Doble Riesgo


EN cualquier situación de violencia, las mujeres enfrentan siempre un doble riesgo. Quizás a primera vista esta afirmación pueda parecer no tener sentido, pero la historia y las estadísticas demuestran claramente su veracidad.

En 1993, en la guerra de la antigua Yugoslavia, el ejército bosnio emprendió una campaña de violación sistemática encontra de las musulmanas, con la finalidad de menguar el espíritu de los hombres que consideraban como enemigos, al demostrarles con este hecho que eran incapaces de defendera sus mujeres. Otra motivación era la de introducir su semilla entre la comunidad islámica, por la creencia de que la simiente del perpetrador determinaría la ascendencia étnicadel producto. De cualquier forma, las féminas fueron blancos específicos en esta guerra civil, que sumó entre 20 mil y 50mil mujeres violadas, quienes debieron enfrentar después el rechazo y el abandono del resto de su comunidad.

En otros sitios en donde la violencia ha escalado, las féminas han sido el grupo más vulnerable, ya sea por las fuerzas enemigas, e incluso, por las amigas.  En el Congo, porejemplo, a pesar de que las mujeres se encontraban ya bajo elacecho de los hombres que aprovechaban el momento para, literalmente, saltar sobre ellas y ultrajarlas, en diciembrede 2004 el London Times reportó “150 o más” crímenesde índole sexual cometidos en contra de las congolesas porlos Cascos Azules, es decir, las fuerzas que la Organización de las Naciones Unidas había enviado a dicho país para mantener la paz.

Más cerca de nosotros, durante el conflicto armado de los 80 en Guatemala, los militares aprovecharon la situación bélicapara violentar a mujeres indígenas, gozando hasta la fecha de total impunidad.  Algunas de ellas quedaron con daños graves, otras resultaron embarazadas, pero todas sufrieron además elrechazo de los demás integrantes de sus comunidades, quienes crearon epítetos para referirse a ellas –en algunos lugares–, como “la mujer del soldado”.  Mediante el Programa Nacionalde Resarcimiento, algunas mujeres han recibido el equivalente a 500 dólares como indemnización, pero la mayoría lo ha hecho por haber resultado viudas durante el conflicto armado, mientras muy pocas lo han recibido por haber sido ultrajadas.

Por supuesto, no pueden dejar de mencionarse los feminicidios de Ciudad Juárez, los cuales hasta la fecha quedan como una de las grandes cicatrices en la cara de México, cuyo gobierno debe bajar el rostro cada que es confrontado sobre este tema, donde la misoginia que acabó con la vida de aquellas jóvenes trascendió hasta los más altos niveles de gobierno, desde donde se sigue maltratando con la impunidad la memoriade las mujeres asesinadas, y se continúa poniendo en peligro a las que aún caminan por las calles asediadas por loscriminales todavía sueltos.

Una de las consecuencias más comunes cuando la violencia escala es el incremento en los crímenes de índole sexual cometidos contra las féminas. No sé si se deba esto a la masculinización que experimenta la sociedad cuando la violencia aumenta, o si tan sólo sea la“ganancia de los pescadores”ante un río revuelto, lo cierto es que es un fenómeno observable, predecible y, gracias al desinterés de los gobiernos y a su falta de perspectiva de género, aún inevitable.

En Colima, ese dichoso estado que en otros tiempos fue considerado como el más pacífico de México, estamos comenzando a ser víctimas de este suceso, donde un (¿o unos?) grupo(s) de individuos recorre los lugares solitarios, que sonfrecuentemente visitados por parejas, para asaltarlas, robar sus pertenencias, y violar a las féminas.

Como dije antes, las mujeres corren un doble riesgo en cualquier situación de violencia, pues además de ser despojadas de sus bienes, son altamente “violables”, riesgo del que los hombres, a pesar de no estar exentos, no suelen ser víctimas comunes.

Las consecuencias que derivan de la violación de una mujer son interminables, lo que contribuye a su eterna victimización, sobre todo en sociedades como la nuestra. Tales secuelas van desde las que tienen que ver con la salud, incluida la reproductiva, hasta la psicológica, que comprende el posible rechazo posteriorde la pareja y/o familiares, lo que pudiera provocar que la víctima no pueda dejar de serlo.

Otro resultado, aunque éste para el resto de las ciudadanas y visitantes de la localidad, es que se puede comenzar a culpar a las féminas que acuden a dichos lugares, o que se dejan llevara ellos por sus parejas, responsabilizándolas de alguna forma de lo que les sucedió.  Culpar a la víctima es muy común en este tipo de casos, por la misma idea de la “violabilidad” de las mujeres, lo cual en sí es una visión injusta, altamente machistay claramente irresponsable, pues toda persona debe de tener el derecho de visitar cualquier lugar del estado sin sentirse en riesgo o amenazada.

Claramente, para que esto pueda suceder, es necesario que, tanto el gobierno del estado como el municipal, emprendan cruzadas de vigilancia que eviten que esta nueva modalidad crezca en Colima, así como iniciar investigaciones para dar con el paradero de los violadores, para procesarlos con todo el rigorde la ley. Crear programas de apoyo para las mujeres que han sido víctimas de abusos sexuales, así como para sus parejas y familiares. Aunque, por supuesto, el primer paso debiera ser el que las autoridades le den a estos sucesos la importancia que merecen, y que, ni en sentido figurado ni literal –como sucedió con los policías que debían vigilar la carretera al Isenco, uno de los sitios donde se perpetró uno de los ultrajes–, se nos queden dormidos.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 10 de enero de 2011

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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