De Indices y Calificaciones


ESTE año, la temporada de Halloween estuvo enmarcada por una atmósfera diferente a la de otros tiempos, donde el peligro latente y el olor del miedo no fueron sólo herramientas publicitarias, o parte del ambiente de las fiestas de disfraces típicas de esta época. Este año, el All Hallows’ Eve o víspera de Todos los Santos estuvo enmarcado en un sentimiento real de miedo a la apertura mística del umbral entre los vivos y los muertos, como creían los celtas que sucedía en el Samhain, origen del actual Halloween. El miedo no era por creer que los difuntos pudieran caminar ese día entre los vivos, sino porque estos últimos pudieran ser forzados a cruzar esa puerta.
Esta violencia que comienza a naturalizarse en nuestra comunidad, cobrando vidas todos los días tanto en los bandos que luchan del lado de la ley, como en los que pelean junto y por el crimen organizado, ha tenido un reflejo en otros índices, los cuales podrían bien ser derivados de la situación vivida actualmente por nuestro país, o bien, la causa de la misma.
Recientemente México ocupó el lugar número 98 entre 178 países en el índice de percepción en la corrupción de este año, cayendo nueve sitios en relación a la misma lista publicada el año pasado. México calificó con 3.1 en una tabla que va del 1 al 10, quedando por encima de República Dominicana, y por debajo de países como Egipto, Burkina Fasso o Swazilandia.
Congruentemente, en el ranking de Desarrollo Democrático realizado por la consultora especializada en situaciones políticas, sociales y económicas del Continente Americano, Polilat, México descendió dos puestos, ubicándose en la posición número siete, colocándose por debajo de Chile, Uruguay y Costa Rica, entre otros, lo cual, en opinión del director de Polilat, Jorge Arias, pone en riesgo la democracia de nuestro país para las próximas elecciones presidenciales.
En la encuesta sobre el nivel de prosperidad, que evalúa la situación económica y las características del estado de bienestar, realizada por el Instituto Legatum del Reino Unido, México se posicionó en el sitio 53, cayendo diez lugares en un año. Esta misma encuesta ubica a México en el nivel 31 en economía, tres escaños adelante del año pasado, por haber logrado mantenerse “relativamente estable”. La situación no es la misma a la hora de medir a los emprendedores y las oportunidades, donde pasamos del sitio 29 al 59, gracias a la burocracia y a la “mala actividad tecnológica que limita la infraestructura empresarial y la innovación”.
En educación, dicho instituto británico posicionó a nuestro país en el lugar 69, nueve por debajo del año pasado, pues “no produce suficientes trabajadores calificados”. En materia de salud, México pasó del nivel 51 al 54; en seguridad, del 72 al 79; en la percepción en el gobierno, del 51 al 66; y en el tema de libertades ciudadanas, del 73 al 72.
Las calificaciones de México no sólo no están bien, sino que descienden al igual que la calidad de vida de sus ciudadanos, quienes somos el principal daño colateral de esta guerra contra la delincuencia organizada, pues no únicamente estamos expuestos a quedar en el fuego cruzado entre elementos del Ejército o de la policía y los delincuentes, sino que nos encontramos también a merced de políticos corruptos, que dicen operar en el rango de la ley y para nuestros intereses, cuando es evidente que esto no es así.
Actualmente, las y los ciudadanos mexicanos nos hemos convertido en rehenes de ladrones y políticos, temiendo ser asesinados o secuestrados por unos, y explotados o timados por otros, pues la batalla contra el narco no es la única que se vive actualmente en México; está también la de los colores, aquella que revela la verdadera bandera bajo la que luchan muchos y muchas: la del PRI, PAN, PRD, PT, etc., cuyos caudillos son capaces de comprometer la seguridad nacional para ver la casa de gobierno o el palacio presidencial pintarse con los matices de su verdadero lábaro patrio.
Tal guerra, que se volvió encarnizada después de la salida del Revolucionario Institucional de Los Pinos, ha conseguido desaparecer la separación de Poderes que garantiza el Estado de Derecho, ya que si un gobernador obtiene una mayoría afín a su partido político en el Congreso, conseguirá fundir la “voluntad del pueblo” con la suya y aprobar todas las reformas que mejor le convengan, aun cuando éstas funcionen en detrimento de sus gobernados.
Ambas batallas están teniendo efectos negativos en el país, donde algunas comunidades ya han decidido tomar a la justicia en sus manos y borrar todas las garantías individuales de los delincuentes, vengándose en los débiles lo que les han hecho los fuertes, olvidando la relación que debe de existir entre la proporcionalidad del delito y el castigo. De continuar por este camino, México seguirá bajando en los rankings de todos los índices y encuestas del mundo, incluido el de población.

Esta columna fue publicada en Diario de colima el primero de noviembre de 2010, y puede verse en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/newpage/antercola.php?c=7666

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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