Entre el Terror y el Terrorismo


¿Nos habremos dado cuenta ya de que estamos en 2010? ¿De que están a punto de cumplirse 200 años desde que Miguel Hidalgo salió a las calles gritando: “¡Mexicanos, viva México! ¡Viva la religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva América y muera el mal gobierno!”, en su intento por comenzar una lucha opositora al régimen espurio de Pepe Botella en España, el dipsómano hermano de Napoleón Bonaparte, batalla que posteriormente se transformó en una guerra por la Independencia y la promesa de ubicar la soberanía en el pueblo de acuerdo a la Constitución de Apatzingán de José María Morelos y Pavón, otro cura que pretendió alcanzar la igualdad y la justicia para todos los habitantes del territorio de México?
¿Nos habrá caído ya el veinte de que se van a cumplir 100 años desde que Francisco I. Madero se atreviera a iniciar la Revolución Mexicana al desafiar al régimen de Porfirio Díaz, aliándose con Doroteo Arango (mejor conocido como Pancho Villa) y Emiliano Zapata con su famosa frase “La tierra es de quien la trabaja”, para reorganizar a las clases sociales y redistribuir la riqueza en un México dominado por una reducida oligarquía?
¿Nos hemos percatado también de que están a punto de cumplirse 10 años desde las promesas incumplidas de Vicente Fox, que con su mano eternamente alzada para empuñar la “V” de la victoria, su cansino “hoy, hoy, hoy”, candidez y atrevimiento, convenció a los mexicanos de pasarse al carril de la derecha y castigar al PRI en la búsqueda del tan anhelado “cambio”?
Ya estamos en 2010, el año en que habremos de celebrar 200, 100 y 10 años de “cambios”, pero el sentimiento popular no es de regocijo, pues la mayoría de los mexicanos nos sentimos preocupados por la situación que guarda el país y la incapacidad, negligencia y descaro con que el actual gobierno maneja la situación nacional.
Hay actualmente en el país más de 106 millones de habitantes, la mitad de los cuales están concentrados en ocho de las 32 entidades federativas; 50.6 millones de mexicanos que no cuentan con un ingreso suficiente para satisfacer necesidades de salud, educación, alimentación, vivienda, vestido y transporte, y 19.5 millones que no son capaces de procurarse una canasta básica; 4.8 y 4.4 por ciento, respectivamente, más que en 2006, según datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) realizada en 2008, números que seguramente incrementarán en el recuento de los daños dejados por el fatídico 2009.
México, como lo he escrito anteriormente, está situado en el primer sitio como país más peligroso para ejercer el periodismo en el continente americano y tiene el segundo lugar en el mundo después de Irak; desde el año 2000 hasta el presente van 57 periodistas asesinados, tan sólo el año pasado fueron ultimados 12 comunicadores por motivos relativos a su profesión, y en lo que va del año (11 días), han ocurrido dos atentados a la libertad de expresión: el levantamiento y posterior asesinato del periodista del Zócalo de Saltillo, Valentín Valdés Espinosa, torturado y ejecutado presuntamente por la delincuencia organizada, y el de Óscar Torres Carrillo, hijo de una ejecutiva de un grupo radiofónico de Culiacán, Sinaloa, quien fue asesinado en un modus operandi similar.
En lo que transcurre del año de las celebraciones, van ya entre 130 y 150 narcoejecuciones, la mayoría en el estado de Chihuahua, que tan sólo en el primer día del año registró 10, de los 19 homicidios que se reportaron ese día. En el primer semestre de 2009 hubo tres mil dos ejecuciones que sumaron siete mil al final de año. En total, desde que asumió el cargo Felipe Calderón hasta el final de 2009, se contabilizan 15 mil 507 asesinatos con violencia, relacionados con el crimen organizado.
El país está sumido en una crisis que va mucho más allá de la económica, que afecta a todos los ciudadanos. Los mexicanos estamos atrapados entre el terrorismo del narcotráfico y el terror impuesto por el gobierno federal. Vivimos en medio de una guerra que no acaba por definirse, en donde los buenos y los malos se confunden entre sí, magnificando el miedo y la desconfianza de todos, quienes ya no podemos ver la línea que separa a los que están dentro de la ley de quienes no lo están.
La cantidad de policías y autoridades corruptas, los abusos de los militares que han incurrido en prácticas de tortura, desapariciones forzosas y operativos ilegales, que llegaron al grado de enterrarle agujas debajo de las uñas a un discapacitado de 37 años en la comunidad de Puerto Las Ollas en Guerrero, según una investigación del Washington Post; los retenes en las carreteras que revisan a los turistas, ante la mirada severa de oficiales armados con intimidantes rifles R-15, exponiendo a los mexicanos honrados a una balacera con algún grupo de la delincuencia organizada.
Aunado a todo esto –o quizás como causa de todo–, están los privilegios de los que gozan los políticos, que han ajustado las leyes de tal forma que la separación de Poderes parece inexistente, donde los gobernadores de los estados se han convertido en los nuevos señores feudales –esos que derrocaron en la Revolución– que ejercen su poderío sobre el Poder Legislativo y el Judicial, mezclando los Poderes gracias a bonos y ternas donde el Ejecutivo mete las manos en los otros. La corrupción en México está protegida por el mismo sistema de partidos.
En fin, son pocas las razones que tendríamos para festejar en este año de las celebraciones, sobre todo debido a que hemos perdido las libertades y garantías que tanta sangre nos costó adquirir. ¿Qué celebraríamos? ¿Que alguien hace 200 ó 100 años se sacrificó para que nosotros volviéramos a instaurar lo que a esa persona tanto le costó quitar? Qué poco tacto tendríamos. ¿Tal vez que hace 10 años millones de mexicanos volcaron sus esperanzas en las urnas para procurar una revolución pacífica que demostrara el descontento por el estado que guardaba la nación entonces?, y a 10 años ¿cómo estamos? Debiéramos mejor reflexionar en lo que nos llevó a donde estamos y hacia dónde nos dirigimos. Dejar de observar los síntomas, como es la creciente violencia y el crimen organizado, y comenzar a buscar el origen de la enfermedad, que tiene más que ver con el alto nivel de pobreza, la deficiente educación, la escasa educación sexual, la injusta distribución de la riqueza, la inequidad de género y un sistema jurídico hecho a modo para favorecer a una élite formada por partidos políticos y unos cuantos patrocinadores. Debiéramos como población recuperar la soberanía que supuestamente dimana de nosotros para dejar de vivir entre el terror y el terrorismo.

Este artículo fué publicado en Diario de Colima el 11 de Enero de 20010

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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2 respuestas a Entre el Terror y el Terrorismo

  1. Ronald Castro Fernández dijo:

    Un periodista costarricense, posiblemente el único extranjero que ha sido Director de la Biblioteca Nacional de México, Rogelio Fernández Güell (asesinado en 1919 por la tiranía que regía Costa Rica) vivió junto a Madero los primeros años de la Revolución Mexicana y sirvió con él hasta el propio día del asesinato, dejó escrito para la posteridad el nombre de quien disparó el primer tiro de la revolución, una mujer: Natalia Serdán quien defendió con la fuerza del plomo y el fuego su casa y su familia del atropello de los matones oficiales.

    Espero que esa misma decisión del pueblo mexicano de hace 100 renazca este 2010 porque pareciera que un nuevo contrato social es lo único que puede enrrumbar el país.

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