvieran para interrogarlo. El boletín refiere que, al preguntarle a las mujeres que se encontraban en la finca por la identidad del muchacho, éstas dijeron que se trataba de Héctor Sánchez Espinosa, y que al entrar en la propiedad encontraron dos plantas de la mencionada hierba.
La única razón por la cual el hallazgo de dos plantas de marihuana resultó ser mucho más importante que las decenas de muertes que se habían presentado en la víspera, incluso que la balacera entre sicarios y militares que había resultado en un saldo de ocho muertos, tanto como para ameritar que se convocara a una rueda de prensa, cuando los otros sucesos no lo habían hecho, se debe a que el caso de mi hermano cumplía objetivos meramente políticos, para, una vez más, intentar acallar la voz de DIARIO DE COLIMA, que era el único medio que aún ejercía una función crítica.
Además de la inmerecida rueda de prensa, el caso contó con el amedrentamiento de los demás medios de comunicación, quienes difamaron y calumniaron a mi hermano de una forma injusta, mentirosa y soez, practicando un linchamiento mediático a un joven de 23 años a quien probablemente jamás habían visto cara a cara, azuzados por su exjefe (¿aún jefe?), el coordinador de Comunicación Social de Gobierno del Estado. Como dato curioso, todavía recuerdo a algunos de esos columnistas decir que al consanguíneo de Mario Anguiano lo habían agarrado con apenas unos cuantos gramos de droga, minimizando el hecho, pero echándole toda la carga moral a mi hermano por dichas plantas que no eran suyas.
Sin embargo, no gracias a la separación de Poderes, sino a que el supuesto delito es de competencia federal, la cual no está sometida al Ejecutivo del estado, mi hermano Héctor Sánchez Espinosa fue liberado de cualquier sos-pecha por un cargo que jamás hubiera tenido de no haber sido hijo de mi padre, cuando el Tribunal Unitario del Trigésimo Segundo Circuito, con sede en Colima, ratificó, el 13 de enero de 2011, el resolutivo del 16 de diciembre de 2010 dictado por el juez Primero de Distrito en el Estado, en el que niega la orden de aprehensión solicitada por el agente del MPF, además de sobreseer el caso y causando estado la sentencia absolutoria.
La situación por la que hicieron pasar a mi hermano jamás se hubiera dado de no haber sido quien es, y aun cuando hubiese sido cierto algo o todo lo que le imputaban, nunca hubiera tenido “el honor” de haber merecido una rueda de prensa por parte del procurador de Justicia, si no compartiera el nombre de mi padre. Mas a pesar del intento de un aparato entero de gobierno por perjudicarlo, para intentar manchar el nombre de mi familia y de DIARIO DE COLIMA, el TUTSC no consideró siquiera que se mereciera dictar una orden de aprehensión, lo que lo libera de todos los cargos y en lugar de presunto culpable, como lo intentaron presentar desde un principio, mi hermano hoy es comprobado inocente.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 23 de marzo de 2011 y puede ser vista en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/hemeroteca/antercola.php?c=9283

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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