57 años y contando


SIEMPRE he sostenido que la libertad de palabra es la madre de las demás libertades, ya que por medio de ella podemos reclamar y defender las otras. Por eso mismo es que los grandes tiranos se esfuerzan en destruir esa libertad de hablar, de escribir sobre lo que acontece, para sustituir las palabras que les son inconvenientes con aquellas que les son favorables, como si en el arte de la repetición al estilo mantra oriental dichas voces pudieran cobrar vida en la realidad de la gente.
Por eso la prensa ha estado amenazada por los gobiernos totalitarios, donde los periodistas se convierten en las víctimas principales, pues la información que hacen pública es inconveniente para los sátrapas, los déspotas y los tiranos que buscan perpetuarse, junto con su partido, en el tan codiciado poder.
Actualmente, el periodismo se ha convertido en un oficio riesgoso, porque está la vida de por medio y sus enemigos se cuentan tanto en las filas de los delincuentes como en las del propio gobierno, pero también porque es fácil confundir los intereses y corromper el espíritu de la prensa para convertirla en un arma en contra de las mismas libertades que por ética debe proteger, al transformarse de una tribuna natural que le da voz a la población en un medio propagandista, ya sea del gobierno, o de un partido político en particular.
En México hemos visto cómo los grandes medios de comunicación han sido capaces de utilizar su influencia para adoctrinar a la población a favor o en contra de un candidato o de una iniciativa de ley, aprovechando su influencia para inclinar el voto y la opinión de la gente en la dirección que más convenga a sus intereses, ya sean políticos, económicos o personales, aplastando a sus competidores con la fuerza de su circulación, su ancho de banda o el boicot económico de empresarios afines.
En Colima, hemos sido testigos de esta descomposición del arte de informar. La corrupción de un partido que no aprovechó la oportunidad que tenía de reinventarse acabó por prostituir a la mayoría de los medios que optaron por la salida fácil, al venderse para fungir como voceros oficiales en lugar de mantenerse del lado de las causas del pueblo y no de los intereses del gobierno, fundiéndose con este último y apoyándolo descaradamente.
Es fácil observar los beneficios que brinda esa deslealtad al gremio periodístico; hay desde exdirectores de rotativos convertidos en titulares de Comunicación Social, hasta reporteros premiados como consejeros electorales, en claro pago por los servicios prestados al gobernador actual y al anterior, los cuales incluyen la difamación y la calumnia a políticos opositores y a personas de la sociedad civil emparentadas con directivos de este periódico, de los pocos (¿el único?) que no han sucumbido ante la presión y mantienen su línea independiente.
Este día DIARIO DE COLIMA llega a los 57 años de cumplir su compromiso de informar a la sociedad colimense, en uno de los momentos más oscuros de la historia de esta entidad, cubierta por el miedo de los ciudadanos por los diversos ataques de los que ha sido víctima por parte del crimen organizado, así como por la corrupción e impunidad descarada del grupo que se ha apoderado del gobierno en los últimos años, el cual confunde la ética con la moralina, y la lealtad con la complicidad. Son los mismos que en los últimos tiempos han convertido a esta Casa Editora en su principal enemiga, al reconocer en ella un obstáculo para realizar sus mezquinos intereses.
Es lamentable aunque común que esto suceda al no existir una estructura eficiente para mantener el sistema democrático bajo el cual supuestamente nos regimos; cuando el Congreso del Estado es en realidad una extensión del Ejecutivo, el único contrapeso que éste tiene es el de la sociedad civil, que aún no ha llegado a comprender la fuerza que posee cuando se une. Para evitar que la gente llegue a estar bien informada y que, por lo mismo, alcance una coincidencia que le permita realizar esta unión (y por un evidente culto a la imagen) es que el grupo en la administración actual se empeña en silenciar a DIARIO DE COLIMA, inventando coaliciones con partidos, con exgobernadores y muchas otras historias falsas tan insostenibles como imposibles de probar, utilizando vergonzosamente a otros medios para hacerlo.
Con todo el aparato del poder de su lado, nos han atacado de una u otra forma, haciéndonos más fuertes con cada golpe y confirmando con ello la veracidad de lo que aquí publicamos, recordándonos la importancia de nuestra labor, así como el temor que nos tienen. Cincuenta y siete años después, DIARIO DE COLIMA continúa firme, convencido de su misión y leal al espíritu del periodismo, que es el de informar a la sociedad, por mucho que eso pueda incomodar a unos cuantos.

Esta columna fue publicada en Diario de Colima el 8 de noviembre de 2010, y puede ser vista en el siguiente link: http://www.diariodecolima.com/newpage/antercola.php?c=7741

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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