Nuestra raza


HACE poco me preguntaron sobre mi etnicidad. Antes me habían preguntado mi nacionalidad, mi idioma o mi edad, pero fue la primera ocasión en que mi “raza” salía a relucir. “Latina”, dije inmediatamente, pero al hacerlo me percaté de que en realidad no tenía la más mínima idea de lo que esto significaba.
Otros compañeros contestaban orgullosamente que eran irlandeses, kurdos, armenios, marroquíes, liberianos, kenianos, alemanes, franceses o surcoreanos, que su padre o madre venía de tal o cual país, y que su sangre se había mezclado con tal o cual raza. Todos ellos lo sabían, menos yo.
¿Qué significa ser mexicana? Hace 517 años, Rodrigo de Triana avistó tierra a bordo de una de las carabelas de Cristóbal Colón y se dio inicio el choque entre culturas que el día de hoy recordamos. Pero ¿qué se conmemora? A partir de esa fecha, el imperio azteca, supuestamente el origen de nuestra cultura, estaba destinado a la aniquilación. A tal invasión algunos la llamaron “encuentro entre dos mundos”, cuando en realidad la época de los apretones de manos duró muy poco, mientras la opresión de los españoles a los después bautizados “indígenas” perdura hasta el día de hoy.
En la escuela nos enseñan que los mexicanos somos de raza mestiza, una configuración genética entre los nativos de esta tierra y los españoles que llegaron a conquistarlos, que todos somos iguales y que la Constitución así lo asegura, pero ¿en realidad somos todos iguales? Si esto es cierto, ¿por qué la mayoría de los que ocupan los primeros lugares de la lista de los mexicanos más acaudalados tienen rasgos típicamente europeos (o árabes) en lugar de mexicas? ¿Por qué, la mayoría practicamos el catolicismo, religión que trajeron los españoles, en lugar de la adoración a Tláloc o a Meztli? ¿Dónde está la igualdad en todo eso?
En El laberinto de la soledad, dentro del capítulo “Los Hijos de la Malinche”, Octavio Paz definió la frase prohibida “hijos de la chingada”, donde “lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de lo cerrado y lo abierto se cumple así con precisión casi feroz… El ‘hijo de la chingada’ es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, ‘hijo de puta’, se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, es ser fruto de una violación”.
Paz intuye una patria violada, donde unos eligen “chingar” a otros en lugar de “ser chingados”, violar en vez de ser violados, tomar por la fuerza en lugar de ser tomados, debido a que provenimos de una patria violentada en su origen, donde el sincretismo o el encuentro entre las culturas se vuelve tan sólo un mito por razones diplomáticas.
No es casualidad que el Premio Nobel de Literatura haya identificado al mexicano como el fruto de una violación. En los conflictos étnicos, los hombres de determinada etnia ultrajan a las mujeres de la otra con dos finalidades: la de embarazarlas y con ello preservar su propio linaje (el sistema patriarcal considera la descendencia por la vía patrilineal) y la de ofender el orgullo de sus contrincantes masculinos al demostrarles su incapacidad para proteger a sus mujeres. Así sucedió en la antigua Yugoslavia, donde hubo de tres mil a 30 mil mujeres serbias víctimas de violación. El símil con el origen de México entonces, según el sistema patriarcal en el que vivimos, es el de un hijo espurio.
Fuera de la poesía, la realidad es que los mexicanos somos una raza en sí misma, que hemos creado nuestra identidad a partir de nuestras mismas diferencias, porque no tenemos una base sobre la cual partir. No somos aztecas, ni purépechas, toltecas, mayas, tarascos u olmecas, pero tampoco somos españoles, ni chinos, ni africanos, a pesar de que muchos podamos tener su sangre en nuestras venas. Nos identificamos sencillamente como “mestizos” o mexicanos y, cual hijos e hijas de una patria saqueada, hemos tenido la oportunidad de crear nuestra propia identidad. ¿Cuál es el resultado de la misma? ¿Cómo hemos construido nuestra raza?
Actualmente, México ocupa el segundo lugar como el país más peligroso para ejercer el periodismo, antecedido sólo por Irak, y el más peligroso de América Latina, según revela la Federación Internacional de Periodistas (FIP). En el Índice de Percepción de Corrupción 2008, México consiguió una calificación de 3.6 y en ese mismo año ocupó el sitio número 72 en corrupción, de 180 países calificados, según Transparencia Internacional. Un reporte sobre la situación de la violencia de la mujer en México, realizado por la Cooperación de la Comisión Europea, presentado en Bruselas el 13 de marzo de 2008, revela que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia de pareja alguna vez en la vida, que una de cada cinco mujeres padece violencia con su pareja actual, que dos de cada tres han experimentado algún tipo de violencia y que, según la Secretaría de Desarrollo Social, el 66 por ciento de las mujeres muertas en zonas urbanas son el resultado de la violencia intrafamiliar.
Esto es México hoy visto por el resto del mundo, pero somos todos y todas las que vivimos en este país quienes sufrimos las consecuencias. ¿Cómo vemos las y los mexicanos a México? Definitivamente, como un país hermoso, pero secuestrado por la cultura de la impunidad, del oportunismo, de las mordidas y las evasiones fiscales que al día de hoy se perciben como una mano poderosa que ahorca a nuestra patria. Nosotros creamos esto, no le echemos la culpa sólo a los políticos, porque todos somos comparsas de lo que acontece en México, además ¿de dónde vienen los políticos sino del mismo pueblo? Nosotros construimos así a nuestra raza. ¿Qué tan dispuestos estamos a crear una nueva identidad?

Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
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Una respuesta a Nuestra raza

  1. elchikomaravilla dijo:

    somo esclavos de nuestra propia cultura, por el simple hecho de que vemos lugares y no tan lejanos como es estados unidos como crecen y evolucionana por aceptar e integrar a su sociedad diversas culturas que vienen a dar lo mejor de si para el pais, en cambio nosotros, nuestra sociedad, como decimos que tenemos valores, que tenemos familia, cuando todo lo demas esta podrido, como algunas familias aun con el estilo machista de educar a sus hijos, los transtornan metiendoles ideas de que las cosas son malas sin darles una explicacion de porque lo son y cuidado de ti que si lo contradices porque asi t va, y aun asi salen a un mundo globalizado que les enseña tantas cosas, que pareciera que regresamos a la era indigina donde nos asombraban las brillantes armaduras pero hoy en dia son drogas y sexo sin proteccion, que por descuido de los padres no les explican haciendole tan sencilla la labor a los maliantes. Dejando aun lado a la familia mexicana volvamos a la sociedad, como podemos ser tan egocentricos y caprichosos, de que viendolo a pequeña escala como somos amigos de alguien hasta que al mismo lo suben de puesto, con que facilidad el disque amigo se vuelve enemigo y lo peor de todo que buscas cualquier forma de fregarlo en ves de ayudarlo, pero aun mas horrible t la pinto a gran escala, como los politicos solo buscan el llenarse los bolsillos de dinero de cualquier forma, sin importarle si esto le costara al municipio, estado o pais. y aun peor que vemos que hizo una cochinada de gobierno y en ves de crucificarlo, lo elegimos para un puesto mas alto, es increible como simplemente o nos hacemos pendejos, o de verdad somos estupidos, como podemos permitir dichas tonterias y alzar en brazos al idiota que nos hizo empobreser, honestamente mexico esta en el hoyo y escarbando, como esperamos creecer como pais, si para empezar no crecemos como sociedad, no estoy diciendo que seamos una utopia o un estados unidos, pero por lo menos un pais donde pueda pagar mis impuestos sin sentir remordimiento, donde pueda decir yo vote por tal persona y no porque fuera mi compadre o porke me fueran a dar un puesto en algun lado, por el hecho de que se que es bueno y hara un cambio, asi es un cambio debemos hacer pero en nuestra manera de pensar.

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