Ni Una Más


A pesar de que Ciudad Juárez se distingue mundialmente por ser la sede donde se han perpetrado los más aberrantes feminicidios, desde que Felipe Calderón le declaró la guerra al narcotráfico, “las muertas de Juárez” pasaron a un segundo nivel.
De pronto, la violencia en contra de las féminas dejó de ser el sello de esta ciudad, para fungir como icono de la violencia generada por la lucha entre cárteles rivales, pandillas, policías y militares, al grado de ser considerada recientemente por las organizaciones civiles mexicanas, Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCSPJP) y Movimiento Blanco, como la ciudad más peligrosa del mundo, con 191 homicidios por cada 100 mil habitantes.
Pero, ¿significa esto que los feminicidios en Juárez se hayan terminado? Por supuesto que no. En 2010 estos asesinatos con tintes de género tuvieron un nuevo pico máximo, al registrarse más de 446 mujeres ultimadas, según recoge Amnistía Internacional. El año pasado casi pareció cerrar con broche de oro para los homicidas de mujeres, con el inhumano asesinato de Marisela Escobedo, quien fuera ultimada frente a Palacio de Gobierno de Chihuahua, después de haber sido la protagonista en la persecución del asesino de su hija, a quien las y los jueces habían dejado en libertad incluso después de haber confesado su autoría en el crimen, y haber proporcionado el lugar en donde reposaban los huesos calcinados de Rubí Frayre Escobedo. La investigación alternativa (y prácticamente la única que existió) que emprendió Escobedo había dado en dos ocasiones con el hoy sentenciado, quien sigue libre en estos momentos debido a la pésima coordinación policiaca que le permitió escapar a este presunto integrante de los Zetas. Es un hecho que Marisela representaba un peligro, no sólo para Sergio Barraza Bocanegra, asesino confeso de su hija, sino para aquellos que por alguna razón no querían verlo tras las rejas.
Este año parece abrir de forma prometedora para los que gustan de cometer feminicidios con el asesinato de Susana Chávez, estudiante de psicología, poeta y activista de derechos humanos, que además acuñó la hoy conocida –y desconsolada– frase “ni una muerta más”. Chávez ocupó el sexto lugar de los homicidios con tintes de género que se contabilizan en lo que va de 2011, sin embargo, el procurador Carlos Manuel Salas desestimó que este caso tenga relación con el crimen organizado, aduciendo que se trató del malogrado final de una noche de borrachera. La versión emitida por Salas, que supuestamente está basada en las declaraciones de la madre de Chávez, no han sido recibidas con beneplácito por la población, ni por los grupos defensores de derechos humanos, quienes ven en este crimen un gran parecido a aquellos perpetrados con anterioridad, de los mismos de los que Susana Chávez era vocera.
La hoy finada presentaba marcas visibles de tortura, había sido violada, asfixiada y su mano izquierda mutilada, en un supuesto intento por hacerlo parecer un asesinato de la delincuencia organizada. Las autoridades de Juárez aseguran que los victimarios de Chávez fueron ya aprehendidos, y se trata de tres menores de edad, quienes después de topársela en la calle la invitaron a seguir tomando a la casa de uno de ellos, con el consecuente desenlace.
Es difícil de creer que una activista de derechos humanos como Susana Chávez, quien además luchaba por el cese de los feminicidios, se hubiera puesto en peligro de esta manera, pero es todavía más difícil de creer que las autoridades intenten desestimar la importancia del caso aduciéndolo a un crimen personal, sin relacionar su muerte con el fenómeno que tiene lugar en dicha ciudad chihuahuense.
Es claro que aun cuando la delincuencia organizada o el narcotráfico efectivamente no hayan tenido nada que ver en el asesinato, existe un fenómeno social que ha alterado la vida de los juarenses, donde la violencia creciente ha ido masculinizando a la sociedad, convirtiendo a cada mujer en una víctima potencial de feminicidio. No se puede observar un crimen como el de Chávez, cometido con tal saña, sin relacionarlo con los perpetrados en los campos algodoneros, lo cual adquiere un matiz preocupante cuando se responsabiliza a tres jóvenes menores de edad, pues habla del nivel de descomposición de dicha comunidad.
Tampoco se puede dejar de lado el hecho de que Chávez era activista, y que, aunque tenía 6 años que no realizaba ninguna acción visible, la frase acuñada por ella se había convertido en una bandera de lucha por la búsqueda de justicia de las muertas de Juárez, lo que la convierte irónicamente en una más de las y los defensores de derechos humanos asesinados en los últimos años, entre los que se cuentan Paz Rodríguez y su esposa en 2009, quienes habían fundado la Asociación Civil Derechos Humanos de Nuevo Casas Grandes; Jesús Alfredo Portillo, yerno de Marisela Ortiz y Flor Alicia Gómez López, del organismo Justicia para Nuestras Hijas y del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres; Benjamín Le Barón, integrante de un movimiento social en contra del secuestro, ultimado por un grupo armado en julio de 2010; Josefina Reyes Salazar, luchadora social desde hacía 20 años, y exregidora de un municipio cercano a Ciudad Juárez, asesinada el 3 de enero del año pasado, y Marisela Escobedo, muerta el 16 de diciembre por buscar justicia tras el asesinato de su hija.
La situación que se vive en Ciudad Juárez, que es ya un emblema mundial de la violencia cometida en contra de las mujeres, no puede tratarse a la ligera, como tampoco dejarse impune, pues supone un ejemplo de la descomposición que podría extenderse, como un cáncer, a otros lugares del país, en una predicción irónica de otra frase hecha, como “todas somos Juárez”.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 17 de enero de 2011 y puede ser vista en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/hemeroteca/antercola.php?c=8482

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Derechos Humanos, Desigualdad Social, Libertad de Expresión, machismo, Mujeres, violencia de género y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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