Orden y confianza


TAL vez uno de los temores más grandes de la gente ante la delincuencia organizada es, irónicamente, la falta total de organización de aquellos que presumen combatirla.
Para muestra, un botón: la semana antepasada se levantó un escándalo en Colima por la detención de algunos elementos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, por parte de la Marina, cuyo número incluso se mantiene en una perenne incógnita, precisamente por la descoordinación que existe, incluso entre aquellos que se supone son del mismo equipo. Los primeros datos que la procuradora Yolanda Verduzco brindó al respecto decían que eran 50 los elementos capturados, pero un poco más tarde la misma funcionaria aclaró que se trataba de 36; sin embargo, días después, el gobernador Mario Anguiano aseguró que, de acuerdo a la información que él tenía, la suma era de 45 agentes.
Pero ésta no fue la única confusión derivada de este asunto, como tampoco ha sido la única que se ha dado desde que llegó al poder Anguiano Moreno. Desde el día del operativo, la procuradora declaró que la toma del Complejo de Seguridad por elementos de la Marina era un procedimiento de “rutina”, para realizarle un examen de confianza a 50 policías, pero lo dicho no es congruente con el nivel de fuerza utilizado, ni con las instituciones involucradas. Tal vez la falta de experiencia de la funcionaria en su nuevo cargo, las malas artes que heredó de su antiguo puesto, o quizás el querer ocultar que le habían dado un madruguete, la hayan llevado a dar esta primera explicación, pero en su intento por aparentar normalidad subestimó el sentido común de los colimenses, pues nadie puede creer que un operativo donde la Marina empleó incluso un helicóptero forme parte de esta “rutina”, sobre todo porque es la primera vez que sucede y porque el dispositivo fue armado por una institución federal, a menos que la desconfianza a los agentes de la PGJE sea tal que para realizar simples “exámenes de confianza” se requiera tal despliegue de fuerza que se pueda llegar a convertir en un procedimiento habitual. El tema sigue lleno de confusiones e irregularidades, mas sólo quería referirme a él como un ejemplo, ya que mi punto es la falta de coordinación.
Lo cierto es que el asunto de fondo de esta desorganización es la desconfianza. Por un lado, el presidente Felipe Calderón no confía en algunos gobernadores (como él mismo declaró), quienes por regla general pertenecen a un partido político distinto al de él, y considera que no están lo suficientemente comprometidos con la lucha anticrimen. Por otra parte, los elementos estatales de seguridad no confían en la Policía Federal, recelo que además es mutuo, y ninguno de ellos confía ya en el Ejército, razón por la cual el gobierno federal tuvo que echar mano de la Marina; y las mexicanas y los mexicanos en general ya no nos fiamos de ninguno de los anteriores.
El problema en sí se debe en parte a que cada grupo busca velar por su propio beneficio para lograr acceder al poder, en un fenómeno de traiciones y corrupción que viene asolando a México desde los tiempos de la Revolución, donde los intereses de la nación se confunden con los partidistas, e iniciativas que podrían ser provechosas para el país son rechazadas con tal de que determinado sector no se favorezca por un trabajo bien hecho.
La gran paradoja es que México, si bien es un país, definido éste como una extensión geográfica que cuenta con soberanía y leyes propias, no es en sí una Nación, pues aun cuando hay un seudoorgullo mexicano que salta inmediatamente cuando se ofende a nuestra raza o nacionalidad, no existe una unidad, ni una idea en común lo suficientemente fuerte para cohesionarnos. Ni siquiera una guerra que ha costado ya cerca de 35 mil muertos, entre culpables e inocentes, ha servido.
En Colima, las y los ciudadanos vemos con terror y rabia cómo la seguridad se deteriora día con día, y mientras nuestra ciudad tranquila se vuelve una pesadilla, las autoridades locales no hacen más que echarle la bolita a las federales y lavarse las manos del decreciente nivel de vida, como si lo que nosotros quisiéramos oír fueran estas excusas, mientras la fuerza federal responde con una “limpia” en los cuerpos de seguridad, con lo que manda el claro mensaje de “no confío en ti”.
Aunque peor son aún las falacias, que se tornan cada vez más cínicas, o nuestra capacidad para reconocerlas se ha agudizado, como la declaración de la procuradora a la que me refiero líneas arriba, que sólo contribuyen al enojo popular cuando se nos intenta subestimar de esta forma tan burda y descarada, olvidando que, por mucho que intenten maquillar la realidad, somos las y los ciudadanos quienes la estamos viviendo, que somos nosotros quienes tememos salir a las calles, o nos preocupamos por el oficio del nuevo vecino.
Las y los mexicanos estamos cansados de esta guerra, pero estamos más hartos de las y los políticos que encuentran en este baño de sangre en que se ha convertido el país una oportunidad para llevar agua a su molino, y que insisten en permanecer desorganizados, con tal de hacer quedar mal al del otro partido, sin considerar que los que perdemos somos todos en general, ellas y ellos en particular, ya que cada vez somos más los que nos damos cuenta de cuáles funcionarios trabajan para ellos mismos, y cuáles lo hacen para el pueblo.

Esta columna fue publicada el 28 de febrero de 2011, y puede ser vista en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/hemeroteca/antercola.php?c=8995

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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