¿Qué significa realmente el 8 de marzo?


El 8 de marzo pasado tuvo lugar la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, donde, más allá del eco de las felicitaciones a las mujeres “por su día”, las tarjetas, las flores, los chocolates, e incluso algunos enseres domésticos que se repartieron como regalos, hubo también algunas discusiones que hablaban sobre la necesidad de la existencia de un día internacional para las mujeres.

En Internet, ese exitoso centro de reunión virtual, se vertieron un sinfín de comentarios al respecto, muchos de los cuales cuestionaban la conmemoración del 8 de marzo, argumentando que su sola existencia era discriminante al no existir su equivalente en los varones; que era tan sólo otra fecha impuesta por la mercadotecnia para obligar a los hombres a comprar bonitos regalos a las féminas, y que incluso era machista pues recordaba que las mujeres y los hombres no eran iguales, y que las primeras seguían ocupando un lugar secundario en la sociedad.

Leer todos estos comentarios me provocó una serie de emociones en cascada, primero sentí un poco de molestia, después tristeza, y al final, la responsabilidad de contrarrestar toda esa serie de comentarios erróneos con mi contribución, así que, me preparé una buena taza de humeante café, me arremangué la blusa, y me puse a escribir.

La finalidad del Día Internacional de la Mujer, no es, como piensan muchos, un día para felicitar a las mujeres. Reflexionando en ello: ¿Por qué alguien felicitaría a una mujer sólo por el hecho de haber nacido mujer? Si invirtiéramos la dinámica, podríamos remontarnos a apenas medio siglo atrás, cuando la gente congratulaba a los padres por haber tenido un hijo varón, lo que hoy algunos comienzan a ver como un signo de machismo.

Este último, cuyo sinónimo es el sexismo, es una característica del patriarcado, el cual Cynthia Enloe en su libro “The Curious Feminist”, define como: “el sistema estructural e ideológico que perpetua el privilegio de lo masculino.” Es decir, un sistema que otorga prerrogativas tan sólo por una razón de género.

En todo el mundo, las mujeres hemos tenido que luchar por que se nos reconozcan derechos que en los hombres se consideraban como la consecuencia natural de su nacimiento. De esta forma, las precursoras de la lucha feminista tuvieron que levantar sus voces para reclamar derechos civiles como el voto, el derecho a estudiar, e incluso el derecho a decidir sobre su propia vida sexual y reproductiva; prerrogativas que en un principio eran exclusivas de los varones, a quienes se consideraba como los protectores de las féminas, quienes por esta misma razón, eran quienes decidían sobre sus vidas, como si de meras posesiones se trataran. Esta es la esencia del sexismo.

Con esto en mente, el felicitar a una mujer el ocho de marzo tan sólo por el simple hecho de haber nacido con genitales femeninos, constituye irónicamente un acto de machismo, pues la felicitada en cuestión nada tuvo que ver con el sexo con el que nació, y de algún modo se le está otorgando una atención por puros motivos biológicos, los cuales, para colmo, tienen más que ver con la construcción social del género, que con la biología misma. Algunas personas podrían pensar: “¿Pero que tiene de malo el consentir, o dejarse consentir tan sólo por un día?, ¿Por qué tomarse siempre la vida tan en serio?, al fin y al cabo, ¿qué implicaciones tendría entonces esta desinteresada y bienaventurada congratulación?” Ese es el problema, ¡muchas!

Primero que nada, se corrompe la razón primordial por la cual se instauró esta fecha, la cual pretender ser: “… un punto de convergencia de las actividades coordinadas a favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica…”, según se menciona en la página de la Organización de las Naciones Unidas.

En segundo término, y no menos importante, se resaltan las “cualidades” que se le ha asignado al género femenino a través del tiempo, las cuales diluyen el valor de las mujeres como personas. Entre tales mensajes hay múltiples referencias a nuestra belleza, fragilidad, dulzura, docilidad, al misticismo femenino, la capacidad natural que tenemos para educar, para fungir como la base de una familia, para sacrificarnos por los demás y sobre todo, nuestro instinto maternal.

El problema de estas características que, entregadas junto a un ramo de rosas y una caja de chocolates halaga a muchas, es que deshumaniza a las mujeres, poniéndolas en una categoría ficticia en la que no todas encajan, y sirven como excusas para apartar a las féminas de labores consideradas como “poco aptas” para ellas, y colocarlas en trabajos más “adecuados”, los cuales curiosamente, son también menos remunerados.

Por tanto, su docilidad y dulzura natural podrían obrar en su contra cuando aspire para un cargo en donde se requiera fuerza, determinación, y en ocasiones ensuciarse las manos, como la política o los puestos directivos. No es coincidencia entonces que, según el mensaje de Michelle Bachelet, expresidenta de Chile, y actual Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, éstas ganen menos que los hombres aún cuando desempeñen el mismo cargo, que ocupen tan sólo el 19% de los puestos legislativos en todo el mundo, que conformen sólo el 8% del total de representantes en las negociaciones para la paz, y que sólo haya 28 mujeres desempeñándose como jefas de estado o de gobierno.

La consideración que se nos ofrece por nuestro sexo biológico, puede entonces preservar la ideología de que las mujeres debemos ser protegidas a toda costa, lo cual es cierto desde el punto de vista legal, más también puede obrar en nuestra contra, al ser confinadas a “la seguridad” del hogar por nuestra propia protección, desempeñando nuestro papel “natural” de madres y base moral del hogar, cargando en nuestra virtud la honra de la familia y del hombre que nos cuida.

Ahora, si bien la mujer tiene la capacidad biológica de embarazarse y tener hijos, esto no significa que la madre deba de suplir al ser humano que es. En palabras de Françoise Héritieren su libro Masculino/Femenino II: “Colocar a la madre en el lugar de la mujer implica asignar a ésta una única función que anula a la persona que hay en ella.”

El Día Internacional de la Mujer, por tanto, debe fungir como un día para reconocer los logros en los Derechos Femeninos, y sí, para congratularnos por los obstáculos superados; pero sobre todo para hacer un balance y cuestionarnos que es lo que nos falta para llegar a la tan ansiada equidad, donde el ser mujer no signifique tener una desventaja “natural” en una sociedad ideada por y para hombres, donde podamos ser iguales en derechos, reconociendo nuestras diferencias, y donde los Derechos de las Mujeres se conviertan en un equivalente de los Derechos Humanos.

Esta columna fue publicada en la revista Agora Parlamentaria el 14 de marzo de 2011 y puede ser vista en el siguiente link:  http://agora.pacimex.org.mx/destacados/%C2%BFque-significa-realmente-el-8-de-marzo/

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Acerca de Patricia Sanchez-Espinosa

Licenciada en Derecho y periodista de profesión. Actualmente soy la Subdirectora General de Diario de Colima, el periódico de más circulación en la entidad. Cuento con estudios de maestría en Género y Construcción de la Paz en la UNiversidad para la Paz de la ONU.
Esta entrada fue publicada en Derechos Humanos, Feminismo, machismo, Mujeres, No Violencia, Violencia, violencia de género y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ¿Qué significa realmente el 8 de marzo?

  1. Alvaro dijo:

    Me gustó tu artículo. Me hiciste reflexionar :)
    Saludos

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