Investidura


DURANTE estos 8 días, desde que se diera el asesinato del exgobernador Silverio Cavazos Ceballos, se han sucedido una serie de eventos que ponen de manifiesto la desorganización, pero sobre todo la descomposición de la administración estatal colimense.
Sin ser experta en criminología, puedo suponer sin temor a equivocarme que, cuando hay un crimen, los agentes investigadores deben tener un acercamiento imparcial, impersonal y objetivo al mismo, que les permita observar los hechos y las circunstancias en que tuvo lugar el ilícito, para que sean éstos los que los vayan conduciendo a su esclarecimiento, y no las suposiciones, altamente cargadas de prejuicios y tintes personales, las que dirijan las pesquisas. Sin embargo, en Colima pareciera que terminó por mudarse definitivamente el mundo del revés, puesto que desde que aconteció la muerte de Cavazos se ha venido trabajando a la inversa, desestimando primero líneas de investigación, para sugerir después otras, sin que hubiera existido la mínima indagación que pudiera llevarlos en una u otra dirección, lo que ha hecho caer al gobernador Mario Anguiano en tantas contradicciones que le han valido el ridículo a nivel nacional y la desconfianza de sus coterráneos.
Por sus declaraciones, es muy posible que Anguiano Moreno no se haya asesorado en los primeros momentos de este aberrante suceso, o que incluso haya estado mal influenciado por sus más cercanos consejeros, al grado que decidió inmiscuirse desde el primer día en el caso, negando la posibilidad de un atentado vinculado al narco o a la delincuencia organizada, por creer que esto pudiera afectar la memoria del fallecido exmandatario, manifestando incluso que los supuestos lazos que se le atribuían a Silverio con el narco eran tan sólo rumores inventados por sus opositores políticos, lo cual tampoco le correspondía decirlo, sin que antes se efectuara la indagación que así lo confirmara. Tardó 2 días en percatarse Mario de que era posible investigar la teoría del narco, sin que tuviera que existir forzosamente una relación de negocios o de cooperación entre éste y el finado, y que incluso su homicidio, de haberse ejecutado por parte del crimen organizado, pudiera haber sido como venganza por la férrea determinación de éste a negarles los espacios que ambicionaban en Colima, tal y como fue su discurso posterior. No fue sino hasta después de la visita de Felipe Calderón a Colima, quien declaró que no debía de desecharse ninguna hipótesis en la investigación, que Anguiano se vio forzado a aceptar esta posibilidad, aunque sin ponerse de acuerdo con su procurador, Arturo Díaz Rivera, quien seguía negando una participación de la delincuencia organizada.
No por ello, sin embargo, el gobernador dejó de entrometerse en las indagatorias, por el contrario, siguió dando sugerencias irresponsables desde su investidura política, al intentar vincular, al menos moralmente, a sus principales críticos y opositores políticos con el asesinato de Silverio Cavazos, secundando las acusaciones que hiciera la señora Idalia González Pimentel de Cavazos el día de las exequias de su esposo, cuando mencionó a Fernando Moreno, Leoncio Morán, Raymundo González, Héctor Sánchez de la Madrid, Armando Martínez de la Rosa, “…y todos los demás que han dicho cuanta situación de nosotros…”. Es comprensible que González Pimentel hablara de esa manera, pues el acontecimiento recién vivido la hacía traducir su dolor en odio, y buscar a quiénes señalar, mas su discurso debe de quedar en eso, en un desahogo y un último adiós de una esposa dolorida, no en una venganza política.
Pero por más relación que pudiera haber tenido con Cavazos Ceballos, por más dolor que le pueda haber causado su muerte, Mario Anguiano no debería dejarse llevar por los mismos hilos que jalan a Idalia, pues a diferencia de ella, que al día de hoy es sólo una ciudadana más, él tiene un cargo público por el cual responder, además de que es el más alto en el estado, por lo que sus palabras tienen peso, y con ellas pudiera provocar, consciente o inconscientemente, una persecución política más que una búsqueda por la verdad, poniendo con ello en riesgo la integridad de los arriba mencionados.
Silverio Cavazos fue un personaje público cuyo propio temperamento llamaba a la controversia, bromista y dicharachero, pero intolerante, lanzaba acusaciones fuertes contra quienes lo criticábamos, ya fuera a su nombre o por medio de sus amanuenses y correligionarios, llegando incluso a utilizar el aparato del Estado como forma de presión. Tanto la prensa, la oposición, así como las y los ciudadanos de Colima tenemos todo el derecho de cuestionar, de pedir datos y resultados a nuestros representantes, quienes en buena teoría deberían de respondernos; Cavazos Ceballos no lo consideraba así, a él no le gustaba que le pidieran cuentas y no sólo sabía defenderse, sino que tenía todos los medios a su favor para hacerlo, por lo que si fue cuestionado más fuerte y con mayor frecuencia que sus antecesores, jamás fue un mártir, ni de la libertad de expresión de los diputados de oposición, ni de la libertad de prensa, ni en esta administración ni en la pasada. El que haya muerto no cambia eso, como tampoco lo bueno o malo que haya hecho en vida.
Es por ello que considero necesario que Mario Anguiano ponga un alto a esa política que tan poco aporta a Colima, y se olvide de diferencias de partidos; que reúna el valor necesario y sea congruente en su discurso y en sus actos, haciendo los cambios que necesite realizar para rodearse de un equipo que le dé buenos resultados, exigiendo la renuncia de quienes le han mentido y lo han hecho no sólo quedar en ridículo, sino que han demeritado su imagen tanto a nivel nacional como local.
El homicidio del doctor Mario Robles Gil, las circunstancias en que se dio y el manejo posterior de la información, merece que se hagan destituciones, no sólo como un acto simbólico de justicia, sino porque se trata de un servidor público que ya probó su falta de liderazgo, de resultados y, sobre todo, de confianza. Los elementos policiacos de Héctor Bautista violaron las leyes para introducirse en una propiedad privada, asesinando fríamente a un inocente sin hacer ningún intento siquiera para detenerlo, o herirlo, si es que había dudas de que tuviera algo que ver con lo que había ocurrido a Cavazos, para después interrogarlo; posteriormente le mintió descaradamente al mandatario, creyendo que su responsabilidad en el delito iba a quedar impune, pero no la de los policías, de quienes el gobernador ya había prometido serían sujetos de investigación, procesados y condenados de acuerdo a la ley, sino la del propio Héctor Bautista. ¿O para qué entonces mentir sobre las circunstancias de los hechos?
Ya basta de tener diferentes medidas en la impartición de justicia, de intentar cargar todo el aparato del Estado a los enemigos del grupo en el poder, y castigar a los amigos tan sólo con un golpecito en la muñeca. Basta de querer gobernar sólo para un partido y sus partidarios, en el momento en que Mario Anguiano juró el cargo se convirtió en el gobernador de todos los colimenses, y eso incluye a los que militan bajo otras banderas y a los apartidistas. Basta de intrigas, chismes y comunicaciones oficiales que no tienen fundamento; aun cuando se manipule a casi toda la prensa en el estado, esto no les da el derecho a utilizarla contra la gente que no coincide con ellos o su partido, por el contrario, sólo prueba su falta de argumentos. Basta de hacer declaraciones lastimeras que intentan lucrar con los sentimientos de la gente, pues no es digno querer manipular a los colimenses de esa forma. Ya basta de demagogia y políticas cuasifascistas, es tiempo para la democracia.
Ser gobernante no es una tarea fácil, pero la diferencia entre uno bueno y uno malo es la capacidad para tomar decisiones difíciles sin perder la clase que requiere su investidura.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 29 de noviembre de 2010, y puede ser vista en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/newpage/hemeroteca/antercola.php?c=7962

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Narcotráfico, Políticas Públicas, Silverio Cavazos, Violencia y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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